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MISAL ABRIL 2007
DOMINGO DE RAMOS "DE LA PASIÓN DEL SEÑOR"
Santos: Melitón de Sardes, obispo. Beato Nuño de Álvarez, religioso.
En este día la Iglesia recuerda la entrada de Cristo nuestro Señor en Jerusalén para consumar su misterio pascual. Por lo tanto, en todas las misas se conmemora esta entrada del Señor por medio de una procesión (I) o de una entrada solemne (II), antes de la misa principal, y por medio de una entrada sencilla (III), antes de las demás misas. Pero puede repetirse la entrada solemne (no la procesión), antes de algunas otras misas que se celebren con gran asistencia del pueblo.
Conmemoración de la entrada del Señor en Jerusalén
I. Primera forma: Procesión
A la hora señalada, los fieles se reúnen en una iglesia menor o en algún otro lugar adecuado, fuera del templo hacia el cual va a dirigirse la procesión. Los fieles llevan ramos en la mano.
El sacerdote y los ministros,
revestidos con los ornamentos rojos requeridos para la misa, se acercan al lugar
donde el pueblo está congregado.
El sacerdote, en lugar de casulla, puede usar la capa pluvial, que dejará
después de la procesión. Entretanto se canta la siguiente antífona
u otro cántico adecuado:
ANTÍFONA (Mt 21, 9)
Hosanna al Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel. Hosanna en el cielo.
Enseguida el sacerdote saluda al pueblo de la manera acostumbrada y hace una breve exhortación para invitar a los fieles a participar activa y conscientemente en la celebración de este día. Puede hacerlo con éstas o semejantes palabras:
Queridos hermanos: Después de habernos preparado desde el principio de la Cuaresma con nuestra penitencia y nuestras obras de caridad, hoy nos reunimos para iniciar, unidos con toda la Iglesia, la celebración anual de los misterios de la pasión y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, misterios que empezaron con la entrada de Jesús en Jerusalén. Acompañemos con fe y devoción a nuestro Salvador en su entrada triunfal a la ciudad santa, para que, participando ahora de su cruz, podamos participar un día de su gloriosa resurrección y de su vida.
Después de esta exhortación, el sacerdote, teniendo juntas las manos, dice una de las dos oraciones siguientes:
Oremos: Dios todopoderoso y eterno, dígnate bendecir estos ramos y concede a cuantos acompañamos ahora jubilosos a Cristo, nuestro rey y Señor, reunimos con Él en la Jerusalén del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.
O bien:
Oremos: Aumenta, Señor,
la fe de los que tenemos en tí nuestra esperanza y concede a quienes
agitamos estas palmas en honor de Cristo victorioso, permanecer unidos a Él
para dar frutos de buenas obras. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.
Y, en silencio, rocía los ramos con agua bendita.
Enseguida se dice el Evangelio de la entrada del Señor en Jerusalén, según san Lucas. Lo lee el diácono o, en su defecto, el sacerdote, de la manera acostumbrada.
Lectura (Proclamación) del santo Evangelio según san Lucas: 19, 28-40
En aquel tiempo, Jesús,
acompañado de sus discípulos, iba camino de Jerusalén,
y al acercarse a Betfagé y a Betania, junto al monte llamado de los Olivos,
envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: "Vayan
al caserío que está frente a ustedes. Al entrar encontrarán
atado un burrito que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo
aquí. Si alguien les pregunta por qué lo desatan, díganle:
"El Señor lo necesita' ".
Fueron y encontraron todo como el Señor les había dicho. Mientras
desataban el burro, los dueños les preguntaron: "¿Por qué
lo desamarran?". Ellos contestaron: "El Señor lo necesita".
Se llevaron, pues, el burro, le echaron encima los mantos e hicieron que Jesús
montara en él.
Conforme iba avanzando, la gente tapizaba el camino con sus mantos, y cuando
ya estaba cerca la bajada del monte de los Olivos, la multitud de discípulos,
entusiasmados, se pusieron a alabar a Dios a gritos por todos los prodigios
que habían visto, diciendo: "¡Bendito el rey que viene en
nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!".
Algunos fariseos que iban entre la gente, le dijeron: "Maestro, reprende
a tus discípulos". Él les replicó: "Les aseguro
que si ellos se callan, gritarán las piedras". Palabra del
Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Después del Evangelio, si se cree oportuno, puede tenerse una breve homilía. Al iniciar la procesión, el celebrante u otro ministro idóneo puede hacer una exhortación con estas palabras u otras parecidas:
Queridos hermanos:
Como la muchedumbre que aclamaba a Jesús, acompañemos también
nosotros, con júbilo, al Señor.
Y se inicia la procesión hacia el templo donde va a celebrarse la misa.
Si se usa el incienso, el turiferario va adelante con el incensario, en el cual
habrá puesto incienso previamente; enseguida, un ministro con la cruz
adornada y, a su lado, dos acólitos con velas encendidas. Sigue luego
el sacerdote con los ministros y, detrás de ellos, los fieles con ramos
en las manos. Al avanzar la procesión, el coro y el pueblo entonan los
siguientes cánticos u otros apropiados.
ANTÍFONA I
Los hijos de Israel, llevando ramos de olivo, salieron al encuentro del Señor, clamando: "Hosanna en el cielo".
Si se cree conveniente, puede alternarse esta antífona con los versículos del salmo 23.
SALMO 23
Del Señor es la tierra
y lo que ella tiene, el orbe todo y los que en él habitan, pues Él
lo edificó sobre los mares, Él fue quien lo asentó sobre
los ríos.
¿Quién subirá hasta el monte del Señor? ¿Quién
podrá entrar en su recinto santo? El de corazón limpio y manos
puras y que no jura en falso.
Ése obtendrá la bendición de Dios, y Dios, su salvador,
le hará justicia. Ésta es la clase de nombres que te buscan y
vienen ante ti, Dios de Jacob.
¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos,
porque va a entrar el rey de la gloria!
Y ¿quién es el rey de la gloria? Es el Señor, fuerte y
poderoso, el Señor, poderoso en la batalla.
¡Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos,
porque va a entrar el rey de la gloria!
Y ¿quién es el rey de la gloria? El Señor, Dios de los
ejércitos, es el rey de la gloria.
ANTÍFONA II
Los hijos de Israel extendían
sus mantos por el camino y clamaban: "Hosanna al Hijo de David, bendito
el que viene en nombre del Señor".
Si se cree conveniente, puede alternarse esta antífona con los versículos
del salmo 46,
SALMO 46
Aplaudan, pueblos todos;
aclamen al Señor, de gozo llenos; que el Señor, el Altísimo,
es terrible y de toda la tierra, rey supremo.
Fue Él quien nos puso por encima de todas las naciones y los pueblos,
al elegirnos como herencia suya, orgullo de Jacob, su predilecto.
Entre voces de júbilo y trompetas, Dios, el Señor, asciende hasta
su trono. Cantemos en honor de nuestro
Dios, al rey honremos y cantemos todos. Porque Dios es el rey del universo,
cantemos el mejor de nuestros cantos. Reina Dios sobre todas las naciones desde
su trono santo.
Los jefes de los pueblos se han reunido con el pueblo de Dios, Dios de Abraham,
porque de Dios son los grandes de la tierra. Por encima de todo Dios está.
HIMNO A CRISTO REY
¡Que viva mi Cristo)
que viva mi Rey,
que impere doquiera
triunfante su ley! (2)
¡Viva Cristo Rey,
viva Cristo Rey!
| 1. Mexicanos, un Padre tenemos | 2. Demos gracias al Padre | |
| que nos dio de la patria la unión, | que ha hecho que tengamos | |
| a ese Padre gozosos cantemos | de herencia la luz | |
| empuñando con fe su pendón | y podamos vivir en el reino | |
| que su Hijo nos dio por la cruz. | ||
| 3. Dios le dio el poder, la | 4. Rey eterno, Rey universal, | |
| victoria; pueblos todos, venid y | en quien todo ya se restauró, te | |
| alabad a este Rey de los cielos | rogamos que todos los pueblos | |
| y tierra en quien sólo tenemos la paz | sean unidos en un solo amor | |
Al entrar la procesión en la iglesia, se canta el siguiente responsorio u otro cántico alusivo a la entrada del Señor en Jerusalén.
RESPONSORIO
R/. Al entrar el Señor
en la ciudad santa, los hijos de Israel, anticipándose a la resurrección
del Señor de la vida, con palmas en las manos, clamaban: Hosanna en el
cielo.
V/. Al enterarse de que Jesús llegaba a Jerusalén, el pueblo salió
a su encuentro con palmas en las manos, clamando: Hosanna en el cielo.
El sacerdote, al llegar al altar, hace la debida reverencia y, si lo juzga oportuno, lo inciensa. Luego se dirige a la sede (se quita la capa pluvial, si la usó, y se pone la casulla) y, omitida toda otra ceremonia, da fin a la procesión diciendo la oración colecta y prosigue la misa de la manera acostumbrada.
II. Segunda forma: Entrada solemne
Donde no se pueda hacer
la procesión fuera de la iglesia, la entrada del Señor se celebra
dentro del templo por medio de una entrada solemne, antes de la misa principal.
Los fieles se reúnen ante la puerta de la iglesia, o bien, dentro del
mismo templo, llevando los ramos en la mano. El sacerdote, los ministros y algunos
de los fieles, van a algún sitio adecuado de la iglesia, fuera del presbiterio,
en donde pueda ser vista fácilmente la ceremonia, al menos por la mayor
parte de la asamblea.
Mientras el sacerdote se dirige al sitio indicado, se canta la antífona
"Hosanna al Hijo de David bendito el que viene en nombre del Señor".
o algún otro cántico adecuado. Después se bendicen los
ramos y se lee el Evangelio de la entrada del Señor en Jerusalén.
Después del Evangelio, el sacerdote va solemnemente hacia el presbiterio
a través del templo, acompañado por los ministros y por algunos
fieles, mientras se canta el responsorio.
R/. Al entrar el Señor en la ciudad santa, los hijos de Israel, anticipándose
a la resurrección del Señor de la vida, con palmas en las manos,
clamaban: Hosanna en el cielo.
V/. Al enterarse de que Jesús llegaba a Jerusalén, el pueblo salió
a su encuentro con palmas en las manos, clamando: Hosanna en el cielo, u otro
cántico apropiado.
Al llegar al altar, el sacerdote hace la debida reverencia. Enseguida va a la
sede y, omitida toda otra ceremonia, dice la colecta de la misa, que prosigue
luego de la manera acostumbrada.
III. Tercera forma: Entrada sencilla
En todas las demás
misas de este domingo, en las que no se hace la entrada solemne, se recuerda
la entrada del Señor en Jerusalén por medio de una entrada sencilla.
Mientras el sacerdote se dirige al altar, se canta la antífona de entrada
con su salmo: Seis días antes de la Pascua, cuando el Señor entró
en Jerusalén, salieron los niños a su encuentro llevando en sus
manos hojas de palmera y gritando: Hosanna en el cielo. Bendito tú, que
vienes lleno de bondad y de misericordia. (Sal 23, 9-10)
Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos,
porque va a entrar el Rey de la gloria. Y ¿quién es ese Rey de
la gloria? El Señor de los ejércitos es el Rey de la gloria. Hosanna
en el cielo. Bendito tú, que vienes lleno de bondad y de misericordia,
u otro cántico sobre el mismo tema. El sacerdote, al llegar al altar,
hace la debida reverencia, va a la sede y saluda al pueblo. Luego sigue la misa
de la manera acostumbrada.
En las misas sin pueblo y en las misas en que no es posible cantar la antífona
de entrada, el sacerdote, después de llegar al altar y de haber hecho
la debida reverencia, saluda al pueblo, lee la antífona de entrada y
prosigue la misa de la manera acostumbrada.
ANTÍFONA DE ENTRADA
Seis días antes de la Pascua, cuando el Señor entró en Jerusalén, salieron los niños a su encuentro llevando en sus manos hojas de palmera y gritando: Hosanna en el cielo. Bendito tú, que vienes lleno de bondad y de misericordia. (Sal 23, 9-10).
Puertas, ábranse de par en par; agrándense, portones eternos, porque va a entrar el Rey de la gloria. Y ¿quién es ese Rey de la gloria? El Señor de los ejércitos es el Rey de la gloria. Hosanna en el cielo. Bendito tú, que vienes lleno de bondad y de misericordia.
Cuando no se puede hacer ni la procesión, ni la entrada solemne, es conveniente hacer una celebración de la palabra de Dios, acerca de la entrada mesiánica y de la Pasión del Señor, ya sea el sábado en la tarde, o bien el domingo, a la hora más oportuna.
LA MISA
Después de la procesión o de la entrada solemne, el sacerdote comienza la misa con la oración colecta.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, que has querido entregarnos como ejemplo de humildad a Cristo, nuestro salvador, hecho hombre y clavado en una cruz, concédenos vivir según las enseñanzas de su pasión, para participar con Él, un día, de su gloriosa resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo...
Dada la importancia de la Pasión del Señor, el sacerdote, en las misas con el pueblo, y de acuerdo con las características de los fíeles de cada asamblea, puede omitir una de las dos primeras lecturas, o ambas, y leer sólo la Pasión del Señor, aun en su forma breve.
LITURGIA DE LA PALABRA
Lectura del libro del profeta Isaías: 50, 4-7
En aquel entonces, dijo
Isaías: "El Señor me ha dado una lengua experta, para que
pueda confortar al abatido con palabras de aliento.
Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído,
para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho
oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia ni me he echado para
atrás. Ofrecí
la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba.
No aparté mi rostro de los insultos y salivazos.
Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso
endurecí mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado".
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
El Siervo de Yahvé
mantiene una fortaleza inexplicable. Los suyos desconocen su origen. Sólo
Él sabe que su sostén y auxilio provienen del Señor.
Del salmo 21 R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me
has abandonado?.
Todos los que me ven, de
mí se burlan; me hacen gestos y dicen: "Confiaba en el Señor,
pues que Él lo salve; si de veras lo ama, que lo libre". R/.
Los malvados me cercan por doquiera como rabiosos perros. Mis manos y mis pies
han taladrado y se pueden contar todos mis huesos. R/.
Reparten entre sí mis vestiduras y se juegan mi túnica a los dados.
Señor, auxilio mío, ven y ayúdame, no te quedes de mí
tan alejado. R/.
A mis hermanos contaré tu gloria y en la asamblea alabaré tu nombre.
Que alaben al Señor los que lo temen. Que el pueblo de Israel siempre
lo adore. R/.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los filipenses: 2, 6-11
Cristo, siendo Dios, no
consideró que debía aferrarse a las prerrogativas de su condición
divina, sino que, por el contrario, se anonadó a sí mismo, tomando
la condición de siervo, y se hizo semejante a los hombres. Así,
hecho uno de ellos, se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó
incluso la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre
que está sobre todo nombre, para que, al nombre de Jesús, todos
doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan
públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Dios no se complace en hacer morir, sino en hacer vivir. Jesús entrevé que Dios, su Padre, nos ama tanto que se desprende de su Hijo, y éste decide no reservarse nada, ni siquiera su vida.
ACLAMACIÓN (Flp 2, 8-9) R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Cristo se humilló por nosotros y por obediencia aceptó incluso la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre. R/.
No se llevan velas
ni incienso para la lectura de la Pasión del Señor, ni se hace
al principio el saludo, ni se signa el libro.
La lectura la hace un diácono o, en su defecto, el sacerdote. Puede también
ser hecha por lectores, reservando al sacerdote, si es posible, la parte correspondiente
a Cristo.
Solamente los diáconos piden la bendición del celebrante antes
del canto de la Pasión, como se hace antes del Evangelio.
PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS (22, 14-23, 56)
He deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer
Llegada la hora de cenar, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo: "Cuánto he deseado celebrar esta Pascua con ustedes, antes de padecer, porque yo les aseguro que ya no la volveré a celebrar, hasta que tenga cabal cumplimiento en el Reino de Dios". Luego tomó en sus manos una copa de vino, pronunció la acción de gracias y dijo: "Tomen esto y repártanlo entre ustedes, porque les aseguro que ya no volveré a beber del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios".
Hagan esto en memoria mía
Tomando después un pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía". Después de cenar, hizo lo mismo con una copa de vino, diciendo: "Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por ustedes".
¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre será entregado!
"Pero miren: la mano del que me va a entregar está conmigo en la mesa. Porque el Hijo del hombre va a morir, según lo decretado; pero ¡ay de aquel hombre por quien será entregado!". Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que lo iba a traicionar.
Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve
Después los discípulos se pusieron a discutir sobre cuál de ellos debería ser considerado como el más importante. Jesús les dijo: "Los reyes de los paganos los dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Pero ustedes no hagan eso, sino todo lo contrario: que el mayor entre ustedes actúe como si fuera el menor, y el que gobierna, como si fuera un servidor. Porque, ¿quién, vale más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad y que es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de ustedes como el que sirve. Ustedes han perseverado conmigo en mis pruebas, y yo les voy a dar el Reino, como mi Padre me lo dio a mí, para que coman y beban a mi mesa en el Reino, y se siente cada uno en un trono, para juzgar a las doce tribus de Israel".
Tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos
Luego añadió: "Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido permiso para zarandearlos como trigo; pero yo he orado por ti, para que tu fe no desfallezca; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos". Él le contestó: "Señor, estoy dispuesto a ir contigo incluso a la cárcel y a la muerte". Jesús le replicó: "Te digo, Pedro, que hoy, antes de que cante el gallo, habrás negado tres veces que me conoces".
Conviene que se cumpla en mí lo que está escrito
Después
les dijo a todos ellos: "Cuando los envié sin provisiones, sin dinero
ni sandalias, ¿acaso les faltó
algo?". Ellos contestaron: "Nada". Él añadió:
"Ahora, en cambio, el que tenga dinero o provisiones, que los tome; y el
que no tenga espada, que venda su manto y compre una. Les aseguro que conviene
que se cumpla esto que está escrito de mí: Fue contado entre los
malhechores, porque se acerca el cumplimiento de todo lo que se refiere a mí".
Ellos le dijeron: "Señor, aquí hay dos espadas". Él
les contestó: "¡Basta ya!".
Lleno de tristeza, se puso a orar de rodillas
Salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos y lo acompañaron los discípulos. Al llegar a ese sitio, les dijo: "Oren, para no caer en la tentación". Luego se alejó de ellos a la distancia de un tiro de piedra y se puso a orar de rodillas, diciendo: "Padre, si quieres, aparta de mí esta amarga prueba; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya". Se le apareció entonces un ángel para confortarlo; Él, en su angustia mortal, oraba con mayor insistencia, y comenzó a sudar gruesas gotas de sangre, que caían hasta el suelo. Por fin terminó su oración, se levantó, fue hacia sus discípulos y los encontró dormidos por la pena. Entonces les dijo: "¿Por qué están dormidos? Levántense y oren para no caer en la tentación".
Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?
Todavía
estaba hablando, cuando llegó una turba encabezada por Judas, uno de
los Doce, quien se acercó a Jesús para besarlo. Jesús le
dijo: "Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?".
Al darse cuenta de lo que iba a suceder, los que estaban con él dijeron:
"Señor, ¿los atacamos con la espada?". Y uno de ellos
hirió a un criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha.
Jesús intervino, diciendo: "¡Dejen! ¡Basta!". Le
tocó la oreja y lo curó.
Después Jesús les dijo a los sumos sacerdotes, a los encargados
del templo y a los ancianos que habían venido a arrestarlo: "Han
venido a aprehenderme con espadas y palos, como si fuera un bandido. Todos los
días he estado con ustedes en el templo y no me echaron mano. Pero ésta
es su hora y la del poder de las tinieblas".
Pedro salió de ahí y se soltó a llorar
Ellos
lo arrestaron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en la casa del sumo sacerdote.
Pedro los seguía desde lejos. Encendieron fuego en medio del patio, se
sentaron alrededor y Pedro se sentó también con ellos. Al verlo
sentado junto a la lumbre, una criada se le quedó mirando y dijo: "Éste
también estaba con él". Pero él lo negó diciendo:
"No lo conozco, mujer". Poco después lo vio otro y le dijo:
"Tú también eres uno de ellos". Pedro replicó:
"¡Hombre, no lo soy!". Y como después de una hora, otro
insistió: "Sin duda que éste también estaba con él,
porque es Galileo". Pedro contestó: "Hombre, no sé de
qué hablas!". Todavía estaba hablando, cuando cantó
un gallo.
El Señor, volviéndose, miró a Pedro. Pedro se acordó
entonces de las palabras que el Señor le había dicho:
'Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces', y saliendo de allí
se soltó a llorar amargamente.
Adivina quién te ha pegado
Los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de Él, le daban golpes, le tapaban la cara y le preguntaban: "¿Adivina quién te ha pegado?". Y proferían contra él muchos insultos.
Lo hicieron comparecer ante el sanedrín
Al amanecer se reunió el consejo de los ancianos con los sumos sacerdotes y los escribas. Hicieron comparecer a Jesús ante el sanedrín y le dijeron: "Si tú eres el Mesías, dínoslo". Él les contestó: "Si se lo digo, no lo van a creer, y sí les pregunto, no me van a responder. Pero ya desde ahora, el Hijo del hombre está sentado a la derecha de Dios todopoderoso". Dijeron todos: "Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?". Él les contestó: "Ustedes mismos lo han dicho: sí lo soy". Entonces ellos dijeron: "¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca". El consejo de los ancianos, con los sumos sacerdotes y los escribas, se levantaron y llevaron a Jesús ante Pilato.
No encuentro ninguna culpa en este hombre
Entonces comenzaron a acusarlo, diciendo: "Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación y oponiéndose a que se pague tributo al César y diciendo que él es el Mesías rey". Pilato preguntó a Jesús: "¿Eres tú el rey de los judíos?". Él le contestó: "Tú lo has dicho". Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba: "No encuentro ninguna culpa en este hombre". Ellos insistían con más fuerza, diciendo: "Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí". Al oír esto, Pilato preguntó si era Galileo, y al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió, ya que Herodes estaba en Jerusalén precisamente por aquellos días.
Herodes, con su escolta, lo despreció
Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, porque hacía mucho tiempo que quería verlo, pues había oído hablar mucho de Él y esperaba presenciar algún milagro suyo. Le hizo muchas preguntas, pero Él no le contestó ni una palabra. Estaban ahí los sumos sacerdotes y los escribas, acusándolo sin cesar. Entonces Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de Él, y le mandó poner una vestidura blanca. Después se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes eran enemigos.
Pilato les entregó a Jesús
Pilato
convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, y les
dijo: "Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo;
pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en Él
ninguna de las culpas de que lo acusan. Tampoco Herodes, porque me lo ha enviado
de nuevo. Ya ven que ningún delito digno de muerte se ha probado. Así
pues, le aplicaré un escarmiento y lo soltaré".
Con ocasión de la fiesta, Pilato tenía que dejarles libre a un
preso. Ellos vociferaron en masa, diciendo: "¡Quita a ése!
¡Suéltanos a Barrabás!". A éste lo habían
metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio.
Pilato volvió a dirigirles la palabra, con la intención de poner
en libertad a Jesús; pero ellos seguían gritando: "¡Crucifícalo,
crucifícalo!". Él les dijo por tercera vez: "¿Pues
qué ha hecho de malo? No he encontrado en él ningún delito
que merezca la muerte; de modo que le aplicaré un escarmiento y lo soltaré".
Pero ellos insistían, pidiendo a gritos que lo crucificaran. Como iba
creciendo el griterío, Pilato decidió que se cumpliera su petición;
soltó al que le pedían, al que había sido encarcelado por
revuelta y homicidio, y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.
Hijas de Jerusalén, no lloren por mí
Mientras lo llevaban a crucificar, echaron mano a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz, detrás de Jesús. Lo iba siguiendo una gran multitud de hombres y mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por Él. Jesús se volvió hacia las mujeres y les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren por ustedes y por sus hijos, porque van a venir días en que se dirá: '¡Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado!'. Entonces dirán a los montes: 'Desplómense sobre nosotros', y a las colinas: 'Sepúltennos', porque si así tratan al árbol verde, ¿qué pasará con el seco?".
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen
Conducían, además, a dos malhechores, para ajusticiarlos con Él. Cuando llegaron al lugar llamado "la Calavera", lo crucificaron allí, a Él y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía desde la cruz: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". Los soldados se repartieron sus ropas, echando suertes.
Éste es el rey de los judíos
El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo: "A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el elegido". También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a Él, le ofrecían vinagre y le decían: "Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo". Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: "Éste es el rey de los judíos".
Hoy estarás conmigo en el paraíso
Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: "Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros". Pero el otro le reclamaba, indignado: "¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho". Y le decía a Jesús: "Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí". Jesús le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu
Era
casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la región
y se oscureció el sol hasta las tres de la tarde. El velo del templo
se rasgó a la mitad. Jesús, clamando con voz potente, dijo: "¡Padre,
en tus manos encomiendo mi espíritu!". Y dicho esto, expiró.
Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.
El oficial romano, al ver lo que pasaba, dio gloria a Dios, diciendo: "Verdaderamente
este hombre era justo". Toda la muchedumbre que había acudido al
espectáculo, mirando lo que ocurría, se volvió a su casa
dándose golpes de pecho. Los conocidos de Jesús se mantenían
a distancia, lo mismo que las mujeres que lo habían seguido desde Galilea,
y permanecían mirando todo aquello.
José colocó el cuerpo de Jesús en un sepulcro.
Un hombre llamado José, consejero del sanedrín, hombre bueno y justo, que no había estado de acuerdo con la decisión de los judíos ni con sus actos, que era natural de Arimatea, ciudad de Judea, y que aguardaba el Reino de Dios, se presentó ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Lo bajó de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Pascua y ya iba a empezar el sábado. Las mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea acompañaron a José para ver el sepulcro y cómo colocaban el cuerpo. Al regresar a su casa, prepararon perfumes y ungüentos, y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Jesús termina su
existencia de manera coherente. Desde el comienzo del Evangelio Jesús
se ocupa de las
cuestiones del Padre. Sus últimas palabras serán una expresión
de confianza plena en Él.
O bien: Forma breve
PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO SEGÚN SAN LUCAS (23, 1-49)
No encuentro ninguna culpa en este hombre
En
aquel tiempo, el consejo de los ancianos, con los sumos sacerdotes y los escribas,
se levantaron y llevaron a Jesús ante Pilato. Entonces comenzaron a acusarlo,
diciendo: "Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación
y oponiéndose a que se pague tributo al César y diciendo que él
es el Mesías rey".
Pilato preguntó a Jesús: "¿Eres tú el rey de
los judíos?". Él le contestó: "Tú lo has
dicho". Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba: "No encuentro
ninguna culpa en este hombre". Ellos insistían con más fuerza,
diciendo: "Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde
Galilea hasta aquí". Al oír esto, Pilato preguntó
si era galileo, y al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes,
se lo remitió, ya que Herodes estaba en Jerusalén precisamente
por aquellos días.
Herodes, con su escolta, lo despreció
erodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, porque hacía mucho tiempo que quería verlo, pues había oído hablar mucho de Él y esperaba presenciar algún milagro suyo. Le hizo muchas preguntas, pero Él no le contestó ni una palabra. Estaban ahí los sumos sacerdotes y los escribas, acusándolo sin cesar. Entonces Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de Él, y le mandó poner una vestidura blanca. Después se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes eran enemigos.
Pilato les entregó a Jesús
Pilato convocó a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, y les dijo: "Me han traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; pero yo lo he interrogado delante de ustedes y no he encontrado en Él ninguna de las culpas de que lo acusan. Tampoco Herodes, porque me lo ha enviado de nuevo. Ya ven que ningún delito digno de muerte se ha probado. Así pues, le aplicaré un escarmiento y lo soltaré", Con ocasión de la fiesta, Pilato tenía que dejarles libre a un preso. Ellos vociferaron en masa, diciendo: "¡Quita a ése! ¡Suéltanos a Barrabás!". A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio, Pilato volvió a dirigirles la palabra, con la intención de poner en libertad a Jesús; pero ellos seguían gritando: "¡Crucifícalo, crucifícalo!". Él les dijo por tercera vez: "¿Pues qué ha hecho de malo? No he encontrado en Él ningún delito que merezca la muerte; de modo que le aplicaré un escarmiento y lo soltaré". Pero ellos insistían, pidiendo a gritos que lo crucificara. Como iba creciendo el griterío, Pilato decidió que se cumpliera su petición; soltó al que le pedían, al que había sido encarcelado por revuelta y homicidio, y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.
Hijas de Jerusalén, no lloren por mí.
Mientras lo llevaban a crucificar, echaron mano a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo obligaron a cargar la cruz, detrás de Jesús. Lo iba siguiendo una gran multitud de hombres y mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por Él. Jesús se volvió hacia las mujeres y les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren por ustedes y por sus hijos, porque van a venir días en que se dirá: '¡Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado!'. Entonces dirán a los montes: 'Desplómense sobre nosotros', y a las colinas: 'Sepúltennos', porque si así tratan al árbol verde, ¿qué pasará con el seco?".
Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen
Conducían, además, a dos malhechores, para ajusticiarlos con Él. Cuando llegaron al lugar llamado "la Calavera", lo crucificaron allí, a Él y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Jesús decía desde la cruz: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Los soldados se repartieron sus ropas, echando suertes.
Éste es el rey de tos judíos
El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo: "A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si Él es el Mesías de Dios, el elegido". También los soldados se burlaban de Jesús, y acercándose a Él, le ofrecían vinagre y le decían: "Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo". Había, en efecto, sobre la cruz, un letrero en griego, latín y hebreo, que decía: "Éste es el rey de los judíos".
Hoy estarás conmigo en el paraíso
Uno de los malhechores crucificados insultaba a Jesús, diciéndole: "Si tú eres el Mesías, sálvate a ti mismo y a nosotros". Pero el otro le reclamaba indignado: "¿Ni siquiera temes tú a Dios estando en el mismo suplicio? Nosotros justamente recibimos el pago de lo que hicimos. Pero éste ningún mal ha hecho". Y le decía a Jesús: "Señor, cuando llegues a tu Reino, acuérdate de mí". Jesús le respondió: "Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso".
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu
Era
casi el mediodía, cuando las tinieblas invadieron toda la región
y se oscureció el sol hasta las tres de
la tarde. El velo del templo se rasgó a la mitad. Jesús, clamando
con voz potente, dijo: "¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!".
Y dicho esto, expiró.
Aquí se arrodillan todos y se hace una breve pausa.
El oficial romano, al ver
lo que pasaba, dio gloría a Dios, diciendo: "Verdaderamente este
hombre era justo".
Toda la muchedumbre que había acudido al espectáculo, mirando
lo que ocurría, se volvió a su casa dándose golpes de pecho.
Los conocidos de Jesús se mantenían a distancia, lo mismo que
las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, y permanecían
mirando todo aquello. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor
Jesús.
Después de la lectura de la Pasión, puede tenerse, si se cree oportuno, una breve homilía.
Credo
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Que la pasión de tu Hijo, actualizada en este santo sacrificio que vamos a ofrecerte, nos alcance, Señor, de tu misericordia, el perdón que no podemos merecer por nuestras obras. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro.
El cual siendo inocente, se dignó padecer por los pecadores y fue injustamente
condenado por salvar a los culpables; con su muerte borró nuestros delitos
y, resucitando, conquistó nuestra justificación.
Por eso, te alabamos con todos los ángeles y te aclamamos con voces de júbilo, diciendo: Santo, Santo, Santo...
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Mt 26, 42)
Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que yo lo beba, hágase tu voluntad.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Tú, que nos has alimentado con esta Eucaristía, y por medio de la muerte de tu Hijo nos das la esperanza de alcanzar lo que la fe nos promete, concédenos, Señor, llegar, por medio de su resurrección, a la meta de nuestras esperanzas. Por Jesucristo, nuestro Señor.
UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.- Al leer la Pasión podemos distraernos y dejarnos llevar por la emoción religiosa. Cuando nos enteramos de los sufrimientos de Jesús sentimos pesar, compasión e impotencia. Sin duda que el evangelista no decidió relatar la Pasión de Jesús como un episodio conmovedor o lastimoso. Quería, antes que nada, celebrar la fe pascual en plenitud, recordándonos una gran verdad: Quien quiera alcanzar la plenitud de la vida ya no debe hacer ensayos ni experimentos. El camino de la entrega total, el de la cruz, es el que conduce a la resurrección, a la vida en plenitud. Eso es válido no sólo en la soleada Galilea del primer siglo, sino en cualquier época y lugar.
LUNES DE LA SEMANA SANTA
Santos: Francisco de Paula, fundador, y María Egipciaca, penitente.
ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 34, 1-2; Sal 139, 8)
Combate, Señor, a los que me combaten, ataca a los que me atacan; ponte la armadura, toma el escudo y ven en mi ayuda. Tú eres mi fortaleza y mi salvación.
ORACIÓN COLECTA
Concédenos, Señor, nueva fuerza para no sucumbir a nuestras humanas debilidades, por los méritos de la pasión de tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
Lectura del libro del profeta Isaías: 42, 1-7
Miren a mi siervo, a quien
sostengo; a mi elegido, en quien tengo mis complacencias. En Él he puesto
mi espíritu, para que haga brillar la justicia sobre las naciones. No
gritará ni clamará, no hará oír su voz en las plazas,
no romperá la caña resquebrajada, ni apagará la mecha que
aún humea. Proclamará la justicia con firmeza, no titubeará
ni se doblegará, hasta haber establecido el derecho sobre la tierra y
hasta que las islas escuchen su enseñanza.
Esto dice el Señor Dios, el que creó el cielo y lo extendió,
el que dio firmeza a la tierra, con lo que en ella brota; el que dio el aliento
a la gente que habita la tierra y la respiración a cuanto se mueve en
ella: "Yo, el Señor, fiel a mi designio de salvación, te
llamé, te tomé de la mano; te he formado y te he constituido alianza
de un pueblo, luz de las naciones, para que abras los ojos de los ciegos, saques
a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas".
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Este pasaje nos presenta al Siervo de Dios, el cual es enviado con una misión precisa: liberar a los suyos con algo más que promesas. Hará prevalecer el derecho y la justicia.
Del salmo 26 R/. El
Señor es mi luz y mi salvación.
El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién voy
a tenerle miedo? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién
podrá hacerme temblar? R/.
Cuando me asaltan los malvados para devorarme, ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen. R/.
Aunque se lance contra mí un ejército, no temerá mi corazón;
aun cuando hagan la guerra contra mí, tendré plena confianza en
el Señor. R/.
La bondad del Señor espero ver en esta misma vida. Ármate de valor
y fortaleza y en el Señor confía R/.
ACLAMACIÓN R/. Honor
y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, rey nuestro, sólo tú has tenido compasión
de nuestras faltas. R/.
Lectura (Proclamación) del santo Evangelio según san Juan: 12,1-11
Seis días antes de
la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien
había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una
cena; Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con Él
a la mesa. María tomó entonces una libra de perfume de nardo auténtico,
muy costoso, le ungió a Jesús los pies con él y se los
enjugó con su cabellera, y la casa se llenó con la fragancia del
perfume.
Entonces Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que iba a entregar
a Jesús, exclamó: "¿Por qué no se ha vendido
ese perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?".
Esto lo dijo, no porque le importaran los pobres, sino porque era ladrón,
y como tenía a su cargo la bolsa, robaba lo que echaban en ella.
Entonces dijo Jesús: "Déjala. Esto lo tenía guardado
para el día de mi sepultura; porque los pobres los tendrán siempre
con ustedes, pero a mí no siempre me tendrán".
Mientras tanto, la multitud de judíos, que se enteró de que Jesús
estaba allí acudió, no sólo por Jesús, sino también
para ver a Lázaro, a quien el Señor había resucitado de
entre los muertos. Los sumos sacerdotes deliberaban para matar a Lázaro,
porque a causa de él, muchos judíos se separaban y creían
en Jesús. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor
Jesús.
María, la amiga y discípula de Jesús que vivía en Betania, logró vislumbrar en clave de fe el destino del Maestro, aceptó su muerte y se anticipó a ungirle.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Mira, Señor, con bondad, este sacrificio que tú instituíste misericordiosamente para reparar el daño de nuestros pecados, y hazlo producir en nosotros abundantes frutos de vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR II
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro. Porque se acercan ya los días santos de la pasión salvadora y la gloriosa resurrección de Jesucristo Señor nuestro, en los que celebramos su triunfo sobre la soberbia del demonio y recordamos el misterio de nuestra redención. Por eso, los ángeles te cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo...
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Sal 101, 3)
No te me ocultes, Señor, el día de mi desgracia. Escúchame con bondad, y, siempre que te invoque, respóndeme enseguida.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Quédate, Señor, con nosotros y protege con tu amor infatigable nuestros corazones santificados por esta Eucaristía, para que podamos conservar siempre las gracias que hemos recibido de tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor.
MARTES DE LA SEMANA SANTA
Santos: Ricardo Wych, obispo, y Sixto I, papa y mártir.
ANTÍFONA DE ENTRADA (Sal 26, 12)
No me entregues, Señor, al odio de mis enemigos, pues han surgido contra mí testigos falsos, que respiran violencia.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, ayúdanos a celebrar los misterios de la pasión del Señor con tal fe y arrepentimiento, que podamos merecer tu perdón. Por nuestro Señor Jesucristo...
LITURGIA DE LA PALABRA
Lectura del libro del profeta Isaías: 49,1-6
Escúchenme, islas;
pueblos lejanos, atiéndanme. El Señor me llamó desde el
vientre de mi madre; cuando aún estaba yo en el seno materno, Él
pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada filosa, me escondió en la sombra de su mano,
me hizo flecha puntiaguda, me guardó en su aljaba y me dijo: "Tú
eres mi siervo, Israel; en ti manifestaré mi gloria". Entonces yo
pensé: "En vano me he cansado, inútilmente he gastado mis
fuerzas; en realidad mi causa estaba en manos del Señor, mi recompensa
la tenía mi Dios".
Ahora habla el Señor, el que me formó desde el seno materno, para
que fuera su servidor, para hacer que Jacob volviera a Él y congregar
a Israel en torno suyo —tanto así me honró el Señor
y mi Dios fue mi fuerza—. Ahora, pues, dice el Señor: "Es
poco que seas mi siervo sólo para restablecer a las tribus de Jacob y
reunir a los sobrevivientes de Israel; te voy a convertir en luz de las naciones,
para que mi salvación llegue hasta los últimos rincones de la
tierra". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
La misión del Siervo incluye la reunificación de Israel, la cual realizará sin aspavientos ni desplantes de poder, se apoyará, en cambio, en un recurso frágil: la palabra profética.
Del salmo 70 R/. En
ti, Señor, he puesto mi esperanza.
Señor, tú eres mi esperanza, que no quede yo jamás defraudado.
Tú, que eres justo, ayúdame y defiéndeme; escucha mi oración
y ponme a salvo. R/.
Sé para mí un refugio, ciudad fortificada en que me salves. Y
pues eres mi auxilio y mi defensa, líbrame, Señor, de los malvados.
R/.
Señor, tú eres mi esperanza; desde mi juventud en ti confío.
Desde que estaba en el seno de mi madre, yo me apoyaba en ti y tú me
sostenías. R/.
Yo proclamaré siempre tu justicia y a todas horas, tu misericordia. Me
enseñaste a alabarte desde niño y seguir alabándote es
mi orgullo. R/.
ACLAMACIÓN R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, rey nuestro, para obedecer al Padre quisiste ser llevado a la cruz como manso cordero al sacrificio.
Lectura (Proclamación) del santo Evangelio según san Juan: 13, 21-33. 36-38
En aquel tiempo, cuando
Jesús estaba a la mesa con sus discípulos, se conmovió
profundamente y declaró: "Yo les aseguro que uno de ustedes me va
a entregar". Los discípulos se miraron perplejos unos a otros, porque
no sabían de quién hablaba. Uno de ellos, al que Jesús
tanto amaba, se hallaba reclinado a su derecha. Simón Pedro le hizo una
seña y le preguntó: "¿De quién lo dice?".
Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
"Señor, ¿quién es?". Le contestó Jesús:
"Aquel a quien yo le dé este trozo de pan, que voy a mojar".
Mojó el pan y se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote; y
tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le dijo
entonces a Judas: "Lo que tienes que hacer, hazlo pronto". Pero ninguno
de los comensales entendió a qué se refería; algunos supusieron
que, como Judas tenía a su cargo la bolsa, Jesús le había
encomendado comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas,
después de tomar el bocado, salió inmediatamente. Era de noche.
Una vez que Judas se fue, Jesús dijo: "Ahora ha sido glorificado
el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido
glorificado en El, también Dios lo glorificará en sí mismo
y pronto lo glorificará.
Hijitos, todavía estaré un poco con ustedes. Me buscarán,
pero como les dije a los judíos, así se lo digo a ustedes ahora:
'A donde yo voy, ustedes no pueden ir' ". Simón Pedro le dijo: "Señor,
¿a dónde vas?". Jesús le respondió: "A
donde yo voy no me puedes seguir ahora; me seguirás más tarde".
Pedro replicó: "Señor, ¿por qué no puedo seguirte
ahora? Yo daré mi vida por ti". Jesús le contestó:
"¿Conque darás tu vida por mí? Yo te aseguro que no
cantará el gallo, antes de que me hayas negado tres veces". Palabra
del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Judas y Pedro intentaron forzar el camino de Jesús. Ambos terminaron siendo infieles a su Maestro. Traicionaron a Jesús porque confiaron excesivamente en sus capacidades humanas.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, con bondad este pan y este vino que te presentamos, y concede a cuantos quieres hacernos partícipes del Cuerpo y de la Sangre de tu Hijo, llegar a poseerlo plenamente en tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR II
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro. Porque se acercan ya los días santos de la pasión salvadora y la gloriosa resurrección de Jesucristo Señor nuestro, en los que celebramos su triunfo sobre la soberbia del demonio y recordamos el misterio de nuestra redención. Por eso, los ángeles te cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo...
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Rm 8, 32)
Dios no escatimó la vida de su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, y con Él nos ha dado todos los bienes.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Por medio de este sacramento, que ya desde ahora nos comunica tu fuerza, concédenos, Padre misericordioso, participar de la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
MIÉRCOLES DE LA SEMANA SANTA
Santos: Isidoro de Sevilla, doctor de la Iglesia, y Cayetano Catanosso, fundador.
ANTÍFONA DE ENTRADA (Flp 2, 10. 8. 11)
Que al nombre de Jesús, todo ser viviente, en el cielo, en la tierra y en el abismo, caiga de rodillas, porque el Señor aceptó por obediencia hasta la misma muerte, y una muerte de cruz. Por esto confesamos, para gloria de Dios Padre, que Jesucristo es el Señor.
ORACIÓN COLECTA
Padre misericordioso que para librarnos del poder del enemigo, quisiste que tu Hijo sufriera por nosotros el suplicio de la cruz, concédenos alcanzar la gracia de la resurrección. Por nuestro Señor Jesucristo...
LITURGIA DE LA PALABRA
Lectura del libro del profeta Isaías: 50, 4-9
En aquel entonces dijo Isaías:
"El Señor me ha dado una lengua experta, para que pueda confortar
al abatido con palabras de aliento.
Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído,
para que escuche yo, como discípulo. El Señor Dios me ha hecho
oír sus palabras y yo no he opuesto resistencia, ni me he echado para
atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban
de la barba. No aparté mi rostro a los insultos y salivazos.
Pero el Señor me ayuda, por eso no quedaré confundido, por eso
endurecí mi rostro como roca y sé que no quedaré avergonzado.
Cercano está de mi el que me hace justicia, ¿quién luchará
contra mí? ¿Quién es mi adversario? ¿Quién
me acusa? Que se me enfrente. El Señor es mi ayuda, ¿quién
se atreverá a condenarme?". Palabra de Dios. Te alabamos,
Señor.
Los amigos de Dios comparten sus secretos. Esa intimidad no es un privilegio, sino una responsabilidad. En adelante tienen que vivir pendientes de la voluntad de Dios.
Del salmo 68 R/. Por
tu bondad, Señor, socórreme.
Por ti he sufrido injurias y la vergüenza cubre mi semblante. Extraño
soy y advenedizo, aun para aquellos de mi propia sangre; pues me devora el celo
de tu casa, el odio del que te odia, en mí recae. R/.
La afrenta me destroza el corazón y desfallezco. Espero compasión
y no la hallo; busco quien me consuele y no lo encuentro. En mi comida me echaron
hiél, para mi sed me dieron vinagre. R/.
En mi cantar exaltaré tu nombre, proclamaré tu gloria, agradecido.
Se alegrarán al verlo los que sufren, quienes buscan a Dios tendrán
más ánimo, porque el Señor jamás desoye al pobre,
ni olvida al que se encuentra encadenado. R/,
ACLAMACIÓN R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Señor Jesús, rey nuestro, sólo tú has tenido compasión de nuestras faltas. R/.
Lectura (Proclamación) del santo Evangelio según san Mateo: 26, 14-25
En
aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a ver a los sumos
sacerdotes y les dijo: "¿Cuánto me dan si les entrego a Jesús?".
Ellos quedaron en darle treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba
buscando una oportunidad para entregárselo.
El primer día de la fiesta de los panes ázimos, los discípulos
se acercaron a Jesús y le preguntaron: "¿Dónde quieres
que te preparemos la cena de Pascua?". El respondió: "Vayan
a la ciudad, a casa de fulano y díganle: 'El Maestro dice: Mi hora está
ya cerca. Voy a celebrar la Pascua con mis discípulos en tu casa'".
Ellos hicieron lo que Jesús les había ordenado y prepararon la
cena de Pascua.
Al atardecer, se sentó a la mesa con los Doce y mientras cenaban, les
dijo: "Yo les aseguro que uno de ustedes va a entregarme". Ellos se
pusieron muy tristes y comenzaron a preguntarle uno por uno: "¿Acaso
soy yo, Señor?". Él respondió: "El que moja su
pan en el mismo plato que yo, ése va a entregarme. Porque el Hijo del
hombre va a morir, como está escrito de él; pero ¡ay de
aquel por quien el Hijo del hombre va a ser entregado! Más le valiera
a ese hombre no haber nacido". Entonces preguntó Judas, el que lo
iba a entregar: "¿Acaso soy yo, Maestro?". Jesús le
respondió: "Tú lo has dicho". Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Jesús comprendió que su vida terminaría de manera trágica. Esa intuición profética le presagió que varios discípulos fallarían en la hora decisiva.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, los dones que te presentamos y concédenos la gracia de traducir en una vida de amor y de obediencia a tu voluntad, el misterio de la pasión de tu Hijo, que estamos celebrando. Por Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR II
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo Señor nuestro. Porque se acercan ya los días santos de la pasión salvadora y la gloriosa resurrección de Jesucristo Señor nuestro, en los que celebramos su triunfo sobre la soberbia del demonio y recordamos el misterio de nuestra redención. Por eso, los ángeles te cantan con júbilo eterno y nosotros nos unimos a sus voces, cantando humildemente tu alabanza: Santo, Santo, Santo...
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Mt 20, 28)
El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida para redención de todos.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Concédenos, Señor, Dios nuestro, creer profundamente que por la muerte de tu Hijo, padecida en el Calvario y anunciada en cada Eucaristía, tú nos has dado la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.
JUEVES SANTO
Santos: Vicente Ferrer, presbítero, y Juliana del Monte Cornelio, religiosa.
Misa vespertina de la Cena del Señor
RITOS INICIALES Y LITURGIA DE LA PALABRA
El sagrario debe estar completamente vacío. Conságrense en esta misa suficientes hostias, de modo que alcancen para la comunión del clero y del pueblo, hoy y mañana.
ANTÍFONA DE ENTRADA (cfr. Gá 6, 14)
Que nuestro único orgullo sea la cruz de nuestro Señor Jesucristo, porque en Él tenemos la salvación, la vida y la resurrección, y por Él hemos sido salvados y redimidos.
Se dice Gloría.
Mientras se canta este himno, se tocan las campanas. Terminado el canto, las campanas no vuelven a tocarse hasta la vigilia pascual, a no ser que la conferencia episcopal o el Ordinario dispongan otra cosa.
ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que nos has
reunido para celebrar aquella Cena en la cual tu Hijo único, antes de
entregarse
á la muerte, confió a la Iglesia el sacrificio nuevo y eterno,
sacramento de su amor, concédenos alcanzar, por la participación
en este sacramento, la plenitud del amor y de la vida. Por nuestro Señor
Jesucristo...
LITURGIA DE LA PALABRA
Lectura del libro del Éxodo: 12, 1-8. 11-14
En aquellos días,
el Señor les dijo a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:
"Este mes será para ustedes el primero de todos los meses y el principio
del año. Díganle a toda la comunidad de Israel: 'El día
diez de este mes, tomará cada uno un cordero por familia, uno por casa.
Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte
con los vecinos y elija un cordero adecuado al número de personas y a
la cantidad que cada cual y pueda comer. Será un animal sin defecto,
macho, de un año, cordero o cabrito.
Lo guardarán hasta el día catorce del mes, cuando toda la comunidad
de los hijos de Israel lo inmolará al atardecer. Tomarán la sangre
y rociarán las dos jambas y el dintel de la puerta de la casa donde vayan
a comer el cordero. Esa noche comerán la carne, asada a fuego; comerán
panes sin levadura y hierbas amargas.
Comerán así: con la cintura ceñida, las sandalias en los
pies, un bastón en la mano y a toda prisa, porque es la Pascua, es decir,
el paso del Señor.
Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los
primogénitos del país de Egipto, desde los hombres hasta los ganados.
Castigaré a todos los dioses de Egipto, yo, el Señor.
La sangre les servirá de señal en las casas donde habitan ustedes.
Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo y no habrá entre ustedes
plaga exterminadora, cuando hiera yo la tierra de Egipto.
Ese día será para ustedes un memorial y lo celebrarán como
fiesta en honor del Señor. De generación en generación
celebrarán esta festividad, como institución perpetua'".
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
La fiesta pascual es una celebración que sirve a Israel para expresar su más firme certeza. Dios entró de lleno en su historia y los liberó de la casa de esclavitud egipcia.
Del salmo 115 R/. Gracias,
Señor, por tu sangre que nos lava.
¿Cómo le pagaré al Señor todo el bien que me ha
hecho? Levantaré el cáliz de salvación e invocaré
el nombre del Señor. R/.
A los ojos del Señor es muy penoso que mueran sus amigos. De la muerte,
Señor, me has librado, a mí, tu esclavo e hijo de tu esclava.
R/.
Te ofreceré con gratitud un sacrificio e invocaré tu nombre. Cumpliré
mis promesas al Señor an
te todo su pueblo. R/.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los corintios: 11, 23-26
Hermanos: Yo recibí
del Señor lo mismo que les he trasmitido: que el Señor Jesús,
la noche en que iba a ser entregado, tomó pan en sus manos, y pronunciando
la acción de gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo,
que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía".
Lo mismo hizo con el cáliz después de cenar, diciendo: "Este
cáliz es la nueva alianza que se sella con mi sangre. Hagan esto en memoria
mía siempre que beban de él".
Por eso, cada vez que ustedes comen de este pan y beben de este cáliz,
proclaman la muerte del Señor, hasta que vuelva. Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Quien participa de la fracción del pan comulga en una celebración jubilosa, la del triunfo decisivo del Señor, el cual entregó su vida y nos hizo partícipes de su resurrección.
ACLAMACIÓN (Jn 13, 34) R/. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. R/.
Lectura (Proclamación) del santo Evangelio según san Juan: 13,1-15
Antes
de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la
hora de pasar de este mundo al Padre y habiendo amado a los suyos, que estaban
en el mundo, los amó hasta el extremo.
En el transcurso de la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón
de Judas Iscariote, hijo de Simón, la idea de entregarlo, Jesús,
consciente de que el Padre había puesto en sus manos todas las cosas
y sabiendo que había salido de Dios y a Dios volvía, se levantó
de la mesa, se quitó el manto, y tomando una toalla, se la ciñó;
luego echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos
y a secárselos con la toalla que se había ceñido.
Cuando llegó a Simón Pedro, éste le dijo: "Señor,
¿me vas a lavar tú a mí los pies?". Jesús le
replicó: "Lo que estoy haciendo tú no lo entiendes ahora,
pero lo comprenderás más tarde". Pedro le dijo: "Tú
no me lavarás los pies jamás". Jesús le contestó:
"Si no te lavo, no tendrás parte conmigo". Entonces le dijo
Simón Pedro: "En ese caso, Señor, no sólo los pies,
sino también las manos y la cabeza". Jesús le dijo: "El
que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque
todo él está limpio. Y ustedes están limpios, aunque no
todos". Como sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo:
"No todos están limpios".
Cuando acabó de lavarles los pies, se puso otra vez el manto, volvió
a la mesa y les dijo: "¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes?
Ustedes me llaman Maestro y Señor, y dicen bien, porque lo soy. Pues
si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, también
ustedes deben lavarse los pies los unos a los otros. Les he dado ejemplo, para
que lo que yo he hecho con ustedes, también ustedes lo hagan". Palabra
del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Con el lavatorio de los
pies, Jesús realiza un gesto profético y provocador. Sus discípulos
no lo podemos olvidar, En la comunidad cristiana los grandes están obligados
a serlo, viviendo como servidores.
En la homilía se exponen los grandes hechos que se recuerdan en esta
misa, es decir, la institución de la y sagrada Eucaristía y del
orden sacerdotal y el mandato del Señor sobre la caridad fraterna. Después
de la homilía, donde lo aconseje el bien pastoral, se lleva a cabo el
lavatorio de los pies.
LAVATORIO DE LOS PIES
Los varones designados para
el rito van, acompañados por los ministros, a ocupar los asientos preparados
para ellos en un lugar visible.
El celebrante, quitada la casulla si es necesario, se acerca a cada una de las
personas designadas y, con la ayuda de los ministros, les lava los pies y se
los seca.
Mientras tanto, se canta alguna de las siguientes antífonas o algún
canto apropiado.
ANTÍFONA PRIMERA (cfr. Jn 13, 4. 5. 15)
El Señor se levantó de la mesa, echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de sus discípulos para darles ejemplo.
ANTÍFONA SEGUNDA (Jn 13, 6. 7. 8)
Señor, ¿pretendes tú lavarme a mí los pies?
Jesús le respondió:
Si no te lavo los pies, no tendrás nada que ver conmigo.
V. Fue Jesús hacia Simón Pedro, y éste le dijo:
Señor. . .
V. Lo que yo estoy haciendo, tú no lo entiendes ahora; lo entenderás más tarde.
— Señor...
ANTÍFONA TERCERA (cfr. Jn 13, 14)
Si yo, que soy el Maestro y el Señor, les he lavado los pies, ¡con cuánta mayor razón ustedes deben lavarse los pies unos a otros!
ANTÍFONA CUARTA (Jn 13, 35)
En esto reconocerán todos que ustedes son mis discípulos: en que se amen los unos a los otros.
V. Jesús dice a sus discípulos:
—En esto reconocerán todos...
ANTÍFONA QUINTA (Jn 13, 34)
Este nuevo mandamiento les doy: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado, dice el Señor.
ANTÍFONA SEXTA (1 Co 13, 13)
Que permanezcan en ustedes la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas tres virtudes es el amor.
V. Ahora tenemos la fe, la esperanza y el amor; pero la mayor de estas tres virtudes es el amor.
—Que permanezcan...
Inmediatamente después del lavatorio de los pies o, si éste no tuvo tugar, después de la homilía, se hace la Oración universal.
No se dice Credo.
LITURGIA EUCARÍSTICA
Al comienzo de la liturgia eucarística, puede organizarse una procesión de los fieles, en la que se lleven dones para los pobres. Mientras tanto, se canta el himno "Ubi caritas est vera" (a Dios siempre lo encontramos donde hay amor) u otro cántico apropiado.
Ant. A Dios siempre lo encontramos
donde hay amor.
El amor de Jesucristo nos ha unido, ha llenado nuestras almas de alegría.
Abstengámonos, por lo tanto, de ofenderlo y aprendamos a encontrarlo
en nuestro hermano.
Ant. A Dios siempre lo encontramos donde hay amor.
Ya que estamos en Cristo congregados, que ya nada pueda nunca separarnos. Cesen
ya los rencores y las guerras, y que en Cristo nos miremos como hermanos.
Ant. A Dios siempre lo encontramos donde hay a, amor.
Haz que todos merezcamos en el cielo, con los ángeles y santos, ver tu
rostro. Cumpliremos así todo nuestro anhelo, y darás a nuestras
almas gozo eterno. Amén.
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Concédenos, Señor,
participar dignamente en esta Eucaristía, porque cada vez que celebramos
el memorial
de la muerte de tu Hijo, se realiza la obra de nuestra redención. Por
Jesucristo, nuestro Señor.
PREFACIO DE LA SANTÍSIMA EUCARISTÍA
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación darte gracias siempre y en todo lugar, Señor,
Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
El cual, verdadero y eterno sacerdote, al instituir el sacrificio perdurable,
se ofreció a ti como víctima salvadora, y nos mandó que
lo ofreciéramos como memorial, suyo.
En efecto, cuando comemos su carne, inmolada por nosotros, quedamos fortalecidos;
y cuando bebemos su Sangre, derramada por nosotros, quedamos limpios de nuestros
pecados.
Por eso, con los ángeles y los arcángeles y con todos los coros
celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...
Si se usa el Canon Romano se dicen las oraciones propias para este día.
Si se usan las plegarias eucarísticas II o III, nótese la referencia
que se hace de esta misa.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (1 Co 11, 24. 25)
Éste es mi Cuerpo,
que se da por ustedes. Este cáliz es la nueva alianza establecida por
mi Sangre; cuantas veces lo beban, háganlo en memoria mía, dice
el Señor.
Después de distribuir la comunión, se deja sobre el altar un copón
con hostias para la comunión del día siguiente, y se termina la
misa con esta oración.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Señor, tú que nos permites disfrutar en esta vida de la Cena instituida por tu Hijo, concédenos participar también del banquete celestial en tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Traslación del santísimo sacramento
Dicha la oración
después de la comunión, el sacerdote, de pie ante el altar, pone
incienso en el incensario y, arrodillado, inciensa tres veces al Santísimo
Sacramento. Enseguida recibe el paño de hombros, toma en sus manos el
copón y lo cubre con las extremidades del paño.
Se forma entonces la procesión para llevar al Santísimo Sacramento
a través del templo, hasta el sitio donde se le va a guardar. Va adelante
un acólito con la cruz alta; otros acólitos acompañan al
Santísimo Sacramento con ciriales e incienso. El lugar de depósito
debe estar preparado en alguna capilla convenientemente adornada.
Durante la procesión, se canta el himno "Pange lingua" (excepto
las dos últimas estrofas) o algún otro canto eucarístico.
Al llegar la procesión al lugar donde va a depositarse el Santísimo
Sacramento, el sacerdote deposita el copón y, poniendo de nuevo incienso
en el incensario, lo inciensa arrodillado, mientras se canta la parte final
del himno "Tantum ergo". Enseguida se cierra el tabernáculo
o la urna del depósito.
Después de unos momentos de adoración en silencio, el sacerdote
y los ministros hacen genuflexión y vuelven a la sacristía.
Enseguida se desnuda el altar y, si es posible, se quitan del templo las cruces.
Si algunas no se pueden quitar, es conveniente que queden cubiertas con un velo.
Quienes asistieron a la misa vespertina no están obligados a rezar vísperas.
Exhórtese a los fieles, según las circunstancias y costumbres
del lugar, a dedicar alguna parte de su tiempo, en la noche, a la adoración
delante del Santísimo Sacramento. Esta adoración, después
de la media noche, hágase sin solemnidad.
VIERNES SANTO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR
Santos: Marcelino de Roma, mártir, y Celestino I, papa.
Hoy y mañana, por una antiquísima tradición, la Iglesia omite por completo la celebración del sacrificio eucarístico.
El altar debe estar desnudo por completo: sin cruz, sin candelabros y sin manteles.
Después del mediodía, alrededor de las tres de la tarde, a no ser que por razón pastoral se elija una hora más avanzada, se celebra la Pasión del Señor, que consta de tres partes: liturgia de la Palabra, adoración de la cruz y sagrada comunión.
En este día la sagrada comunión se distribuye a los fieles únicamente dentro de la celebración de la Pasión del Señor; pero a los enfermos que no puedan tomar parte en esta celebración, se les puede llevar a cualquier hora del día.
El sacerdote y el diácono,
revestidos de color rojo, como para la misa, se dirigen al altar, y hecha la
debida reverencia, se postran rostro en tierra o, si se juzga mejor, se arrodillan,
y todos oran en silencio durante algún espacio de tiempo.
Después el sacerdote, con los ministros, se dirige a la sede, donde,
vuelto hacia el pueblo, con las manos juntas, dice una de las siguientes oraciones:
ORACIÓN
No se dice "Oremos".
Padre nuestro misericordioso, santifica y protege siempre a esta familia tuya, por cuya salvación derramó su Sangre y resucitó glorioso Jesucristo, tu Hijo. El cual vive y reina por los siglos de los siglos. R/. Amén.
O bien:
Tú que con la Pasión de Cristo, Hijo tuyo y Señor nuestro, nos libraste de la muerte, que heredamos todos a consecuencia del primer pecado, concédenos, Señor, a cuantos por nacimiento somos pecadores, asemejarnos plenamente, por tu gracia, a Jesucristo, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. R/. Amén.
Primera parte
Luego todos se sientan y se hace la primera lectura, tomada del profeta Isaías, con su salmo.
LITURGIA DE LA PALABRA
Lectura del libro del profeta Isaías: 52,13-53,12
He aquí que mi siervo
prosperará, será engrandecido y exaltado, será puesto en
alto. Muchos se horrorizaron al verlo, porque estaba desfigurado su semblante,
que no tenía ya aspecto de hombre; pero muchos pueblos se llenaron de
asombro. Ante él los reyes cerrarán la boca, porque verán
lo que nunca se les había contado y comprenderán lo que nunca
se habían imaginado.
¿Quién habrá de creer lo que hemos anunciado? ¿A
quién se le revelará el poder del Señor? Creció
en su presencia como planta débil, como una raíz en el desierto.
No tenía gracia ni belleza. No vimos en él ningún aspecto
atrayente; despreciado y rechazado por los hombres, varón de dolores,
habituado al sufrimiento; como uno del cual se apaña la mirada, despreciado
y desestimado.
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores;
nosotros lo tuvimos por leproso, herido por Dios y humillado, traspasado por
nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Él soportó
el castigo que nos trae la paz. Por sus llagas hemos sido curados.
Todos andábamos errantes como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y
el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.
Cuando lo maltrataban, se humillaba y no abría la boca, como un cordero
llevado a degollar; como oveja ante el esquilador, enmudecía no abría
la boca.
Inicuamente y contra toda justicia se lo llevaron. ¿Quién se preocupó
de su suerte? Lo arrancaron de la tierra de los vivos, lo hirieron de muerte
por los pecados de mi pueblo, le dieron sepultura con los malhechores a la hora
de su muerte, auque no había cometido crímenes, ni hubo engaño
en su boca.
El Señor quiso triturarlo con el sufrimiento. Cuando entregue su vida
como expiación, verá a sus descendientes, prolongará sus
años y por medio de él prosperarán los designios del Señor.
Por las fatigas de su alma, verá la luz y se saciará; con sus
sufrimientos justificará mi siervo a muchos, cargando con los crímenes
de ellos.
Por eso le daré una parte entre los grandes, y con los fuertes repartirá
despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y fue contado entre
los malhechores, cuando tomó sobre sí las culpas de todos e intercedió
por los pecadores. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Los cristianos releyeron a los profetas a la luz de Jesucristo. No es el Antiguo Testamento el que explica la vida de Jesús, sino a la inversa. La vida de Jesús llena de sentido las profecías antiguas.
Del salmo 30 R/. Padre,
en tus manos encomiendo mi espíritu.
A ti, Señor, me acojo, que no quede yo nunca defraudado. En tus manos
encomiendo mi espíritu, y tú, mi Dios leal, me librarás.
R/.
Se burlan de mí mis enemigos, mis vecinos y parientes de mí se
espantan, los que me ven pasar huyen de mí. Estoy en el olvido, como
un muerto, como un objeto tirado en la basura. R/.
Pero yo, Señor, en ti confío. Tú eres mi Dios, y en tus
manos está mi destino. Líbrame de los enemigos que me persiguen.
R/.
Vuelve, Señor, tus ojos a tu siervo y sálvame, por tu misericordia.
Sean fuertes y valientes de corazón, ustedes, los que esperan en el Señor.
R/.
A continuación se hace la segunda lectura, tomada de la carta a los hebreos, con el canto antes del Evangelio,
Lectura de la carta a los hebreos: 4, 14-16; 5, 7-9
Hermanos: Jesús,
el Hijo de Dios, es nuestro sumo sacerdote, que ha entrado en el cielo. Mantengamos
firme la profesión de nuestra fe. En efecto, no tenemos un sumo sacerdote
que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que él
mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado. Acerquémonos,
por lo tanto, con plena confianza al trono de la gracia, para recibir misericordia,
hallar la gracia y obtener ayuda en el momento oportuno.
Precisamente por eso, Cristo, durante su vida mortal, ofreció oraciones
y súplicas con fuertes voces y lágrimas, a aquel que podía
librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el
Hijo, aprendió a obedecer padeciendo, y llegado a su perfección,
se convirtió en la causa de la salvación eterna para todos los
que lo obedecen. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.