VIERNES 1

Santos: JosŽ Obrero y Jerem’as, profeta. Beato Clemente Septyckyj, m‡rtir. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Ap 5, 12)

Digno es el Cordero que fue sacrificado de recibir el poder, la riqueza, la sabidur’a, la fuerza y el honor. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios todopoderoso, que nos has dado la gracia de conocer la resurrecci—n de tu Hijo, haz que resucitemos a una vida nueva por medio de tu Esp’ritu de amor. Por nuestro Se–or Jesucristo...

SAN JOSƒ OBRERO

ANTêFONA DE ENTRADA (Sal 127, 1-2)

Dichoso el que teme al Se–or y cumple su voluntad. ƒl gozar‡ Žl fruto de su trabajo, tendr‡ prosperidad y alegr’a. Aleluya

ORACIîN COLECTA

Dios nuestro, Creador del universo, que has querido que el hombre colabore con su trabajo al perfeccionamiento de tu obra y al bien de sus hermanos, por intercesi—n de san JosŽ, y a ejemplo suyo, concŽdenos comprender y realizar la misi—n que nos has encomendado aqu’, a cada uno. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 9, 1-20

En aquellos d’as, Saulo, amenazando todav’a de muerte a los disc’pulos del Se–or, fue a ver al sumo sacerdote y le pidi—, para las sinagogas de Damasco, cartas que lo autorizaran para traer presos a JerusalŽn a todos aquellos hombres y mujeres seguidores del Camino. Pero sucedi— que, cuando se aproximaba a Damasco, una luz del cielo lo envolvi— de repente con su resplandor. Cay— por tierra y oy— una voz que le dec’a: "Saulo, Saulo, Àpor quŽ me persigues?". Pregunt— Žl: "ÀQuiŽn eres, Se–or?". La respuesta fue: "Yo soy Jesœs, a quien tœ persigues. Lev‡ntate. Entra en la ciudad y all’ se te dir‡ lo que tienes que hacer". Los hombres que lo acompa–aban en el viaje se hab’an detenido, mudos de asombro, pues oyeron la voz, pero no vieron a nadie. Saulo se levant— del suelo, y aunque ten’a abiertos los ojos, no pod’a ver. Lo llevaron de la mano hasta Damasco y all’ estuvo tres d’as ciego, sin comer ni beber. 
Hab’a en Damasco un disc’pulo que se llamaba Anan’as, a quien se le apareci— el Se–or y le dijo: "Anan’as". ƒl respondi—: ''Aqu’ estoy, Se–or". El Se–or le dijo: "Ve a la calle principal y busca en casa de Judas a un hombre de Tarso, llamado Saulo, que est‡ orando". Saulo tuvo tambiŽn la visi—n de un hombre llamado Anan’as, que entraba y le impon’a las manos para que recobrara la vista. 
Anan’as contest—: "Se–or, he o’do a muchos hablar de ese individuo y del da–o que ha hecho a tus fieles en JerusalŽn. Adem‡s, trae autorizaci—n de los sumos sacerdotes para poner presos a todos los que invocan tu nombre". Pero el Se–or le dijo: "No importa. Tœ ve all‡, porque yo lo he escogido como instrumento, para que me dŽ a conocer a las naciones, a los reyes y a los hijos de Israel. Yo le mostrarŽ cu‡nto tendr‡ que padecer por mi causa". 
Anan’as fue all‡, entr— en la casa, le impuso las manos a Saulo y le dijo: "Saulo, hermano, el Se–or Jesœs, que se te apareci— en el camino, me env’a para que recobres la vista y quedes lleno del Esp’ritu Santo". Al instante, algo como escamas se le desprendi— de los ojos y recobr— la vista. Se levant— y lo bautizaron. Luego comi— y recuper— las fuerzas. Se qued— unos d’as con los disc’pulos en Damasco y las sinagogas, afirmando que Jesœs era el Hijo de Dios Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Ver o no ver. Saulo cre’a tener los ojos abiertos y sin embargo no ve’a. Necesitaba reconocer su extrav’o y dejarse guiar por Anan’as para ser llenado con la fuerza del Esp’ritu Santo.

Del salmo 116 R/. Que aclamen al Se–or todos los pueblos. Aleluya.

Que alaben al Se–or todas las naciones, que lo aclamen todos los pueblos. R/. 
Porque grande es su amor hacia nosotros y su fidelidad dura por siempre. R/.

ACLAMACIîN (Jn 6, 56) R/. Aleluya, aleluya. 
El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en m’ y yo en Žl, dice el Se–or. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 6, 52 59

En aquel tiempo, los jud’os se pusieron a discutir entre s’: "ÀC—mo puede Žste darnos a comer su carne?". 
Jesœs les dijo: "Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podr‡n tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitarŽ el œltimo d’a. 
Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en m’ y yo en Žl. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo, por ƒl, as’ tambiŽn el que me come vivir‡ por m’. ƒste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el man‡ que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivir‡ para siempre". 
Esto lo dijo Jesœs ense–ando en la sinagoga de Cafarnaœm. Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

ACLAMACIîN (Sal 67, 20) R/. Aleluya, aleluya. 
Bendito sea el Se–or d’a tras d’a, que nos lleve en sus alas y nos salve. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Mateo: 13, 54-58

En aquel tiempo, Jesœs lleg— a su tierra y se puso a ense–ar a la gente en la sinagoga, de tal forma que todos estaban asombrados y se preguntaban: "ÀDe d—nde ha sacado Žste esa sabidur’a y esos poderes milagrosos? ÀAcaso no es Žste el hijo del carpintero? ÀNo se llama Mar’a su madre y uno son sus hermanos Santiago, JosŽ, Sim—n y Judas? ÀQuŽ no viven entre nosotros todas sus hermanas? ÀDe d—nde, pues, ha sacado todas estas cosas?". Y se negaban a creer en El. 
Entonces, Jesœs les dijo: "Un profeta no es despreciado m‡s que en su patria y en su casa". Y no hizo muchos milagros ah’ por la incredulidad de ellos. Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Los habitantes de Nazaret, probablemente emparentados en su mayor’a con Jesœs, se desconciertan ante la inexplicable autoridad con la cual Dios actœa en el hijo de JosŽ y Mar’a.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucar’stico, y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN

Cristo, que muri— en la cruz, ha resucitado ya y nos ha redimido. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Te suplicamos, Se–or, que esta Eucarist’a, que tu Hijo nos mand— celebrar en memoria suya y en la cu‡l hemos participado, nos una cada vez m‡s con el v’nculo de tu amor.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios de toda bondad, acepta, los dones que te presentamos en esta: fiesta de san JosŽ Obrero, y haz que esta Eucarist’a sea para nosotros fuente de vida cristiana y salvaci—n eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio de san JosŽ: en la conmemoraci—n.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Col 3. 17).

Todo lo que hagan de palabra o de obra, h‡ganlo en el nombre de Jesœs, el Se–or, dando gracias por su medio a Dios Padre. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Que el amor que nos has manifestado al hacemos part’cipes de esta Eucarist’a, sea para nosotros, Se–or, el est’mulo para cumplir con nuestras obligaciones diarias y la raz—n profunda de nuestra paz interior. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

SçBADO 2

Santos: Atanasio de Alejandr’a, doctor de la Iglesia, y JosŽ Nguyen Van Luu y compa–eros, m‡rtires. Beata Mafalda de Portugal religiosa.

V’speras I del Domingo: 4a semana del Salterio Memoria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Dn 12, 3)

Los sabios brillar‡n como el fulgor del firmamento; y los que ense–aron a muchos la justicia, ser‡n como estrellas eternas. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que en el santo obispo Atanasio otorgaste a la Iglesia un insigne defensor de la divinidad de tu Hijo, concŽdenos, por su intercesi—n, crecer cada d’a m‡s en tu conocimiento y en tu amor. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 9, 31-42

En aquellos d’as, las comunidades cristianas gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria, con lo cual se iban consolidando, progresaban en la fidelidad a Dios y se multiplicaban, animadas por el Esp’ritu Santo. Pedro recorr’a toda la regi—n y una vez fue a visitar a los fieles que viv’an en Lida. Ah’ encontr— a un hombre, llamado Eneas, que ten’a ya ocho a–os de estar en cama, paral’tico. Pedro le dijo: "Eneas, Jesucristo te da la salud. Lev‡ntate y tiende tu cama". Eneas se levant— inmediatamente; y todos los habitantes de Lida y de la llanura de Sar—n que lo vieron, se convirtieron al Se–or. 
Hab’a en Jafa, entre los disc’pulos, una mujer llamada Tabit‡ (que significa "gacela"), la cual hac’a infinidad de obras buenas y repart’a limosnas. En aquellos d’as cay— enferma y muri—. Lavaron su cad‡ver y lo tendieron en una habitaci—n del segundo piso. Como Lida est‡ cerca de Jafa, los disc’pulos, sabiendo que Pedro estaba all‡, enviaron dos hombres para suplicarle que fuera a Jafa sin tardar. Pedro fue con ellos. Tan pronto como lleg—, lo condujeron a la habitaci—n del segundo piso. All’ lo rodearon todas las viudas, llorando y mostr‡ndole las tœnicas y los vestidos que Tabit‡ les hab’a hecho, cuando aœn viv’a. 
Pedro mand— salir a todos, se postr— de rodillas y se puso a orar; luego, dirigiŽndose a la muerta, dijo: "Tabit‡, lev‡ntate". Ella abri— los ojos y al ver a Pedro, se incorpor—. ƒl la tom— de la mano y la levant—; llam— a los fieles y a las viudas y se las entreg— viva. Esto se supo por toda Jafa y muchos creyeron en el Se–or. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

El mensaje que tales relatos nos transmiten es un‡nime, el evangelio cristiano es una fuerza transformadora que devuelve la salud y la alegr’a de vivir a los desvalidos.

Del salmo 115 R/. ÀC—mo le pagarŽ al Se–or todo el bien que me ha hecho? Aleluya. 
ÀC—mo le pagarŽ al Se–or todo el bien que me ha hecho? LevantarŽ el c‡liz de salvaci—n e invocarŽ el nombre del Se–or. R/. 
CumplirŽ mis promesas al Se–or ante todo su pueblo. A los ojos de Dios es muy penoso que mueran sus amigos. R/. 
De la muerte, Se–or, me has librado, a m’, tu esclavo e hijo de tu esclava. Te ofrecerŽ con gratitud un sacrificio e invocarŽ tu nombre. R/.

ACLAMACIîN (cfr. Jn 6, 63. 68) R/. Aleluya, aleluya. 
Tus palabras, Se–or, son esp’ritu y vida. Tœ tienes palabras de vida eterna. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 6, 60-69 .

En aquel tiempo, muchos disc’pulos de Jesœs dijeron al o’r sus palabras: "Este modo de hablar es intolerable, ÀquiŽn puede admitir eso?". 
D‡ndose cuenta Jesœs de que sus disc’pulos murmuraban, les dijo: "ÀEsto los escandaliza? ÀQuŽ ser’a si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Esp’ritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son esp’ritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen". (En efecto, Jesœs sab’a desde el principio quiŽnes no cre’an y quiŽn lo habr’a de traicionar.) DespuŽs a–adi—: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a m’, si el Padre no se lo concede". 
Desde entonces, muchos de sus disc’pulos se echaron para atr‡s y ya no quer’an andar con ƒl. Entonces Jesœs les dijo a los Doce: "ÀTambiŽn ustedes quieren dejarme?". Sim—n Pedro le respondi—: "Se–or, Àa quiŽn iremos? Tœ tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tœ eres el Santo de Dios". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Las palabras de Jesœs no son simples fonemas huecos; al contrario, son ense–anzas cargadas de una fuerza vivificante que renuevan internamente a quien las acoge.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Que el sacrificio que vamos a ofrecerte en la festividad de san Atanasio, nos ayude, Se–or, a vivir conforme a la fe que Žl profes— y a obtener as’ la salvaci—n eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (1 Co 1, 23-24)

Nosotros proclamamos a Cristo crucificado: fuerza de Dios y sabidur’a de Dios. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN


Que tu Hijo, Jesucristo, en cuya divinidad creemos firmemente con san Atanasio nos comunique, Se–or, tu propia vida por medio de este sacramento. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

DOMINGO 3

IV. DOMINGO DE PASCUA

La Santa Cruz

Santos: Santa Maura de Egipto, m‡rtir. Beato Eduardo JosŽ Rosaz, obispo. (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Sal 32, 5-6)

Alabemos al Se–or llenos de gozo, porque la tierra est‡ llena de su amor y su palabra hizo los cielos. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios omnipotente y misericordioso, gu’anos a la felicidad eterna de tu Reino, a fin de que el peque–o reba–o de tu Hijo pueda llegar seguro a donde ya est‡ su Pastor, resucitado, que vive y reina contigo en la unidad del Esp’ritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 4,8-12

En aquellos d’as, Pedro, lleno del Esp’ritu Santo, dijo: "Jefes del pueblo y ancianos: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, para saber c—mo fue curado, sŽpanlo ustedes y sŽpalo todo el pueblo de Israel: Este hombre ha quedado sano en el nombre de Jesœs de Nazaret, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucit— de entre los muertos. Este mismo Jesœs es la piedra que ustedes, los constructores, han desechado y que ahora es la piedra angular. Ningœn otro puede salvamos, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvamos". Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Pedro comienza a reinterpretar los acontecimientos con la mirada puesta en Jesœs. El poder del resucitado es el que realiza las maravillas que Dios obra por su medio.

Del salmo 117 R/. La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Aleluya. 
Te damos gracias, Se–or, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. M‡s vale refugiarse en el Se–or, que poner en los hombres la confianza; m‡s vale refugiarse en el Se–or, que buscar con los fuertes una alianza. R/. 
Te doy gracias, Se–or, pues me escuchaste y fuiste para m’ la salvaci—n, La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Se–or, es un milagro patente. R/.

Bendito el que viene en nombre del Se–or. Que Dios desde su templo nos bendiga. Tœ eres mi Dios, y te doy gracias. Tœ eres mi Dios, y yo te alabo. Te damos gracias, Se–or, porque eres bueno, porque tu misericordia es eterna. R/.

Lectura de la primera carta del ap—stol san Juan: 3, 1-2

Queridos hijos: Miren cu‡nto amor nos ha tenido el Padre, pues no s—lo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos. Si el mundo no nos reconoce, es porque tampoco lo ha reconocido a ƒl. 
Hermanos m’os, ahora somos hijos de Dios, pero aœn no se ha manifestado c—mo seremos al fin. Y ya sabemos que, cuando ƒl se manifieste, vamos a ser semejantes a ƒl, porque lo veremos tal cual es. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

A sabiendas de que somos hijos de Dios, los cristianos estamos ciertos y seguros de quŽ compartimos una dignidad comœn, por lo que nos urge, a amar y respetar a nuestros Iguales.

ACLAMACIîN (Jn 10, 14) R/. Aleluya, aleluya. 
Yo soy el buen pastor, dice el Se–or; yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a m’. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 10, 11-18

'En aquel tiempo, Jesœs dijo a los fariseos: "Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas. En cambio, el asalariado, el que no es el pastor ni el due–o de las ovejas, cuando ve venir al lobo; abandona las ovejas y huye; el lobo se arroja sobre ellas y las dispersa, porque a un asalariado no le importan las ovejas. 
Yo soy el buen pastor, porque conozco a mis ovejas y ellas me conocen a m’, as’ como el Padre me conoce a m’ y yo conozco al Padre. Yo doy la Vida por mis ovejas. Tengo adem‡s otras ovejas que no son de este redil y es necesario que las traiga tambiŽn a ellas; escuchar‡n mi voz y habr‡ un solo reba–o y un solo pastor. El Padre me ama porque doy mi vida para volverla a tomar. Nadie me la quita; yo la doy porque quiero. Tengo poder para darla y lo tengo tambiŽn para volverla a tomar. ƒste es el mandato que he recibido de mi Padre". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Los pastores ejemplares escasean. Siempre han escaseado. Jesœs es un pastor at’pico, decidido, a entregar su vida para salvaguardar la de sus hermanos.

Credo.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

ConcŽdenos, Se–or, que este sacrificio pascual que vamos a ofrecerte nos llene siempre de alegr’a, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN

Ha resucitado Jesœs, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y que se dign— morir para salvarnos. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Vela, Se–or, con solicitud, por las ovejas que rescataste con la Sangre preciosa de tu Hijo, para que puedan alcanzar, un d’a, la felicidad eterna de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

UNA REFLEXIîN PARA NUESTRO TIEMPO.- Cuando sufrimos los embates del pragmatismo y el predominio de las mentalidades preocupadas por la eficiencia, nos resulta dif’cil admitir la nobleza de las personas que se despojan de su vida, del don m‡s valioso que han recibido, para acrecentar o salvaguardar la vida de otras personas. El misterio esencial que profesamos confiesa que Jesœs vivi— compasivamente, entregando su existencia para que hombres y mujeres experiment‡ramos la incomparable misericordia divina. Su proceder nos parece del todo razonable cuando consideramos s—lo su naturaleza divina. Mientras Dios practique la entrega total en provecho nuestro nos entusiasmamos. Lo en verdad importante es que nos decidamos a vivir en compasi—n y justicia con nosotros mismos y con nuestros pr—jimos.

 

LUNES 4

Santos: Felipe y Santiago, ap—stoles; Ceferino JimŽnez, m‡rtir, y Silvano de Gaza, m‡rtir. Fiesta

ANTêFONA DE ENTRADA

Estos santos varones han sido escogidos por Dios en su infinito amor y han recibido de ƒl la gloria eterna. Aleluya.

Se dice Gloria.

ORACIîN COLECTA

Se–or, tœ que llenas de alegr’a a tu Iglesia con la festividad de los santos ap—stoles Felipe y Santiago, concŽdenos, por su intercesi—n, vivir, como ellos, unidos a tu Hijo para que podamos llegar a contemplarte eternamente. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura de la primera carta del ap—stol san Pablo a los corintios: 15, 1-8

Hermanos: Les recuerdo el Evangelio que yo les prediquŽ y que ustedes aceptaron y en el cual est‡n firmes. Este Evangelio los salvar‡, si lo cumplen tal y como yo lo prediquŽ. De otro modo, habr‡n cre’do en vano. Les transmit’, ante todo, lo que yo mismo recib’: 
Que Cristo muri— por nuestros pecados, como dicen las Escrituras; que fue sepultado y que resucit— al tercer d’a, segœn estaba escrito; que se le apareci— a Pedro y luego a los Doce; despuŽs se apareci— a m‡s de quinientos hermanos reunidos, la mayor’a de los cuales vive aœn y otros ya murieron. M‡s tarde se le apareci— a Santiago y luego a todos los ap—stoles. Finalmente, se me apareci— tambiŽn a m’. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Los testigos privilegiados de la experiencia pascual de Jesœs nos comparten sus vivencias. Jesœs crucificado y sepultado, vive para siempre a la diestra del Padre.

Del salmo 18 R/. El mensaje del Se–or llega a toda la tierra. Aleluya. 
Los cielos proclaman la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un d’a comunica su mensaje al otro d’a y una noche se lo transmite a la otra noche. R/. 
Sin que los cielos pronuncien una palabra, sin que resuene su voz, a toda la tierra llega su sonido y su mensaje hasta el fin del mundo. R/.

ACLAMACIîN (Jn 14, 6. 9) R/. Aleluya, aleluya. 
Yo soy el camino, la verdad y la vida, dice el Se–or. Felipe, el que me ve a m’, ve tambiŽn al Padre. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 14, 6-14

En aquel tiempo, Jesœs dijo a Tom‡s: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por m’. Si ustedes me conocen a m’, conocen tambiŽn a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto". 
Le dijo Felipe: "Se–or, muŽstranos al Padre y eso nos basta". Jesœs le replic—: "Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, Ày todav’a no me conoces? Quien me ha visto a m’, ha visto al Padre. ÀEntonces por quŽ dices: 'MuŽstranos al Padre'? ÀO no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre est‡ en m’? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en m’, quien hace las obras. CrŽanme: yo estoy en el Padre y el Padre est‡ en m’. Si no me dan fe a m’, crŽanlo por las obras. 
Yo les aseguro: el que crea en m’, har‡ las obras que hago yo y las har‡ aun mayores, porque yo me voy al Padre; y cualquier cosa que pidan en mi nombre, yo la harŽ para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Yo harŽ cualquier cosa que me pidan en mi nombre". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Jesœs reclama vivir en uni—n ’ntima con Dios Padre. Su alegato no est‡ vac’o, sino cargado de verdad. Quien ama tan profundamente a los hombres como Jesœs, tiene que estar unido al Padre.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, los dones que te presentamos en esta festividad de tus santos ap—stoles Felipe y Santiago, y concŽdenos celebrar esta Eucarist’a con sinceridad y pureza. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I o II de los Ap—stoles.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 14, 8-9)

Se–or, muŽstranos al Padre y nos basta. Felipe, el que me ha visto a m’, ha visto tambiŽn a mi Padre. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Que esta sagrada comuni—n purifique, Se–or, nuestros corazones, a fin de que podamos, como Felipe y Santiago, conocerte y amarte en tu Hijo y obtengamos as’ la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

MARTES 5

Santos: Hilario de ArlŽs, obispo; çngel de Sicilia, m‡rtir, y Peregrino Laziosi de Forl’, religioso. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Ap 19. 7. 6)

AlegrŽmonos, regocijŽmonos y demos gracias, porque el Se–or, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios Padre todopoderoso, concede a quienes celebramos la resurrecci—n de Cristo, vivir plenamente la alegr’a de nuestra salvaci—n. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 11, 19-26

En aquellos d’as, algunos de los que se hab’an dispersado, huyendo de la persecuci—n desatada despuŽs de la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioqu’a; pero predicaban el Evangelio solamente a los jud’os. Sin embargo, hubo entre ellos algunos chipriotas y cirenenses, que al llegar a Antioqu’a, comenzaron a dirigirse tambiŽn a los griegos y a predicarles el Evangelio del Se–or Jesœs. Y como la mano del Se–or estaba con ellos, muchos se convirtieron y abrazaron la fe. Cuando llegaron estas noticias a la comunidad cristiana de JerusalŽn, BernabŽ fue enviado a Antioqu’a. Lleg— BernabŽ, y viendo la acci—n de la gracia de Dios, se alegr— mucho; y como era hombre bueno, lleno del Esp’ritu Santo y de fe, exhort— a todos a que, firmes en su prop—sito, permanecieran fieles al Se–or. As’ se gan— para el Se–or una gran muchedumbre. 
Entonces BernabŽ parti— hacia Tarso, en busca de Saulo; y cuando lo encontr—, lo llev— consigo a Antioqu’a. Ambos vivieron durante todo un a–o en esa comunidad y ense–aron a mucha gente. All’, en Antioqu’a, fue donde por primera vez los disc’pulos recibieron el nombre de "cristianos". Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Esteban rescata a Pablo de su enclaustramiento en Tarso, lo asocia al vigoroso plan misionero que empujaba la Iglesia de Antioquia. As’ da comienzo la enorme labor misionera de Saulo.

Del salmo 86 R/. Alaben al Se–or todos los pueblos. Aleluya. 
JerusalŽn gloriosa, el Se–or ha puesto en ti su templo. Tœ eres m‡s querida para Dios que todos los santuarios de Israel. R/. 
De ti, JerusalŽn, ciudad del Se–or, se dir‡n maravillas. Egipto y Babilonia adorar‡n al Se–or; los filisteos, con Tiro y Etiop’a, ser‡n como tus hijos. R/. 
Y de ti, JerusalŽn, afirmar‡n: "Todos los pueblos han nacido en ti y el Alt’simo es tu fortaleza". R/. 
El Se–or registrar‡ en el libro de la vida a cada pueblo, convertido en ciudadano tuyo; y todos los pueblos te cantar‡n, bailando: "Tœ eres la fuente de nuestra salvaci—n". R/.

ACLAMACIîN (Jn 10, 27) R/. Aleluya, aleluya. 
Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Se–or; yo las conozco y ellas me siguen. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 10, 22-30

Por aquellos d’as, se celebraba en JerusalŽn la fiesta de la dedicaci—n del templo. Era invierno. Jesœs se paseaba por el templo, bajo el p—rtico de Salom—n. Entonces lo rodearon los jud’os y le preguntaron: "ÀHasta cu‡ndo nos vas a tener en suspenso? Si tœ eres el Mes’as, d’noslo claramente". 
Jesœs les respondi—: "Ya se los he dicho y no me creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de m’, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecer‡n jam‡s; nadie, las arrebatar‡ de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y El es superior a todos, y nadie puede arrebatadas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

La cuesti—n de la identidad mesi‡nica de Jesœs no es un problema que se aborde desde la neutralidad. Quien se dispone a escuchar sus palabras, se asoma a su misterio.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

ConcŽdenos, Se–or, que este sacrificio pascual que vamos a ofrecerte nos llene siempre de alegr’a, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (cfr. Lc 24, 46. 26)

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y as’ entrara luego en su gloria. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio de nuestra redenci—n, nos ayuden, Se–or, a cumplir tus mandamientos y a obtener, as’, nuestra felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

MIƒRCOLES 6

Santos: San Evodio de Antioquia, m‡rtir, y Domingo Savio, laico. Beato Francisco Montmarency Laval, obispo. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Sal 17, 50; 21. 23)

Te alabarŽ, Se–or, ante los hombres y hablarŽ a mis hermanos de tu poder y tu misericordia. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios nuestro, vida de los creyentes, gloria de los humildes, felicidad de los justos, escucha nuestras sœplicas y sacia, con la abundancia de tus dones, la sed de quienes esperamos en tus promesas. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 12, 24-13, 5

En aquel tiempo, la palabra del Se–or cund’a y se propagaba. Cumplida su misi—n en JerusalŽn, Saulo y BernabŽ regresaron a Antioqu’a, llevando consigo a Juan Marcos. 
Hab’a en la comunidad cristiana de Antioqu’a algunos profetas y maestros, como BernabŽ, Sim—n (apodado el "Negro"), Lucio el de Cirene, ManahŽn (que se cri— junto con el tetrarca Herodes) y Saulo. Un d’a estaban ellos ayunando y dando culto al Se–or, y el Esp’ritu Santo les dijo: "ResŽrvenme a Saulo y a BernabŽ para la misi—n que les tengo destinada". Todos volvieron a ayunar y a orar; despuŽs les impusieron las manos y los despidieron. 
As’, enviados por el Esp’ritu Santo, Saulo y BernabŽ fueron a Seleucia y zarparon para Chipre. Al llegar a Salamina, anunciaron la palabra de Dios en las sinagogas de los jud’os. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

El dinamismo misionero de la iglesia de Antioquia se consolida, por esa raz—n algunos de los profetas y maestros que animaban dicha comunidad emprendieron una misi—n entusiasta.

Del salmo 66 R/. Que te alaben, Se–or, todos los pueblos. Aleluya.

Ten piedad de nosotros y bend’cenos; vuelve, Se–or, tus ojos a nosotros. Que conozca la tierra tu bondad y los pueblos tu obra salvadora. R/. 
Las naciones con jœbilo te canten, porque juzgas al mundo con justicia; con equidad tœ juzgas a los pueblos y riges en la tierra a las naciones. R/. 
Que te alaben, Se–or, todos los pueblos, que los pueblos te aclamen todos juntos. Que nos bendiga Dios y que le rinda honor el mundo entero. R/.

ACLAMACIîN (Jn 8, 12) R/. Aleluya, aleluya. 
Yo soy la luz del mundo, dice el Se–or; el que me sigue tendr‡ la luz de la vida. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 12, 44-50

En aquel tiempo, exclam— Jesœs con fuerte voz: "El que cree en m’, no cree en m’, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a m’, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en m’ no siga en tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las pone en pr‡ctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo. El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenar‡n en el œltimo d’a. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envi—, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sŽ que su mandamiento es vida eterna. As’, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Jesœs asume la misi—n de iluminar al mundo con esperanza y entusiasmo. Su autoridad moral se despliega benŽvolamente sobre quienes se dejan atraer por el Padre.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios nuestro, que por medio de estos dones que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos haces participar de tu misma vida divina, concŽdenos que nuestra conducta ponga de manifiesto las verdades que nos has revelado. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (cfr. Jn 15. 16. 19)

Soy yo quien los ha elegido del mundo, dice el Se–or, y los ha destinado para que vayan y produzcan fruto, y su fruto perdure. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Se–or, tœ que nos has concedido participar en esta Eucarist’a, m’ranos con bondad y ayœdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para poder vivir corno hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

JUEVES 7

Santas: Rosa Venerini, fundadora; Flavia o Domitila de Roma, m‡rtir, y Juan de Beverley, obispo. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (cfr. Sal 67, 8-9.20)

Cuando saliste, Se–or, al frente de tu pueblo y le abriste camino a travŽs del desierto, la tierra se estremeci— y hasta los cielos se fundieron. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios de inefable misericordia, que, al redimir al hombre, le otorgaste una dignidad mayor que la que tuvo en sus or’genes, bendice a quienes te has dignado hacernos hijos tuyos por medio del bautismo y conserva siempre en nosotros tu gracia. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 13, 13-25

En aquellos d’as, Pablo y sus compa–eros se hicieron a la mar en Pafos; llegaron a Perge de Panfilia, y all’ Juan Marcos los dej— y volvi— a JerusalŽn. Desde Perge siguieron hasta Antioqu’a de Pisidia, y el s‡bado entraron en la sinagoga y tomaron asiento. Acabada la lectura de la ley y los profetas, los jefes de la sinagoga les mandaron decir: "Hermanos, si tienen alguna exhortaci—n que hacer al pueblo, hablen". 
Entonces se levant— Pablo, y haciendo se–al de silencio con la mano les dijo: "Israelitas y cuantos temen a Dios, escœchenme: El Dios del pueblo de Israel eligi— a nuestros padres, engrandeci— al pueblo cuando Žste viv’a como forastero en Egipto, lo sac— de all’ con todo su poder, lo aliment— en el desierto durante cuarenta a–os, aniquil— siete tribus del pa’s de Cana‡n y dio el territorio de ellas en posesi—n a Israel por cuatrocientos cincuenta a–os. Posteriormente les dio jueces, hasta el tiempo del profeta Samuel. 
Pidieron luego un rey, y Dios les dio a Saœl, hijo de Quis, de la tribu de Benjam’n, que rein— cuarenta a–os. DespuŽs destituy— a Saœl y les dio por rey a David, de quien hizo esta alabanza: He hallado a David, hijo de JesŽ, hombre segœn mi coraz—n, quien realizar‡ todos mis designios. Del linaje de David, conforme a la promesa, Dios hizo nacer para Israel un salvador, Jesœs. Juan prepar— su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia, y hacia el final de su vida, Juan dec’a: 'Yo no soy el que ustedes piensan. DespuŽs de m’ viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias' ". Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Pablo proclama la palabra a los hermanos jud’os de Pisidia y les comparte la fe que reciŽn acoge: Dios constituye a Jesœs como salvador de Israel.

Del salmo 88 R/. ProclamarŽ sin cesar la misericordia del Se–or. Aleluya. 
ProclamarŽ sin cesar la misericordia del Se–or y darŽ a conocer que su fidelidad es eterna, pues el Se–or ha dicho: "Mi amor es para siempre y mi lealtad, m‡s firme que los cielos. R/. 
He encontrado a David, mi servidor, y con mi aceite santo lo he ungido. Lo sostendr‡ mi mano y le dar‡ mi brazo fortaleza. R/. 
Contar‡ con mi amor y mi lealtad y su poder aumentar‡ en mi nombre. ƒl me podr‡ decir: 'Tœ eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva' ". R/.

ACLAMACIîN (cfr. Ap 1, 5) R/. Aleluya, aleluya. 
Se–or Jesœs, testigo fiel, primogŽnito de entre los muertos, tu amor por nosotros es tan grande que has lavado nuestras culpas con tu sangre. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 13, 16-20

En aquel tiempo, despuŽs de lavarles los pies a sus disc’pulos, Jesœs les dijo: "Yo les aseguro: el sirviente no es m‡s importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo env’a. Si entienden esto y lo ponen en pr‡ctica, ser‡n dichosos. No lo digo por todos ustedes, porque yo sŽ a quiŽnes he escogido. Pero esto es para que se cumpla el pasaje de la Escritura, que dice: El que comparte mi pan me ha traicionado. Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy. Yo les aseguro: el que recibe al que yo env’o, me recibe a m’; y el que me recibe a m’, recibe al que me ha enviado". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Jesœs decide entregar su vida, porque intuye que ese era el designio del Padre. No le toman desprevenido ni le madrugan. Se dona por nosotros al Padre para ser recibido en su Gloria.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, las ofrendas que te presentamos, y purifica nuestros corazones para que podamos participar dignamente en este sacramento de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Mt 28, 20)

Yo estarŽ con ustedes todos los d’as hasta el fin del mundo. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo resucitado nos has hecho renacer a la vida eterna, haz que este misterio pascual en el que acabamos de participar por medio de la Eucarist’a, dŽ en nosotros abundantes frutos de salvaci—n. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

VIERNES 8

Santos: Benedicto II, papa, y Pedro de Tarantasia, obispo. Beata Mar’a Droste Zu Vischering, religiosa. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Ap 5, 9-10)

Se–or, con tu sangre has rescatado a hombres de todas las razas, lenguas, pueblos y naciones, y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Se–or nuestro, que nos has dado la libertad y la salvaci—n por medio de la Sangre de tu Hijo, concŽdenos vivir siempre para ti y en ti encontrar la felicidad eterna. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 13, 26-33

En aquellos d’as, Pablo continu— su predicaci—n en la sinagoga de Antioqu’a de Pisidia con estas palabras: 
"Hermanos m’os, descendientes de Abraham, y cuantos temen a Dios: Este mensaje de salvaci—n les ha sido enviado a ustedes. Los habitantes de JerusalŽn y sus autoridades no reconocieron a Jesœs, y al condenarlo, cumplieron las palabras de los profetas que se leen cada s‡bado: no hallaron en Jesœs nada que mereciera la muerte y, sin embargo, le pidieron a Pilato que lo mandara ejecutar. Y despuŽs de cumplir todo lo que de ƒl estaba escrito, lo bajaron de la cruz y lo pusieron en el sepulcro. 
Pero Dios lo resucit— de entre los muertos, y ƒl, ya resucitado, se apareci— durante muchos d’as a los que lo hab’an seguido de Galilea a JerusalŽn. Ellos son ahora sus testigos ante el pueblo. 
Nosotros les damos la buena nueva de que la promesa hecha a nuestros padres nos la ha cumplido Dios a nosotros, los hijos, resucitando a Jesœs, como est‡ escrito en el salmo segundo: Tœ eres mi hijo, yo te he engendrado hoy". Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

El ap—stol Pablo recurre a la tradici—n de los salmos y las oraciones de Israel, los relee a partir de la vida de Jesœs y logra descifrar los designios secretos del Padre.

Del salmo 2 R/. Jesucristo es el rey de las naciones. Aleluya. 
El Se–or me ha consagrado como rey de Si—n, su ciudad santa. AnunciarŽ el decreto del Se–or. He aqu’ lo que me dijo: R/. 
"Hijo m’o eres tœ, yo te he engendrado hoy. Te darŽ en herencia las naciones y como propiedad, toda la tierra. Podr‡s gobernadas con cetro de hierro y despedazadas como jarros". R/. 
Escuchen y comprendan estas cosas, reyes y gobernantes de la tierra. Adoren al Se–or con reverencia, s’rvanlo con temor. R/.

ACLAMACIîN (Jn 14, 6) R/. Aleluya, aleluya. 
Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie va al Padre, si no es por m’, dice el Se–or. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 14, 1-6

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean tambiŽn en m’. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera as’, yo se lo habr’a dicho a ustedes, porque voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volverŽ y los llevarŽ conmigo, para que donde yo estŽ, estŽn tambiŽn ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy". 
Entonces Tom‡s le dijo: "Se–or, no sabemos a d—nde vas, Àc—mo podemos saber el camino?". Jesœs le respondi—: "Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por m’". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

El camino cristiano nos conduce al Padre. Hay otros caminos religiosos, pero para quienes nos sabemos herederos de la tradici—n judeocristiana, no hay duda de que Jesœs es camino, verdad y vida.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, con bondad las ofrendas que te presentamos, y ayœdanos a conservar tu gracia para alcanzar un d’a la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Rm 4, 25)

Cristo fue condenado a muerte por nuestros pecados y resucit— para nuestra justificaci—n. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Se–or, que tu amor paterno proteja siempre a quienes has salvado por medio de la pasi—n de tu Hijo, y que Cristo resucitado sea la fuente de todas nuestras alegr’as. ƒl, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

SçBADO 9

Santos: Pacomio de la Tebaida, abad; Catalina de Bolonia, religiosa, e Isa’as, profeta.

V’speras I del domingo: 1». Semana del Salterio Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (1 P 2, 9)

Nosotros somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Se–or, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya

ORACIîN COLECTA

Se–or, tœ que nos has hecho part’cipes de la muerte y resurrecci—n de tu Hijo por medio del bautismo, concŽdenos vivir de tal manera nuestros compromisos bautismales que demos frutos abundantes de vida cristiana y podamos llegar a la plenitud del gozo eterno. Por Jesucristo, nuestro Se–or...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 13, 44-52

El s‡bado siguiente casi toda la ciudad de Antioqu’a acudi— a o’r la palabra de Dios. Cuando los jud’os vieron una concurrencia tan grande, se llenaron de envidia y comenzaron a contradecir a Pablo con palabras injuriosas. Entonces Pablo y BernabŽ dijeron con valent’a: "La palabra de Dios deb’a ser predicada primero a ustedes; pero como la rechazan y no se juzgan dignos de la vida eterna, nos dirigiremos a los paganos. As’ nos lo ha ordenado el Se–or, cuando dijo: Yo te he puesto como luz de los paganos, para que lleves la salvaci—n hasta los œltimos rincones de la tierra". 
Al enterarse de esto, los paganos se regocijaban y glorificaban la palabra de Dios, y abrazaron la fe todos aquellos que estaban destinados a la vida eterna. La palabra de Dios se iba propagando por toda la regi—n. Pero los jud’os azuzaron a las mujeres devotas de la alta sociedad y a los ciudadanos principales, y provocaron una persecuci—n contra Pablo y BernabŽ, hasta expulsarlos de su territorio. Pablo y BernabŽ se sacudieron el polvo de los pies, como se–al de protesta, y se marcharon a Iconio, mientras los disc’pulos se quedaron llenos de alegr’a y del Esp’ritu Santo. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

La buena nueva no se debe imponer por la fuerza. El mensaje cristiano es un don y un llamado, que se acogen de buena fe con la ayuda de la gracia de Dios.

Del salmo 97 R/. Cantemos las maravillas del Se–or. Aleluya.

Cantemos al Se–or un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria. R/. 
El Se–or ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez m‡s ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel. R/. 
La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con jœbilo al Se–or. R/.

ACLAMACIîN (Jn 8, 31. 32) R/. Aleluya, aleluya. 
Si se mantienen fieles a mi palabra, dice el Se–or, ser‡n verdaderamente disc’pulos m’os y conocer‡n la verdad. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 14, 7-14

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "Si ustedes me conocen a m’, conocen tambiŽn a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto". Le dijo Felipe: "Se–or, muŽstranos al Padre y eso nos basta". Jesœs le replic—: "Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, Ày todav’a no me conoces? Quien me ha visto a m’, ha visto al Padre. ÀEntonces por quŽ dices: 'MuŽstranos al Padre'? ÀO no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre est‡ en m’? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en m’, quien hace las obras. CrŽanme: yo estoy en el Padre y el Padre est‡ en m’. Si no me dan fe a m’, crŽanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en m’, har‡ las obras que hago yo y las har‡ aun mayores, porque yo me voy al Padre; y cualquier cosa que pidan en mi nombre, yo la harŽ para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Yo harŽ cualquier cosa que me pidan en mi nombre". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

La comunidad que lee y escucha el cuarto evangelio esta persuadida de que no hay otro acceso al Padre que el que nos abre Jesœs con su encarnaci—n y su gloriosa pasi—n y resurrecci—n.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucar’stico y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 17, 24)

Padre, quiero que donde yo estŽ, estŽn tambiŽn conmigo los que tœ me has dado, para que contemplen la gloria que me diste, dice el Se–or. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Te suplicamos, Se–or, que esta Eucarist’a, que tu Hijo nos mand— celebrar en memoria suya y en la cual hemos participado, nos una cada vez m‡s con el v’nculo de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

DOMINGO 10

V DOMINGO DE PASCUA

Santos: Antonino de Florencia, obispo; Job, laico, y Gordiano y Ep’maco de Roma, m‡rtires. (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Sal 97, 1-2)

Canten al Se–or un c‡ntico nuevo, porque ha hecho maravillas y todos los pueblos han presenciado su victoria. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Se–or, tœ que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, m’ranos siempre con amor de Padre y haz que cuantos creemos en Cristo obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 9,26-31

Cuando Pablo regres— a JerusalŽn, trat— de unirse a los disc’pulos, pero todos le ten’an miedo, porque no cre’an que se hubiera convertido en disc’pulo. 
Entonces, BernabŽ lo present— a los ap—stoles y les refiri— c—mo Saulo hab’a visto al Se–or en el camino, c—mo el Se–or le hab’a hablado y c—mo Žl hab’a predicado, en Damasco, con valent’a, en el nombre de Jesœs. Desde entonces, vivi— con ellos en JerusalŽn, iba y ven’a, predicando abiertamente en el nombre del Se–or, hablaba y discut’a con los jud’os de habla griega y Žstos intentaban matado. Al enterarse de esto, los hermanos condujeron a Pablo a Cesarea y lo despacharon a Tarso. 
En aquellos d’as, las comunidades cristianas gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria, con lo cual se iban consolidando, progresaban en la fidelidad a Dios y se multiplicaban, animadas por el Esp’ritu Santo. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Relatos lac—nicos que reflejan las dificultades iniciales que afronta el ap—stol Pablo al tratar de incorporarse a la iglesia de JerusalŽn. Su env’o a Tarso parece una expulsi—n disfrazada.

Del salmo 21 R/. Bendito sea el Se–or. Aleluya. 
Le cumplirŽ mis promesas al Se–or delante de sus fieles. Los pobres comer‡n hasta saciarse y alabar‡n al Se–or los que lo buscan: su coraz—n ha de vivir para siempre. R/. 
Recordar‡n al Se–or y volver‡n a ƒl desde los œltimos lugares del mundo; en su presencia se postrar‡n todas las familias de los pueblos. S—lo ante El se postrar‡n todos los que mueren. R/. 
Mi descendencia lo servir‡ y le contar‡ a la siguiente generaci—n, al pueblo que ha de nacer, la justicia del Se–or y todo lo que El ha hecho. R/.

Lectura de la primera carta del ap—stol san Juan: 3, 18-24


Hijos m’os: No amemos solamente de palabra, amemos de verdad y con las obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y delante de Dios tranquilizaremos nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare, porque Dios es m‡s grande que nuestra conciencia y todo lo conoce. Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos m’os, nuestra confianza en Dios es total. 
Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de ƒl todo lo que le pidamos. Ahora bien, Žste es su mandamiento: que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio. 
Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en El. En esto conocemos, por el Esp’ritu que El nos ha dado, que El permanece en nosotros. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

El amor cristiano no se reduce a discursos melosos ni a sentimentalismos vanos. El amor verdadero es servicio, entrega y solidaridad con la persona que sufre y padece.

ACLAMACIîN (Jn 15, 4. 5) R/. Aleluya, aleluya. 
Permanezcan en m’ y yo en ustedes, dice el Se–or; el que permanece en m’ da fruto abundante. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 15, 1-8 
En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el vi–ador. Al sarmiento que no da fruto en m’, ƒl lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dŽ m‡s fruto. Ustedes ya est‡n purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en m’ y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por s’ mismo, si no permanece en la vid, as’ tampoco ustedes, si no permanecen en m’. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en m’ y yo en Žl, Žse da fruto abundante, porque sin m’ nada pueden hacer. Al que no permanece en m’ se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde. Si permanecen en m’ y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les conceder‡. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten as’ como disc’pulos m’os". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

La condici—n para alcanzar la felicidad y la vida verdadera est‡ clara. La permanencia y el seguimiento de Jesœs son garant’a de fecundidad. Alejarse de Jesœs acarrea destrucci—n.

Credo.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios nuestro, que por medio de estos dones que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos haces participar de tu misma vida divina, concŽdenos que nuestra conducta ponga de manifiesto las verdades que nos has revelado. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 15, 1. 5)

Yo soy la vid verdadera y ustedes los sarmientos, dice el Se–or; si permanecen en m’ y yo en ustedes dar‡n fruto abundante. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Se–or, tœ que nos has concedido participar en esta Eucarist’a, m’ranos con bondad y ayœdanos a vencer nuestra fragilidad humana para poder vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

UNA REFLEXIîN PARA NUESTRO TIEMPO.- Jardineros, fruticultores y hortelanos entienden a la perfecci—n este relato de la vid. Los tallos y las ramas que se podan y se desprenden de la vid se marchitan. Es una verdad tan obvia y evidente que no necesita explicaci—n. Hay otras narraciones y par‡bolas de Jesœs m‡s ingeniosas y provocativas que Žsta. La gravedad del relato no est‡ en la profundidad de su ense–anza, sino en la dificultad de su pr‡ctica. Permanecer junto a Jesœs, asumiendo las opciones que ƒl asume con todas sus consecuencias es muy complicado. La persona quiere desembarazarse de Jesœs y su proyecto cuando la carga se torna dif’cil de llevar. No es posible seguir a Jesœs de forma convenenciera. ƒl nos reclama un s’ o un no rotundos y radicales.

 

LUNES 11

Santos: Estela de Francia, m‡rtir; Ignacio de L‡coni, religioso, y Francisco de Jer—nimo, presb’tero. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA

Ha resucitado Jesœs, el Buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas y que se dign— morir para salvarnos. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios nuestro, tœ que puedes damos un mismo querer y un mismo sentir, concŽdenos a todos amar lo que nos mandas y anhelar lo que nos prometes, para que, en medio de las preocupaciones de esta vida, pueda encontrar nuestro coraz—n la felicidad verdadera. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 14, 5-18

En aquellos d’as, los paganos y los jud’os de Iconio, apoyados por las autoridades, comenzaron a agitarse con la intenci—n de maltratar y apedrear a Pablo y a BernabŽ. Pero ellos se dieron cuenta de la situaci—n y huyeron a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y predicaron el Evangelio en toda la regi—n. 
Hab’a en Listra un hombre tullido de los pies desde su nacimiento que se pasaba la vida sentado y nunca hab’a podido andar. El tullido escuchaba el discurso de Pablo, y Žste, mir‡ndolo fijamente, advirti— que aquel hombre ten’a fe suficiente como para ser curado, y le orden— en voz alta: "Lev‡ntate y ponte derecho sobre tus pies". De un salto el hombre se puso en pie y comenz— a caminar. Cuando la gente vio lo que Pablo hab’a hecho, empezaron a gritar en la lengua de Licaonia: "ÁDioses en figura de hombres han bajado a visitarnos!". Dec’an que BernabŽ era el dios Jœpiter y Pablo el dios Mercurio, porque Žste era el que hablaba. 
El sacerdote del templo de Jœpiter, situado a la entrada de la ciudad, llev— a las puertas unos toros adornados con guirnaldas, y junto con la muchedumbre, quer’a ofrecerles un sacrificio. Al darse cuenta de todo esto, los ap—stoles BernabŽ y Pablo se rasgaron las vestiduras e irrumpieron por entre la multitud, gritando: 
"Ciudadanos, Àpor quŽ hacen semejante cosa? Nosotros somos hombres mortales, lo mismo que ustedes. Les predicamos el Evangelio que los har‡ dejar los falsos dioses y convertirse al Dios vivo, que hizo el cielo, la tierra, el mar y todo cuanto contienen. En Žpocas pasadas, Dios dej— que cada pueblo siguiera su camino, aunque siempre se dio a conocer por sus beneficios, mandando la lluvia y la cosecha a su tiempo, d‡ndoles as’ comida y alegr’a en abundancia". Y diciendo estas palabras, consiguieron impedir, a duras penas, que la multitud les ofreciera un sacrificio. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Nada de dar culto a la personalidad. Ni en el caso de Pablo y BernabŽ ni en el de ningœn otro servidor del evangelio. La libertad cristiana nos exime de toda servidumbre.

Del salmo 113 B R/. Que todos te alaben s—lo a ti, Se–or. Aleluya. 
No por nosotros, Se–or, no por nosotros, sino por ti mismo, manifiesta tu grandeza, porque eres fiel y bondadoso. Que no nos pregunten los paganos: "ÀD—nde est‡ el Dios de Israel?". R/. 
Nuestro Dios est‡ en el cielo y ƒl ha hecho todo lo que quiso. En cambio, los ’dolos de los paganos son oro y plata, son dioses hechos por artesanos. R/. 
Que los llene de bendiciones el Se–or, que hizo el cielo y la tierra. El Se–or se ha reservado para s’ el cielo y a los hombres les ha entregado la tierra. R/.

ACLAMACIîN (Jn 14, 26) R/. Aleluya, aleluya. 
El Esp’ritu Santo les ense–ar‡ todas las cosas y les recordar‡ todo cuanto yo les he dicho, dice el Se–or. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 14, 21-26

n aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "El que acepta mis mandamientos y los cumple, Žse me ama. Al que me ama a m’, lo amar‡ mi Padre, yo tambiŽn lo amarŽ y me manifestarŽ a Žl". Entonces le dijo Judas (no el Iscariote): "Se–or, Àpor quŽ raz—n a nosotros s’ te nos vas a manifestar y al mundo no?". Le respondi— Jesœs: "El que me ama, cumplir‡ mi palabra y mi Padre lo amar‡ y vendremos a Žl y haremos en Žl nuestra morada. El que no me ama no cumplir‡ mis palabras. Y la palabra que est‡n oyendo no es m’a, sino del Padre, que me envi—. Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Par‡clito, el Esp’ritu Santo que mi Padre les enviar‡ en mi nombre, les ense–ar‡ todas las cosas y les recordar‡ todo cuanto yo les he dicho". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Los cristianos que se deciden a seguir a Jesœs caminan como hombres y mujeres maduros, sabiendo que el Esp’ritu divino los acompa–a para que disciernan el camino de Dios.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, las ofrendas que te presentamos, y purifica nuestros corazones, para que podamos participar dignamente en este sacramento de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 14, 27)

La paz les dejo, mi paz les doy; pero yo no se la doy como la da el mundo, dice el Se–or. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Dios todopoderoso y eterno, que en Cristo resucitado nos has hecho renacer a la vida eterna, haz que este misterio pascual, en el que acabamos de participar por medio de la Eucarist’a, dŽ en nosotros abundantes frutos de salvaci—n. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

MARTES 12

Santos: Nereo y Aquiles o Aquiles de Roma, m‡rtires; Pancracio de Roma, m‡rtir, y Epifanio de Salamina, obispo. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Ap 19, 5; 12, 10)

Alabemos a nuestro Dios todos cuantos lo tememos, peque–os y grandes, porque ha llegado ya la salvaci—n, el poder y el reinado de su Cristo. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios nuestro, que por medio de la resurrecci—n de tu Hijo nos has abierto las puertas de la vida eterna, concŽdenos creer fielmente en ti y esperar confiadamente el cumplimiento de tus promesas. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 14, 19-28

En aquellos d’as, llegaron a Listra, procedentes de Antioqu’a y de Iconio, unos jud’os, que se ganaron a la multitud y apedrearon a Pablo; lo dieron por muerto y lo arrastraron fuera de la ciudad. Cuando lo rodearon los disc’pulos, Pablo se levant— y regres— a la ciudad. Pero al d’a siguiente, sali— con BernabŽ hacia Derbe. 
DespuŽs de predicar el Evangelio y de hacer muchos disc’pulos en aquella ciudad, volvieron a Listra, Iconio y Antioqu’a, y ah’ animaban a los disc’pulos y los exhortaban a perseverar en la fe, diciŽndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. En cada comunidad designaban presb’teros, y con oraciones y ayunos los encomendaban al Se–or, en quien hab’an cre’do. Atravesaron luego Pisidia y llegaron a Panfilia; predicaron en Perge y llegaron a Atal’a. De all’ se embarcaron para Antioqu’a, de donde hab’an salido, con la gracia de Dios, para la misi—n que acababan de cumplir. 
Al llegar, reunieron a la comunidad y les contaron lo que hab’a hecho Dios por medio de ellos y c—mo les hab’a abierto a los paganos las puertas de la fe. Ah’ se quedaron bastante tiempo con los disc’pulos. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Ni las palizas ni los maltratos desalientan a san Pablo. ƒl est‡ persuadido de que tales contratiempos surgir‡n, por eso invita a los disc’pulos a resistir a esa y otras pruebas.

Del salmo 144 R/. Bendigamos al Se–or eternamente. Aleluya. 
Que te alaben, Se–or, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan. Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus maravillas. R/. 
Que muestren a los hombres tus proezas, el esplendor y la gloria de tu reino. Tu reino, Se–or, es para siempre y tu imperio, para todas las generaciones. R/. 
Que mis labios alaben al Se–or, que todos los seres lo bendigan ahora y para siempre. R/.

ACLAMACIîN (cfr. Lc 24, 46. 26) R/. Aleluya, aleluya. 
Cristo ten’a que morir y resucitar de entre los muertos, para entrar as’ en su gloria. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 14, 27-31

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han o’do decir: 'Me voy, pero volverŽ a su lado'. Si me amaran, se alegrar’an de que me vaya al Padre, porque el Padre es m‡s que yo. Se los he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean. Ya no hablarŽ muchas cosas con ustedes, porque se acerca el pr’ncipe de este mundo; no es que Žl tenga poder sobre m’, pero es necesario que el mundo sepa que amo al Padre y que cumplo exactamente lo que el Padre me ha mandado". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Jesœs anticipa lo que suceder‡ con su persona. De esa manera manifiesta que tiene control sobre el futuro. Su soberan’a y dominio est‡n a punto de revelarse.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, los dones que te presentamos llenos de jœbilo por la resurrecci—n de tu Hijo, y concŽdenos participar con ƒl, un d’a, de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Rm 6, 8)

Si hemos muerto con Cristo, tambiŽn viviremos con ƒl; Žsta es nuestra fe. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Mira, Se–or, con bondad, a estos hijos tuyos que has renovado por medio de los sacramentos, y condœcelos al gozo eterno de la resurrecci—n. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

MIƒRCOLES 13

Nuestra Se–ora de F‡tima

Santos: San Eutimio El Grande de Palestina, ermita–o, y los M‡rtires de Alejandr’a. Memoria libre (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (cfr. Hch 1, 14)

Los disc’pulos perseveraban en la oraci—n con un mismo esp’ritu en compa–’a de Mar’a, la Madre de Jesœs. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios y Padre nuestro, que quisiste que la Madre de tu Hijo fuera tambiŽn nuestra Madre, concŽdenos que, perseverando en la penitencia y en la oraci—n en favor de la salvaci—n del mundo, podamos promover cada vez con m‡s eficacia el reinado de Cristo, Hijo tuyo y Se–or nuestro, que vive y reina contigo ...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 15, 1-6

En aquellos d’as, vinieron de Judea a Antioqu’a algunos disc’pulos y se pusieron a ense–ar a los hermanos que si no se circuncidaban conforme a la ley de MoisŽs, no podr’an salvarse. 
Esto provoc— un altercado y una violenta discusi—n con Pablo y BernabŽ; al fin se decidi— que Pablo, BernabŽ y algunos m‡s fueran a JerusalŽn para tratar el asunto con los ap—stoles y los presb’teros. La comunidad cristiana los provey— para el viaje, y ellos atravesaron Fenicia y Samaria, contando a los hermanos c—mo se convert’an los paganos, y los llenaban de gozo con esta noticia. 
Al llegar a JerusalŽn, fueron recibidos por la comunidad cristiana, los Ap—stoles y los presb’teros, y ellos refirieron todo cuanto Dios hab’a hecho por su medio. Pero algunos de los fariseos convertidos intervinieron diciendo: "Hay que circuncidar a los paganos y exigirles que cumplan la ley de MoisŽs". Entonces se reunieron los ap—stoles y los presb’teros para examinar el asunto. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Cada corriente espiritual aboga por su peculiar punto de vista. Aunque los ‡nimos se caldean, los ap—stoles mantienen la cordura y exhortan a realizar un di‡logo fraterno. 
Del salmo 121 R/. Vayamos con alegr’a al encuentro del Se–or. Aleluya. 
ÁQuŽ alegr’a sent’ cuando me dijeron: "Vayamos a la casa del Se–or"! Y hoy estamos aqu’, JerusalŽn, jubilosos, delante de tus puertas. R/. 
A ti, JerusalŽn, suben las tribus, las tribus del Se–or, segœn lo que a Israel se le ha ordenado, para alabar el nombre del Se–or. R/. 
Por el amor que tengo a mis hermanos, voy a decir: "La paz estŽ contigo". Y por la casa del Se–or, mi Dios, pedirŽ para ti todos los bienes. R/.

ACLAMACIîN (Jn 15, 4. 5) R/. Aleluya, aleluya. 
Permanezcan en m’ y yo en ustedes, dice el Se–or; el que permanece en m’ da fruto abundante. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 15, 1-8

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el vi–ador. Al sarmiento que no da fruto en m’, ƒl lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dŽ m‡s fruto. 
Ustedes ya est‡n purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en m’ y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por s’ mismo, si no permanece en la vid, as’ tampoco ustedes, si no permanecen en m’. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en m’ y yo en Žl Žse da fruto abundante, porque sin m’ nada pueden hacer. Al que no permanece en m’ se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde. 
Si permanecen en m’ y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les conceder‡. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten as’ como disc’pulos m’os". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Dios es el vi–ador que planta a Jesœs como una vid selecta y fecunda. El Padre producir‡ en esa vid conformada por Jesœs y los suyos, el fruto supremo del amor fraterno.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Al celebrar esta festividad de la sant’sima Virgen Mar’a, te presentamos, Se–or, nuestras ofrendas y te pedimos que tu Hijo, Jesucristo, que se ofreci— a ti en la cruz como ofrenda inmaculada, venga siempre en nuestra ayuda. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio de Santa Mar’a Virgen.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN

AlŽgrate, Virgen Madre, porque Cristo ha resucitado del sepulcro. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Conf’rmanos, Se–or, en la fe de estos misterios que hemos celebrado, para que quienes confesamos como verdadero Dios y verdadero hombre al Hijo de la Virgen Mar’a merezcamos llegar a las alegr’as eternas en virtud de su resurrecci—n salvadora. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

JUEVES 14

Santos: Mat’as, ap—stol; Justa y Enedina de Cerde–a, m‡rtires, y Mar’a Dominga Mazzarello, cofundadora. Fiesta (Rojo)

ANTêFONA DE ENTRADA (Jn 15, 16)

No son ustedes los que me han elegido, dice el Se–or; soy yo quien los ha elegido, para que vayan y den fruto y ese fruto perdure. Aleluya.

Se dice Gloria.

ORACIîN COLECTA

Se–or Dios, tœ que llamaste a san Mat’as a formar parte del grupo de tus Ap—stoles, concŽdenos, por sus mŽritos, corresponder al don de tu amor para que lleguemos a compartir la gloria de tus elegidos. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 1, 1517.20-26

En aquellos d’as, Pedro se puso de pie en medio de los hermanos y dijo: "Hermanos, ten’a que cumplirse aquel pasaje de la Escritura en que el Esp’ritu Santo, por boca de David, hizo una predicci—n tocante a Judas, quien fue el que gui— a los que apresaron a Jesœs. ƒl era de nuestro grupo y hab’a sido llamado a desempe–ar con nosotros este ministerio. Ahora bien, en el libro de los Salmos est‡ escrito: Que su morada quede desierta y que no haya quien habite en ella; que su cargo lo ocupe otro. Hace falta, por lo tanto, que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrecci—n de Jesœs, uno que sea de los que nos acompa–aron mientras convivi— con nosotros el Se–or Jesœs, desde que Juan bautizaba hasta el d’a de la ascensi—n". 
Propusieron entonces a dos: a JosŽ Barsab‡, por sobrenombre "el Justo", y a Mat’as, y se pusieron a orar de este modo: "Tœ, Se–or, que conoces los corazones de todos, muestra a cu‡l de estos dos has elegido para desempe–ar este ministerio y apostolado, del que Judas desert— para irse a su propio lugar". Echaron suertes, le toc— a Mat’as y lo asociaron a los once ap—stoles. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Los Ap—stoles asumen su misi—n como dirigentes de la comunidad. Sin embargo, respetan su libertad y los animan a corresponsabilizarse de las grandes decisiones.

Del salmo 112 R/. Lo puso el Se–or entre los jefes de su pueblo. Aleluya. 
Bendito sea el Se–or, al‡benlo sus siervos. Bendito sea el Se–or desde ahora y para siempre. R/. 
Desde que sale el sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Se–or. Dios est‡ sobre todas las naciones, su gloria, por encima de los cielos. R/. 
ÀQuiŽn hay como el Se–or? ÀQuiŽn iguala al Dios nuestro, que tiene en las alturas su morada, y sin embargo de esto, bajar se digna su mirada para ver tierra y cielo? R/. 
ƒl levanta del polvo al desvalido y saca al indigente del estiŽrcol, para hacerlo sentar entre los grandes, los jefes de su pueblo. R/.

ACLAMACIîN (cfr. Jn 15, 16) R/. Aleluya, aleluya. 
Yo los he elegido del mundo, dice el Se–or, para que vayan y den fruto y su fruto permanezca. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 15, 9-17

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "Como el Padre me ama, as’ los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegr’a estŽ en ustedes y su alegr’a sea plena. 
ƒste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor m‡s grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he o’do a mi Padre. No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Jesœs tiene autoridad moral para urgir a los suyos a vivir el amor fraterno. ƒl vive amando al Padre y entreg‡ndose cabalmente al cumplimiento de su designio amoroso.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, los dones que tu Iglesia te presenta en la festividad de san Mat’as, ap—stol y, por medio de esta Eucarist’a, fortalŽcenos con tu amor y con tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio 1 o II de los ap—stoles.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 15, 12)

ƒste es mi mandamiento: que se amen unos a otros como yo los he amado, dice el Se–or. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Te rogamos, Se–or: por intercesi—n de san Mat’as, ap—stol, que no nos prives nunca de este pan de vida para que podamos prepararnos, con tu gracia, a recibir la herencia reservada a tus hijos. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

VIERNES 15

Santos: Isidro, labrador, y Juana de Lestonnac, fundadora. Beato AndrŽs Abellon, presb’tero. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Ap 5, 12)

Digno es el Cordero que fue sacrificado, de recibir el poder, la riqueza, la sabidur’a, la fuerza y el honor. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

ConcŽdenos, Se–or, ajustar nuestra vida al misterio de la Pascua que celebramos llenos de gozo, a fin de que, alejados de veras del pecado y busc‡ndote en todo a ti, el poder de Cristo resucitado nos proteja y nos salve. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 15, 22-31

En aquellos d’as, los ap—stoles y los presb’teros, de acuerdo con toda la comunidad cristiana, juzgaron oportuno elegir a algunos de entre ellos y enviarlos a Antioqu’a con Pablo y BernabŽ. Los elegidos fueron Judas (llamado Barsab‡s) y Silas, varones prominentes en la comunidad. A ellos les entregaron una carta que dec’a: 
"Nosotros, los ap—stoles y los presb’teros, hermanos suyos, saludamos a los hermanos de Antioqu’a, Siria y Cilicia, convertidos del paganismo. Enterados de que algunos de entre nosotros, sin mandato nuestro, los han alarmado e inquietado a ustedes con sus palabras, hemos decidido de comœn acuerdo elegir a dos varones y envi‡rselos, en compa–’a de nuestros amados hermanos BernabŽ y Pablo, que han consagrado su vida a la causa de nuestro Se–or Jesucristo. Les enviamos, pues, a Judas y a Silas, quienes les transmitir‡n, de viva voz, lo siguiente: 
'El Esp’ritu Santo y nosotros hemos decidido no imponerles m‡s cargas que las estrictamente necesarias. A saber: que se abstengan de la fornicaci—n y de comer lo inmolado a los ’dolos, la sangre y los animales estrangulados. Si se apartan de esas cosas, har‡n bien'. Los saludamos". Los enviados se despidieron y cuando llegaron a Antioqu’a, reunieron a la comunidad cristiana y les entregaron la carta. Al leer aquellas palabras alentadoras, todos se llenaron de jœbilo. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

La comunidad cristiana reunida en asamblea se abre al Esp’ritu, acoge sus impulsos y decide incorporar, sin demasiadas trabas, a hombres y mujeres de otras razas.

Del salmo 56 R/. Alabemos y cantemos al Se–or. Aleluya. 
Dispuesto est‡ mi coraz—n, Dios m’o, para cantar tus alabanzas. DespiŽrtate, alma m’a, despiŽrtense mi c’tara y mi arpa, antes de que despunte el alba. R/. 
TocarŽ para ti ante las naciones, te alabarŽ, Se–or, entre los pueblos, pues tu lealtad hasta las nubes llega y tu amor es m‡s grande que los cielos. Lev‡ntate, Se–or, en las alturas y llena con tu gloria el mundo entero. R/.

ACLAMACIîN (Jn 15 15) R/. Aleluya, aleluya. 
A ustedes los llamo amigos, dice el Se–or, porque les he dado a conocer todo lo que le he o’do a mi Padre. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 15, 12-17

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "ƒste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor m‡s grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he o’do a mi Padre. 
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Jesœs asocia a sus disc’pulos al c’rculo ’ntimo de sus amigos. Siendo part’cipes de su amistad, podr‡n invocar su nombre para plantear sus necesidades ante el Padre.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucar’stico, y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN

Cristo, que muri— en la cruz, ha resucitado ya y nos ha redimido. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Te suplicamos, Se–or, que esta Eucarist’a que tu Hijo nos mand— celebrar en memoria suya y en la cual hemos participado, nos una cada vez m‡s con el v’nculo de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

SçBADO 16

Santos: Juan Nepomuceno, m‡rtir; Gemma Galgani, laica, y Margarita de Cortona, penitente.

V’speras I del domingo: 2a semana del Salterio Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Col 2, 12)

Por el bautismo, ustedes han sido sepultados con Cristo y con ƒl han sido resucitados, porque han cre’do en el poder de Dios, que lo resucit— de entre los muertos. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios omnipotente y eterno, que en el bautismo nos has comunicado tu misma vida, haz que todos tus hijos, renacido s a la esperanza de la inmortalidad, alcancemos con tu ayuda la plenitud de la gloria. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 16, 1-10

En aquellos d’as, Pablo fue a Derbe y luego a Listra. Hab’a all’ un disc’pulo, llamado Timoteo, hijo de padre griego y de madre jud’a cristiana. Timoteo gozaba de muy buena fama entre los hermanos de Listra e Iconio. Pablo quiso llevarlo consigo y lo circuncid—, en atenci—n a los jud’os de aquellas regiones, pues todos sab’an que su padre era pagano. 
En todas las ciudades por donde iban pasando, daban a conocer las decisiones tomadas por los Ap—stoles y los presb’teros de JerusalŽn, para que las pusieran en pr‡ctica. De esta manera las comunidades cristianas se fortalec’an en la fe y el nœmero de creyentes aumentaba cada d’a m‡s. Como el Esp’ritu Santo les hab’a prohibido predicar la palabra en la provincia de Asia, Pablo y Timoteo atravesaron Frigia y Galacia. Al llegar a los l’mites de Misia, se propusieron ir a Bitinia, pero el Esp’ritu de Jesœs no se lo permiti—. Entonces atravesaron Misia y llegaron a Tr—ade. Por la noche, Pablo tuvo una aparici—n: vio a un macedonio que, de pie ante Žl, le rogaba: "ÁVen a Macedonia y ayœdanos!". DespuŽs de esta visi—n, determinamos salir para Macedonia, convencidos de que Dios nos llamaba a predicar all’ el Evangelio. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Pablo no se desentiende en ningœn momento de atender a la voz de Dios. Discierne su llamado y descubre que llega la hora de abrir nuevos caminos al anuncio cristiano.

Del salmo 99 R/. El Se–or es nuestro Dios y nosotros su pueblo. Aleluya. 
Alabemos a Dios todos los hombres, sirvamos al Se–or con alegr’a y con jœbilo entremos en su templo. R/. 
Reconozcamos que el Se–or es Dios, que ƒl fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su reba–o. R/. 
Porque el Se–or es bueno, bendig‡moslo, porque es eterna su misericordia y su fidelidad nunca se acaba. R/. ACLAMACIîN (Col 3, 1) R/. Aleluya, aleluya. 
Puesto que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde est‡ Cristo, sentado a la derecha de Dios. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 15, 18-21

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a m’ antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo los amar’a como cosa suya; pero el mundo los odia porque no son del mundo, pues al elegirlos, yo los he separado del mundo. AcuŽrdense de lo que les dije: 'El siervo no es superior a su se–or'. Si a m’ me han perseguido, tambiŽn a ustedes los perseguir‡n, y el caso que han hecho de mis palabras lo har‡n de las de ustedes. Todo esto se lo van a hacer por mi causa, pues no conocen a aquel que me envi—". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Este cap’tulo mantiene una perspectiva polŽmica. Dios y el mundo representan proyectos contrapuestos. Quien sigue el camino del Padre padecer‡ el rechazo del mundo.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, en tu bondad, los dones que te presentamos y concŽdenos tu protecci—n para conservar tu gracia y conseguir la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 17, 20-21)

Padre, te ruego por aquellos que creer‡n en m’, para que sean uno en nosotros y el mundo pueda creer que tœ me has enviado, dice el Se–or. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Se–or, que tu amor paterno proteja siempre a quienes has salvado por medio de la pasi—n de tu Hijo, y que Cristo resucitado sea la fuente de todas nuestras alegr’as. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

DOMINGO 17

VI DOMINGO DE PASCUA.

Santos: Pascual Bail—n, religioso, y Adri‡n de Alejandr’a, m‡rtir. Beato Iv‡n Ziatvk, m‡rtir. (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (cfr. Is 48,20)

Con voz de jœbilo, anœncienlo; que se oiga, que llegue a todos los rincones de la tierra: el Se–or ha redimido a su pueblo. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

ConcŽdenos, Dios todopoderoso, continuar celebrando con amor y alegr’a la victoria de Cristo resucitado, y que el misterio de su Pascua transforme nuestra vida y se manifieste en nuestras obras. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 10, 25-26. 34-35. 44-48

En aquel tiempo, entr— Pedro en la casa del oficial Cornelio, y Žste le sali— al encuentro y se postr— ante Žl en se–al de adoraci—n. Pedro lo levant— y le dijo: 
"Ponte de pie, pues soy un hombre como tœ". Luego a–adi—: "Ahora caigo en la cuenta de que Dios no hace distinci—n de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la naci—n que fuere". 
Todav’a estaba hablando Pedro, cuando el Esp’ritu Santo descendi— sobre todos los que estaban escuchando el mensaje. Al o’rlos hablar en lenguas desconocidas y proclamar la grandeza de Dios, los creyentes jud’os que hab’an venido con Pedro se sorprendieron de que el don del Esp’ritu Santo se hubiera derramado tambiŽn sobre los paganos. 
Entonces Pedro sac— esta conclusi—n: "ÀQuiŽn puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Esp’ritu Santo lo mismo que nosotros?". Y los mand— bautizar en el nombre de Jesucristo. Luego le rogaron que se quedara con ellos algunos d’as. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Pedro alcanza a intuir penosamente los caminos incluyentes del Esp’ritu. El Esp’ritu se posa sobre los hombres y las mujeres bien dispuestos que escuchan su mensaje.

Del salmo 97 R/. El Se–or nos ha mostrado su amor y su lealtad. Aleluya. 
Cantemos al Se–or un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria. R/. 
El Se–or ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez m‡s ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel. R/. 
La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con jœbilo al Se–or. R/.

Lectura de la primera carta del ap—stol san Juan: 4, 7-10

Queridos hijos: AmŽmonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor. El amor que Dios nos tiene se ha manifestado en que envi— al mundo a su Hijo unigŽnito, para que vivamos por ƒl. El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que ƒl nos am— primero y nos envi— a su Hijo, como v’ctima de expiaci—n por nuestros pecados. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

El camino a travŽs del cual los hombres acceden al conocimiento de Dios es vivencial. Quienes se aman como Dios ama, hacen sacramentalmente presente a Dios.

ACLAMACIîN (Jn 14, 23) R/. Aleluya, aleluya. 
El que me ama, cumplir‡ mi palabra, dice el Se–or; y mi Padre lo amar‡ y vendremos a Žl. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 15, 9-17

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "Como el Padre me ama, as’ los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegr’a estŽ en ustedes y su alegr’a sea plena. ƒste es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor m‡s grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he o’do a mi Padre. 
No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

El discurso de Jesœs se vuelve transparente y luminoso. Ya no hacen falta las met‡foras. Permanecer aliado de Jesœs, significa mantenerse constantes en el amor fraterno.

Credo.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, las ofrendas que te presentamos, y purifica nuestros corazones para que podamos participar dignamente en este sacramento de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 14, 15-16)

Si me aman, cumplan mis mandamientos, dice el Se–or, y yo rogarŽ al Padre, y ƒl les dar‡ otro Abogado, que permanecer‡ con ustedes para siempre. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Dios todopoderoso y eterno, que, en Cristo resucitado, nos has hecho renacer a la vida eterna, haz que este misterio pascual en el que acabamos de participar por medio de la Eucarist’a, dŽ en nosotros abundantes frutos de salvaci—n. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

UNA REFLEXIîN PARA NUESTRO TIEMPO.- La vivencia del amor fraterno es una exigencia imprescindible. No se puede pasar por alto, so pretexto de vivir el amor universal. Quien no se compromete seriamente con una comunidad de disc’pulos de Jesœs, viviendo una comuni—n espiritual y una solidaridad eficaz es un mentiroso o un demagogo. El amor fraterno es dif’cil de vivir con todas sus consecuencias. Los primeros cristianos lo realizan con constancia y atraen a muchos gentiles al evangelio. Nuestra decreciente credibilidad podr’a superarse en la medida en que vivamos, sin hacer demasiados aspavientos ni propaganda, la exigencia del amor fraterno.

 

LUNES 18

Santos: Juan I, papa y m‡rtir; Rafaela Mar’a Porras, fundadora, y Eric IX de Suecia, rey. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Rm 6. 9)

Cristo resucitado, ya no puede morir; la muerte ya no tiene dominio sobre ƒl. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

ConcŽdenos, Dios misericordioso, que la celebraci—n del santo tiempo de la Pascua produzca siempre frutos abundantes en toda nuestra vida. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 16, 11-15

Por aquellos d’as, zarpamos de Tr—ade y navegamos rumbo a Samotracia; al d’a siguiente, hacia Ne‡polis y de ah’ a Filipos, colonia romana y ciudad principal de la regi—n de Macedonia. 
En Filipos nos quedamos unos d’as. El s‡bado salimos de la ciudad y nos fuimos por la orilla del r’o hasta un sitio donde sol’an tenerse las reuniones de oraci—n. All’ nos sentamos y trabamos conversaci—n con las mujeres que hab’an acudido. 
Entre las que nos escuchaban, hab’a una mujer llamada Lidia, de la ciudad de Tiatira, comerciante en pœrpura, que adoraba al verdadero Dios. El Se–or le toc— el coraz—n para que aceptara el mensaje de Pablo. DespuŽs de recibir el bautismo junto con toda su familia, nos hizo esta sœplica: 
"Si est‡n convencidos de que mi fe en el Se–or es sincera, vengan a hospedarse en mi casa". Y as’, nos oblig— a aceptar. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Lidia acoge el mensaje cristiano de buena manera. Su talante emprendedor la convierte en una colaborada entusiasta y generosa que facilita la evangelizaci—n de Filipos.

Del salmo 149 R/. El Se–or es amigo de su pueblo. Aleluya. 
Entonen al Se–or un canto nuevo, en la reuni—n litœrgica procl‡menlo. En su creador y rey, en el Se–or, alŽgrese Israel, su pueblo santo. R/. 
En honor de su nombre, que haya danzas, al‡benlo con arpa y tamboriles. El Se–or es amigo de su pueblo y otorga la victoria a los humildes. R/. 
Que se alegren los fieles en el triunfo, que inunde el regocijo sus hogares, que alaben al Se–or con sus palabras, porque en esto su pueblo se complace. R/.

ACLAMACIîN (cfr. Jn 15, 26. 27) R/. Aleluya, aleluya. 
El Esp’ritu de la verdad dar‡ testimonio de m’, dice el Se–or, y tambiŽn ustedes ser‡n mis testigos. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 15, 26-16, 4

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "Cuando venga el Consolador, que yo les enviarŽ a ustedes de parte del Padre, el Esp’ritu de la verdad que procede del Padre, ƒl dar‡ testimonio de m’ y ustedes tambiŽn dar‡n testimonio, pues desde el principio han estado conmigo. Les he hablado de estas cosas para que su fe no tropiece. Los expulsar‡n de las sinagogas y hasta llegar‡ un tiempo cuando el que les dŽ muerte creer‡ dar culto a Dios. Esto lo har‡n, porque no nos han conocido ni al Padre ni a m’. Les he hablado de estas cosas para que, cuando llegue la hora de su cumplimiento, recuerden que ya se lo hab’a predicho yo". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Desde una doble perspectiva, se plantea el tema de la persecuci—n. As’ como Jesœs es perseguido y crucificado, tambiŽn los suyos enfrentan el rechazo de sus hermanos de raza.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, los dones que te presentamos llenos de jœbilo por la resurrecci—n de tu Hijo, y concŽdenos participar con ƒl, un d’a, de la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 20, 19)

Jesœs se present— en medio de sus disc’pulos y les dijo: "La paz sea con ustedes". Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Mira, Se–or, con bondad, a estos hijos tuyos que has renovado por medio de los sacramentos, y condœcelos al gozo eterno de la resurrecci—n. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

MARTES 19

Santos: Pedro Celestina, papa; Mar’a Bernarda Buttler, fundadora, e Ivo o Ives de Breta–a, presb’tero. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Ap 19, 7. 6)

AlegrŽmonos, regocijŽmonos y demos gracias, porque el Se–or, nuestro Dios omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Se–or, tœ que nos has renovado en el esp’ritu al devolvemos la dignidad de hijos tuyos, concŽdenos aguardar, llenos de jœbilo y esperanza, el d’a glorioso de nuestra resurrecci—n. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 16, 22-34

En aquellos d’as, la gente de la ciudad de Filipos se alborot— contra Pablo y Silas, y los magistrados ordenaron que los desnudaran y los azotaran. DespuŽs de azotados mucho, los metieron en la c‡rcel y le ordenaron al carcelero que los vigilara bien. Siguiendo esta orden, Žl los meti— en el calabozo de m‡s adentro y les asegur— los pies en el cepo. 
A eso de la medianoche, Pablo y Silas estaban en oraci—n, cantando himnos al Se–or, y los otros presos los escuchaban. De pronto sobrevino un temblor tan violento, que se sacudieron los cimientos de la c‡rcel, las puertas se abrieron de golpe y a todos se les soltaron las cadenas. El carcelero se despert—, y al ver las puertas de la c‡rcel abiertas de par en par, pens— que los presos se hab’an fugado y sac— su espada para matarse. Pero entonces Pablo le grit—: "No te hagas ningœn da–o; aqu’ estamos todos". El carcelero pidi— una l‡mpara, se precipit— hacia dentro, y temblando, se arroj— a los pies de Pablo y Silas. DespuŽs los sac— de all’ y les pregunt—: "ÀQuŽ debo hacer para salvarme?". Ellos le contestaron: "Cree en el Se–or Jesœs y te salvar‡s, tœ y tu familia". Y les explicaron la palabra del Se–or a Žl y a todos los de su casa. El carcelero se los llev— aparte, y en aquella misma hora de la noche les lav— las heridas y en seguida se bautiz— Žl con todos los suyos. DespuŽs los invit— a su casa, les prepar— la mesa y celebraron una fiesta familiar por haber cre’do en Dios. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Las cadenas y los cepos no pueden atar a los ap—stoles. Pedro y Silas salen airosos de la prisi—n, consuelan al espantado carcelero y lo animan a creer en Jesœs, su salvador.

Del salmo 137 R/. Se–or, tu amor perdura eternamente. Aleluya. 
De todo coraz—n te damos gracias, Se–or, porque escuchaste nuestros ruegos. Te cantaremos delante de tus ‡ngeles, te adoraremos en tu templo. R/. 
Se–or, te damos gracias por tu lealtad y por tu amor; siempre que te invocamos nos o’ste y nos llenaste de valor. R/. 
Tu mano, Se–or, nos pondr‡ a salvo, y as’ concluir‡s en nosotros tu obra. Se–or, tu amor perdura eternamente; obra tuya soy, no me abandones. R/.

ACLAMACIîN (cfr. Jn 16, 7. 13) R/. Aleluya, aleluya. 
Yo les enviarŽ el Esp’ritu de la verdad, y ƒl los ir‡ guiando hacia la verdad plena, dice el Se–or. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 16, 5-11

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "Me voy ya al que me envi— y ninguno de ustedes me pregunta: 'ÀA d—nde vas?'. Es que su coraz—n se ha llenado de tristeza porque les he dicho estas cosas. Sin embargo, es cierto lo que les digo: les conviene que me vaya; porque si no me voy, no vendr‡ a ustedes el Consolador; en cambio, si me voy, yo se lo enviarŽ. 
Y cuando ƒl venga, establecer‡ la culpabilidad del mundo en materia de pecado, de justicia y de juicio; de pecado, porque ellos no han cre’do en m’; de justicia, porque me voy al Padre y ya no me ver‡n ustedes; de juicio, porque el pr’ncipe de este mundo ya est‡ condenado". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Los disc’pulos tienen que superar la ausencia f’sica a de Jesœs. Esa partida desencadenar‡ una nueva forma de presencia. El resucitado los acompa–ar‡ en Esp’ritu.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

ConcŽdenos, Se–or, que este sacrificio pascual que vamos a ofrecerte nos llene siempre de alegr’a, prosiga en nosotros tu obra redentora y nos obtenga de ti la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (cfr. Lc 24, 46. 26).

Era necesario que Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos y as’ entrara luego en su gloria. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Que el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, precio de nuestra redenci—n, nos ayuden, Se–or, a cumplir tus mandamientos y a obtener, as’, nuestra felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

MIƒRCOLES 20

Santos: Bernardino de Siena, presb’tero; Teodoro de Pav’a, obispo, y çurea de Ostia, m‡rtir. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Sal 17, 50; 21, 23)

Te alabarŽ, Se–or, ante los hombres y hablarŽ a mis hermanos de tu poder y tu misericordia. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

ConcŽdenos, Se–or, a cuantos celebramos ahora la resurrecci—n de tu Hijo por medio de la fe, poderlo contemplar resucitado, llenos de alegr’a, cuando vuelva glorioso en medio de tus santos. El, que vive y reina contigo en la unidad del Esp’ritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 17, 15-16. 22-18, 1

En aquellos d’as, los cristianos que ayudaron a Pablo a escapar de Berea, lo llevaron hasta la ciudad de Atenas. Pablo los envi— de regreso con la orden de que Silas y Timoteo fueran a reunirse con Žl cuanto antes. 
Un d’a, mientras los esperaba en Atenas, Pablo sent’a que la indignaci—n se apoderaba de Žl, al contemplar la ciudad llena de ’dolos. Entonces se present— en el Are—pago y dijo: ''Atenienses: Por lo que veo, ustedes son en extremo religiosos. Al recorrer la ciudad y contemplar sus monumentos, encontrŽ un altar con esta inscripci—n: 'Al Dios desconocido'. Pues bien, yo vengo a anunciarles a ese Dios que ustedes veneran sin conocerlo. 
El Dios que hizo el mundo y todo cuanto hay en ƒl, siendo el Se–or del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por hombres, ni es servido por mano de hombres, como si necesitara de algo o de alguien; porque ƒl es quien da a todos la vida, el aliento y cuanto tienen. De un solo hombre sac— todo el gŽnero humano para que habitara toda la tierra, determin— las Žpocas de su historia y estableci— los l’mites de sus territorios. Dios quer’a que lo buscaran a ƒl y que lo encontraran, aunque fuera a tientas, pues en realidad no est‡ lejos de nosotros, ya que en ƒl vivimos, nos movemos y somos. Como lo ha dicho alguno de los poetas de ustedes: 'Somos de su mismo linaje'. 
Por lo tanto, si somos linaje de Dios, no debemos pensar que Dios es como una imagen de oro, plata o m‡rmol, labrada art’sticamente por los hombres segœn su imaginaci—n. Dios no tom— en cuenta la ignorancia de la gente en tiempos pasados, pues ahora quiere que todos los hombres se conviertan, porque tiene determinado un d’a en el cual ha de Juzgar al universo con justicia, por medio de un hombre designado por ƒl, y ha dado a todos la prueba de esto, resucit‡ndolo de entre los muertos". Al o’r hablar de la resurrecci—n de los muertos, algunos se burlaron y otros dijeron: "De esto te oiremos hablar en otra ocasi—n". Entonces Pablo se retir—. Sin embargo, algunos se adhirieron a Žl y creyeron. Entre ellos se contaban Dionisio, el areopagita; una mujer, que se llamaba D‡maris, y algunos m‡s. DespuŽs de esto, Pablo sali— de Atenas y se fue a Corinto. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Los atenienses se escandalizan ante el anuncio de la resurrecci—n de Cristo. Pablo continœa predicando y atrae a algunos al evangelio de Jesœs.

Del salmo 148 R/. La gloria del Se–or sobrepasa cielo y tierra. Aleluya. 
Alaben al Se–or en las alturas, al‡benlo en el cielo; que alaben al Se–or todos sus ‡ngeles, celestiales ejŽrcitos. R/. 
Reyes y pueblos todos de la tierra, gobernantes y jueces de este mundo; hombres, mujeres, j—venes y ancianos, alaben al Se–or y denle culto. R/. 
El nombre del Se–or alaben todos, pues su nombre es excelso, su gloria sobrepasa cielo y tierra y ha hecho fuerte a su pueblo. R/. 
Que alaben al Se–or todos sus fieles, los hijos de Israel, el pueblo que ha gozado siempre de familiaridad con El. R/.

ACLAMACIîN (Jn 14, 16) R/. Aleluya, aleluya. 
Yo le rogarŽ al Padre y ƒl les dar‡ otro Par‡clito para que estŽ siempre con ustedes, dice el Se–or. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 16, 12-15

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "Aœn tengo muchas cosas que decirles, pero todav’a no las pueden comprender. Pero cuando venga el Esp’ritu de la verdad, ƒl los ir‡ guiando hasta la verdad plena, porque no hablar‡ por su cuenta, sino que dir‡ lo que haya o’do y les anunciar‡ las cosas que van a suceder. ƒl me glorificar‡, porque primero recibir‡ de m’ lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es m’o. Por eso he dicho que tomar‡ de lo m’o y se lo comunicar‡ a ustedes". Palabra del. Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Luego de la exaltaci—n de Jesœs a la diestra del Padre, el Esp’ritu auxiliar‡ a sus disc’pulos para que logren comprender e interiorizar la hondura del mensaje reciŽn revelado.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Dios nuestro, que por medio de estos dones que vas a convertir en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo, nos haces participar de tu misma vida divina, concŽdenos que nuestra conducta ponga de manifiesto las verdades que nos has revelado. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (cfr. Jn 15. 16. 19)

Soy yo quien los ha elegido del mundo, dice el Se–or, y los ha destinado para que vayan y produzcan fruto, y su fruto perdure. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Se–or, tœ que nos has concedido participar en esta Eucarist’a, m’ranos con bondad y ayœdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para poder vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

JUEVES 21

Santos: Crist—bal Magallanes y compa–eros, m‡rtires; Constantino El Grande, emperador, y Eugenio de Mazenod, fundador. Memoria (Rojo)

ANTêFONA DE ENTRADA (cfr. Ap 12,11)

ƒstos son los santos que triunfaron por la sangre del Cordero, y prefirieron morir por Cristo a conservar la vida; por eso reinan con ƒl eternamente. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, que concediste a los santos Crist—bal Magallanes, presb’tero, y sus compa–eros, el don de la fortaleza para ser fieles servidores de Cristo Rey hasta el martirio, concŽdenos, por su intercesi—n, que perseverando en la confesi—n de la fe verdadera obedezcamos siempre con amor los mandamientos de tu Hijo Jesucristo, que vive y reina contigo ...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 18,1-8

En aquellos d’as, Pablo sali— de Atenas y se fue a Corinto. All’ encontr— a un jud’o, llamado Aquila, natural del Ponto, que acababa de llegar de Italia con su mujer, Priscila, en acatamiento a las —rdenes de Claudio, que expuls— de Roma a todos los jud’os. Pablo se acerc— a ellos, y como eran del mismo oficio, se qued— a vivir y a trabajar con ellos. Su oficio era fabricar tiendas de campa–a. Cada s‡bado Pablo discut’a en la sinagoga y trataba de convencer a jud’os y griegos. 
Cuando Silas y Timoteo llegaron de Macedonia, Pablo se dedic— por completo a la predicaci—n y afirm— delante de los jud’os que Jesœs era el Mes’as. Como Žstos lo contradec’an y lo insultaban, se rasg— las vestiduras y dijo: "Que la sangre de ustedes caiga sobre su propia cabeza: yo soy inocente. De ahora en adelante, irŽ a hablar a los paganos". 
Sali— de all’ y entr— en la casa de Tito Justo, que adoraba a Dios, y cuya casa estaba al lado de la sinagoga. 
Crispo, el jefe de la sinagoga, crey— en el Se–or, junto con toda su familia. Asimismo, al o’r a Pablo, muchos de los corintios creyeron y recibieron el bautismo. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

El ingreso del mensaje evangŽlico a Corinto tiene comienzos modestos. La familia del jefe de la sinagoga se adhiere a Jesœs de coraz—n y conforma con los suyos una iglesia domŽstica.

Del salmo 97 R/. El Se–or nos ha demostrado su amor y su lealtad. Aleluya. 
Cantemos al Se–or un canto nuevo, pues ha hecho maravillas. Su diestra y su santo brazo le han dado la victoria. R/. 
El Se–or ha dado a conocer su victoria y ha revelado a las naciones su justicia. Una vez m‡s ha demostrado Dios su amor y su lealtad hacia Israel. R/. 
La tierra entera ha contemplado la victoria de nuestro Dios. Que todos los pueblos y naciones aclamen con jœbilo al Se–or. R/.

ACLAMACIîN (cfr. Jn 14, 18) R/. Aleluya, aleluya. 
No los dejarŽ desamparados, dice el Se–or; me voy, pero volverŽ a ustedes y entonces se alegrar‡ su coraz—n. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 16, 16-20

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "Dentro de poco tiempo ya no me ver‡n; y dentro de otro poco me volver‡n a ver". Algunos de sus disc’pulos se preguntaban unos a otros: "ÀQuŽ querr‡ decir con eso de que: 'Dentro de poco tiempo ya no me ver‡n, y dentro de otro poco me volver‡n a ver', y con eso de que: 'Me voy al Padre'?". Y se dec’an: "ÀQuŽ significa ese 'un poco'? No entendemos lo que quiere decir". 
Jesœs comprendi— que quer’an preguntarle algo y les dijo: "Est‡n confundidos porque les he dicho: 'Dentro de poco tiempo ya no me ver‡n y dentro de otro poco me volver‡n a ver'. Les aseguro que ustedes llorar‡n y se entristecer‡n, mientras el mundo se alegrar‡. Ustedes estar‡n tristes, pero su tristeza se transformar‡ en alegr’a". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Las despedidas entre aquellos que se aman Siempre resultan dolorosas. La ausencia f’sica y corp—rea de Jesœs ser‡ remontada por la presencia vivificante de su Esp’ritu.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Te rogamos, Se–or, que mires con bondad estas ofrendas y que tu santo Esp’ritu las santifique, para que nos comunique ese amor con el que tus santos m‡rtires Crist—bal Magallanes y compa–eros lograron sobreponerse a los tormentos. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (2 Tm 2, 11-12)

Si morimos con Cristo viviremos con ƒl; si con ƒl perseveramos, tambiŽn con ƒl reinaremos. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Ya que en la fiesta de tus santos m‡rtires, Crist—bal Magallanes y compa–eros, nos has alimentado con un mismo pan, concŽdenos, Se–or, permanecer unidos en tu amor y emprender as’ una vida nueva. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

VIERNES 22

Santas: Rita de Casia, religiosa, y Joaquina de Vedruna, fundadora. Beato Pedro de la Asunci—n, m‡rtir. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Ap 5, 9-10)

Se–or, con tu sangre has rescatado a hombres de todas las razas, lenguas, pueblos y naciones y has hecho de nosotros un reino de sacerdotes para Dios. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Te pedimos, Se–or, que por medio de la predicaci—n del Evangelio se extienda por todo el mundo la acci—n redentora de Cristo, y que todos los hombres formemos una sola familia, conforme a la voluntad de tu Hijo, que vive y reina contigo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 18, 9-18

En aquellos d’as, Pablo tuvo una visi—n nocturna en Corinto, en la que le dijo el Se–or: "No tengas miedo. Habla y no calles, porque yo estoy contigo y nadie pondr‡ la mano sobre ti para perjudicarte. Muchos de esta ciudad pertenecen a mi pueblo". Por eso Pablo se qued— all’ un a–o y medio, explic‡ndoles la palabra de Dios. 
Pero cuando Gali—n era proc—nsul de Acaya, los jud’os, de comœn acuerdo, se abalanzaron contra Pablo y lo llevaron hasta el tribunal, donde dijeron: "Este hombre trata de convencer a la gente de que den a Dios un culto contrario a la ley". Iba Pablo a tomar la palabra para responder, cuando Gali—n dijo a los jud’os: "Si se tratara de un crimen o de un delito grave, yo los escuchar’a, como es raz—n; pero si la disputa es acerca de palabras o de nombres o de su ley, arrŽglense ustedes". Y los ech— del tribunal. Entonces se apoderaron de S—stenes, jefe de la sinagoga, y lo golpearon delante del tribunal, sin que Gali—n se preocupara en lo m‡s m’nimo. Pablo se qued— en Corinto todav’a algœn tiempo. DespuŽs se despidi— de los hermanos y se embarc— para Siria, con Priscila y Aquila. En CŽncreas se rap— la cabeza para cumplir una promesa que hab’a hecho. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Los obst‡culos a la misi—n cristiana arrecian en Corinto. Pablo logra sortearlos con serenidad y continua propagando el testimonio cristiano hasta conformar una comunidad eclesial estable.

Del salmo 46 R/. Dios es el rey del universo. Aleluya 
Aplaudan, pueblos todos; aclamen al Se–or, de gozo llenos, que el Se–or, el Alt’simo, es terrible y de toda la tierra, rey supremo. R/. 
Fue ƒl quien nos puso por encima de todas las naciones y los pueblos, al elegimos como herencia suya, orgullo de Jacob, su predilecto. R/. 
Entre voces de jœbilo y trompetas, Dios, el Se–or, asciende hasta su trono. Cantemos en honor de nuestro Dios, al rey honremos y cantemos todos. R/.

ACLAMACIîN (cfr. Lc 24, 46. 26) R/. Aleluya, aleluya. 
Cristo ten’a que morir y resucitar de entre los muertos, para entrar as’ en su gloria. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 16, 20-23

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "Les aseguro que ustedes llorar‡n y se entristecer‡n, mientras el mundo se alegrar‡. Ustedes estar‡n tristes, pero su tristeza se transformar‡ en alegr’a. Cuando una mujer va a dar a luz, se angustia, porque le ha llegado la hora; pero una vez que ha dado a luz, ya no se acuerda de su angustia, por la alegr’a de haber tra’do un hombre al mundo. As’ tambiŽn ahora ustedes est‡n tristes, pero yo los volverŽ a ver, se alegrar‡ su coraz—n y nadie podr‡ quitarles su alegr’a. Aquel d’a no me preguntar‡n nada". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Los sufrimientos y las contrariedades padecidos por fidelidad a Cristo son pasajeros. Quien est‡ cierto de la resurrecci—n de Jesœs, sabe que la cruz desemboca en alegr’a plena.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, con bondad, las ofrendas que te presentamos, y ayœdanos a conservar tu gracia para alcanzar un d’a la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Rm 4, 25)

Cristo fue condenado a muerte por nuestros pecados y resucit— para nuestra justificaci—n. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Se–or, que tu amor paterno proteja siempre a quienes has salvado por medio de la pasi—n de tu Hijo, y que Cristo resucitado sea la fuente de todas nuestras alegr’as. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

SçBADO 23

Santos: Desiderio de Vienne, obispo; M‡rtires de Capadocia, y Juana Antida Thouret, fundadora.

V’speras I de ma–ana: Todo propio Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (1 P 2, 9)

Nosotros somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Se–or, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Se–or, inclina nuestros corazones al bien a fin de que, en el continuo esfuerzo por elevamos a ti, podamos vivir plenamente el misterio pascual. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 18, 23-28

En aquellos d’as, despuŽs de haber estado en Antioqu’a algœn tiempo, emprendi— Pablo otro viaje y recorri— Galacia y Frigia, confirmando en la fe a los disc’pulos. Un jud’o, natural de Alejandr’a, llamado Apolo, hombre elocuente y muy versado en las Escrituras, hab’a ido a ƒfeso. Aquel hombre estaba instruido en la doctrina del Se–or, y siendo de ferviente esp’ritu, disertaba y ense–aba con exactitud lo concerniente a Jesœs, aunque no conoc’a m‡s que el bautismo de Juan. Apolo comenz— a hablar valientemente en la sinagoga. Cuando lo oyeron Priscila y Aquila, lo tomaron por su cuenta y le explicaron con mayor exactitud la doctrina del Se–or. Como Žl deseaba pasar a Grecia, los hermanos lo animaron y escribieron a los disc’pulos de all‡ para que lo recibieran bien. Cuando lleg—, contribuy— mucho, con la ayuda de la gracia, al provecho de los creyentes, pues refutaba vigorosamente en pœblico a los jud’os, demostrando, por medio de las Escrituras, que Jesœs era el Mes’as. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Los jud’os conversos expertos en la Escritura son un apoyo invaluable para mostrar la mesianidad de Jesœs. Apolo realiza este ministerio en la iglesia de Efeso.

Del salmo 46 R/. Dios es el rey del universo. Aleluya. 
Aplaudan, pueblos todos; aclamen al Se–or, de gozo llenos, que el Se–or, el Alt’simo, es terrible y de toda la tierra, rey supremo. R/. 
Porque Dios es el rey del universo, cantemos el mejor de nuestros cantos. Reina Dios sobre todas las naciones desde su trono santo. R/. 
Los jefes de los pueblos se han reunido con el pueblo de Dios, Dios de Abraham, porque de Dios son los grandes de la tierra. Por encima de todo Dios est‡. R/.

ACLAMACIîN (cfr. Jn 16, 28) R/. Aleluya, aleluya. 
Sal’ del Padre y vine al mundo, ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre, dice el Se–or. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 16, 23-28

En aquel tiempo, Jesœs dijo a sus disc’pulos: "Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo conceder‡. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibir‡n, para que su alegr’a sea completa. Les he dicho estas cosas en par‡bolas; pero se acerca la hora en que ya no les hablarŽ en par‡bolas, sino que les hablarŽ del Padre abiertamente. En aquel d’a pedir‡n en mi nombre, y no les digo que rogarŽ por ustedes al Padre, pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han cre’do que sal’ del Padre. Yo sal’ del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Los padres terrestres aman a sus hijos. El Padre celestial ama a su Hijo y a cuantos se deciden a vivir fieles a su Palabra; por esa raz—n atiende gustosamente sus sœplicas.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucar’stico, y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio I-V de Pascua.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 17, 24)

Padre, quiero que donde yo estŽ, estŽn tambiŽn conmigo los que tœ me has dado, para que contemplen la gloria que me diste, dice el Se–or. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Te suplicamos, Se–or, que esta Eucarist’a que tu Hijo nos mand— celebrar en memoria suya y en la cual hemos participado nos una cada vez m‡s con el v’nculo de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

DOMINGO 24

LA ASCENSIîN DEL SE„OR

Nuestra Se–ora Mar’a Auxiliadora

Santos: Donaciano y Rogaciano de Nantes, m‡rtires. Solemnidad (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Hch 1, 11)

Hombres de Galilea, ÀquŽ hacen all’ parados mirando al cielo? Ese mismo Jesœs, que los ha dejado para subir al cielo, volver‡ como lo han visto marcharse. Aleluya.

Se dice Gloria.

ORACIîN COLECTA

Llena, Se–or, nuestro coraz—n de gratitud y de alegr’a por la gloriosa ascensi—n de tu Hijo, ya que su triunfo es tambiŽn nuestra victoria, pues a donde lleg— ƒl, nuestra cabeza, tenemos la esperanza cierta de llegar nosotros, que somos su cuerpo. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 1, 1-11

En mi primer libro, querido Te—filo, escrib’ acerca de todo lo que Jesœs hizo y ense–—, hasta el d’a en que ascendi— al cielo, despuŽs de dar sus instrucciones, por medio del Esp’ritu Santo, a los ap—stoles que hab’a elegido. A ellos se les apareci— despuŽs de la Pasi—n, les dio numerosas pruebas de que estaba vivo y durante cuarenta d’as se dej— ver por ellos y les habl— del Reino de Dios. 
Un d’a, estando con ellos a la mesa, les mand—: "No se alejen de JerusalŽn. Aguarden aqu’ a que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que ya les he hablado: Juan bautiz— con agua; dentro de pocos d’as ustedes ser‡n bautizados con el Esp’ritu Santo". 
Los ah’ reunidos le preguntaban: "Se–or, Àahora s’ vas a restablecer la soberan’a de Israel?". Jesœs les contest—: "A ustedes no les toca conocer el tiempo y la hora que el Padre ha determinado con su autoridad; pero cuando el Esp’ritu Santo descienda sobre ustedes, los llenar‡ de fortaleza y ser‡n mis testigos en JerusalŽn, en toda Judea, en Samaria y hasta los œltimos rincones de la tierra". Dicho esto, se fue elevando a la vista de ellos, hasta que una nube lo ocult— a sus ojos. Mientras miraban fijamente al cielo, viŽndolo alejarse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: "Galileos, Àque hacen all’ parados, mirando al cielo? Ese mismo Jesœs que los ha dejado para subir al cielo, volver‡ como lo han visto alejarse". Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Este relato no pierde vigencia. Cada vez que la comunidad eclesial se distrae de su labor misionera, el Esp’ritu de Jesœs resucitado la relanza a testimoniar su victoria definitiva.

Del salmo 46 R/. Entre voces de jœbilo, Dios asciende a su trono. Aleluya. 
Aplaudan, pueblos todos; aclamen al Se–or, de gozo llenos; que el Se–or, el Alt’simo, es terrible y de toda la tierra, rey supremo. R/. 
Entre voces de jœbilo y trompetas, Dios, el Se–or, asciende hasta su trono. Cantemos en honor de nuestro Dios, al rey honremos y cantemos todos. R/. 
Porque Dios es el rey del universo, cantemos el mejor de nuestros cantos. Reina Dios sobre todas las naciones desde su trono santo. R/.

Lectura de la carta del ap—stol san Pablo a los efesios: 4, 1-13

Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Se–or, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sop—rtense mutuamente con amor; esfuŽrcense en mantenerse unidos en el Esp’ritu con el v’nculo de la paz. 
Porque no hay m‡s que un solo cuerpo y un solo Esp’ritu, como es tambiŽn s—lo una la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Se–or, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actœa a travŽs de todos y vive en todos. Cada uno de nosotros ha recibido la gracia en la medida en que Cristo se la ha dado. Por eso dice la Escritura: Subiendo a las alturas, llev— consigo a los cautivos y dio dones a los hombres. 
ÀY quŽ quiere decir "subi—"? Que primero baj— a lo profundo de la tierra. Y el que baj— es el mismo que subi— a lo m‡s alto de los cielos, para llenado todo. 
ƒl fue quien concedi— a unos ser ap—stoles a otros, ser profetas; a otros, ser evangelizadores; a otros, ser pastores y maestros. Y esto, para capacitar a los fieles, a fin de que, desempe–ando debidamente su tarea, construyan el cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a estar unidos en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, y lleguemos a ser hombres perfectos, que alcancemos en todas sus dimensiones la plenitud de Cristo. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

El œnico Esp’ritu ha sido derramado sobre todos los bautizados para que se conformen como un cuerpo unido y bien trabado, robustecido por la fe y ungido por la esperanza.

ACLAMACIîN (Mt 28, 19. 20) R/. Aleluya, aleluya.

Vayan y ense–en a todas las naciones, dice el Se–or, y sepan que, yo estarŽ con ustedes todos los d’as hasta el fin del mundo. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Marcos: 16,15-20

En aquel tiempo, se apareci— Jesœs a los Once y les dijo: "Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. El que crea y se bautice, se salvar‡; el que se resista a creer, ser‡ condenado. Estos son los milagros que acompa–ar‡n a los que hayan cre’do: arrojar‡n demonios en mi nombre, hablar‡n lenguas nuevas, coger‡n serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal no les har‡ da–o; impondr‡n las manos a los enfermos y Žstos quedar‡n sanos". 
El Se–or Jesœs, despuŽs de hablarles, subi— al cielo y est‡ sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron y proclamaron el Evangelio por todas partes, y el Se–or actuaba con ellos y confirmaba su predicaci—n con los milagros que hac’an. Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

La misi—n evangelizadora no se reduce a lanzar prŽdicas y proclamas entusiastas. La vivencia de la comuni—n y la fraternidad son signos sacramentales que acreditan a los evangelizadores.

Credo.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, este sacrificio que vamos a ofrecerte en acci—n de gracias por la ascensi—n de tu Hijo, y concŽdenos que esta Eucarist’a eleve nuestro esp’ritu a los bienes del cielo. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

PREFACIO I DE LA ASCENSIîN

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y fuente de salvaci—n darte gracias y alabarte siempre y en todo lugar, Se–or, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno. 
Porque el Se–or Jesœs, Rey de la gloria, triunfador del pecado y de la muerte, ante la admiraci—n de los ‡ngeles, ascendi— (hoy) a lo m‡s alto de los cielos, como Mediador entre Dios y los hombres, Juez del mundo y Se–or de los esp’ritus celestiales. 
No se fue para alejarse de nuestra peque–ez, sino para que pusiŽramos nuestra esperanza en llegar, como miembros suyos, a donde ƒl, nuestra cabeza y principio, nos ha precedido. 
Por eso, con esta efusi—n del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegr’a y tambiŽn los coros celestiales, los ‡ngeles y arc‡ngeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria:

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Mt 28, 20) 
Yo estarŽ con ustedes todos los d’as hasta el fin del mundo. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN 
Dios todopoderoso, que ya desde este mundo nos haces participar de tu vida divina, aviva en nosotros el deseo de la patria eterna, donde nos aguarda Cristo, Hijo tuyo y hermano nuestro. ƒl, que vive y reina por los siglos de los siglos.

UNA REFLEXIîN PARA NUESTRO TIEMPO.- Cuando la sociedad antigua acoge el mensaje cristiano reclama un m’nimo de coherencia a los primeros misioneros cristianos. En una cultura marcadamente religiosa como aquŽlla, hay una disponibilidad y una bœsqueda de ofertas religiosas; el anuncio cristiano cae naturalmente en el ‡nimo de los oyentes. En la sociedad secularizada que conformamos se vuelve m‡s complicado proclamar y acoger un mensaje religioso. Los evangelizadores tienen que ganarse a pulso la credibilidad de la sociedad en la que vivan, constituyŽndose en una alternativa convincente y esperanzadora. Quien escuche nuestro anuncio cuenta con todo el derecho de reclamarnos un m’nimo de coherencia y fidelidad al mensaje que pregonemos.

 

LUNES 25

Santos: Beda El Venerable, doctor de la Iglesia; Mar’a Magdalena de Pazzi, religiosa, y Gregorio VII, papa. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Hch 1. 8)

Cuando el Esp’ritu Santo descienda sobre ustedes, recibir‡n fuerza para ser mis testigos en JerusalŽn y aun en los lugares m‡s remotos del mundo, dice el Se–or. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Infunde, Se–or, en nosotros, la fuerza del Esp’ritu Santo, para que podamos cumplir fielmente tu voluntad y demos testimonio de ti con nuestras obras. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 19,1-8

En aquellos d’as, mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atraves— las regiones altas de Galacia y Frigia y baj— a ƒfeso. Encontr— all’ a unos disc’pulos y les pregunt—: "ÀHan recibido el Esp’ritu Santo, cuando abrazaron la fe?". Ellos respondieron: "Ni siquiera hemos o’do decir que exista el Esp’ritu Santo". Pablo replic—: "Entonces, ÀquŽ bautismo han recibido?". Ellos respondieron: "El bautismo de Juan". 
Pablo les dijo: "Juan bautiz— con un bautismo de arrepentimiento, pero advirtiendo al pueblo que deb’an creer en aquel que vendr’a despuŽs de ƒl, este es, en Jesœs". Al o’r esto, los disc’pulos fueron bautizados en el nombre del Se–or Jesœs, y cuando Pablo les impuso las manos, descendi— el Esp’ritu Santo y comenzaron a hablar lenguas desconocidas y a profetizar. Eran en total unos doce hombres. Durante los tres meses siguientes, 
Pablo frecuent— la sinagoga y habl— con toda libertad, disputando acerca del Reino de Dios y tratando de convencerlos. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

En ƒfeso, Cesarea y Samaria, al igual que en JerusalŽn, el Esp’ritu del resucitado se consagra a cuantos se bautizan en el nombre de Jesœs. El Esp’ritu autentifica la labor misionera.

Del salmo 67 R/. Cantemos a Dios un canto de alabanza. Aleluya. 
Cuando el Se–or actœa sus enemigos se dispersan y huyen ante su faz los que lo odian; cual se disipa el humo, se disipan; como la cera se derrite al fuego, as’ ante Dios perecen los malvados. R/. 
Ante el Se–or, su Dios, gocen los justos y salten de alegr’a. Entonen alabanzas a su nombre. En honor del Se–or toquen la c’tara. R/. 
Porque el Se–or, desde su templo santo, a huŽrfanos y viudas da su auxilio; ƒl fue quien dio a los desvalidos casa, libertad y riqueza a los cautivos. R/.

ACLAMACIîN (Col 3, 1) R/. Aleluya, aleluya. 
Puesto que han resucitado con Cristo, busquen los bienes de arriba, donde est‡ Cristo, sentado a la derecha de Dios. R/. 
Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 16, 29-33 
En aquel tiempo, los disc’pulos le dijeron a Jesœs: "Ahora s’ nos est‡s hablando claro y no en par‡bolas. Ahora s’ estamos convencidos de que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por eso creemos que has venido de Dios". Les contest— Jesœs: "ÀDe veras creen? Pues miren que viene la hora, m‡s aœn ya lleg—, en que se van a dispersar cada uno por su lado y me dejar‡n solo. Sin embargo, no estarŽ solo, porque el Padre est‡ conmigo. Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en m’. En el mundo tendr‡n tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Los disc’pulos se ufanan de entender cabalmente las cosas. Pretensi—n vana e ingenua. La revelaci—n de Jesœs no anula el misterio. El creyente nunca comprende todo lo que cree.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Que este santo sacrificio nos purifique, Se–or, y llene nuestras almas con la fuerza divina de tu gracia. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio de Pascua o de la Ascensi—n.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 14, 18; 16, 22)

No los dejarŽ huŽrfanos, dice el Se–or; vendrŽ de nuevo a ustedes y se alegrar‡n sus corazones. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Se–or, tœ que nos has concedido participar en esta Eucarist’a, m’ranos con bondad y ayœdanos a vencer nuestra fragilidad humana, para poder vivir como hijos tuyos. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

MARTES 26

Santos: Felipe Neri, fundador y Eleuterio I, papa; Beato Francisco Patrizi, presb’tero. Memoria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Jr 3, 15)

Yo les darŽ pastores que sean conforme a mi coraz—n y que los gu’en con sabidur’a. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios nuestro, que concediste a san Felipe Neri el don de servirte y de ayudar al pr—jimo con sencillez y alegr’a, infunde en nosotros tu Esp’ritu de amor para que sepamos vivir alegremente el Evangelio. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 20, 17-27

En aquellos d’as, hall‡ndose Pablo en Mileto, mand— llamar a los presb’teros de la comunidad cristiana de ƒfeso. Cuando se presentaron, les dijo: 
"Bien saben c—mo me he comportado entre ustedes, desde el primer d’a en que puse el pie en Asia: he servido al Se–or con toda humildad, en medio de penas y tribulaciones, que han venido sobre m’ por las asechanzas de los jud’os. TambiŽn saben que no he escatimado nada que fuera œtil para anunciarles el Evangelio, para ense–arles pœblicamente y en las casas, y para exhortar con todo empe–o a jud’os y griegos a que se arrepientan delante de Dios y crean en nuestro Se–or Jesucristo. 
Ahora me dirijo a JerusalŽn, encadenado en el esp’ritu, sin saber quŽ suceder‡ all‡. S—lo sŽ que el Esp’ritu Santo en cada ciudad me anuncia que me aguardan c‡rceles y tribulaciones. Pero la vida, para m’, no vale nada. Lo que me importa es llegar al fin de mi carrera y cumplir el encargo que recib’ del Se–or Jesœs: anunciar el Evangelio de la gracia de Dios. 
Por lo pronto sŽ que ninguno de ustedes, a quienes he predicado el Reino de Dios, volver‡ a verme. Por eso declaro hoy que no soy responsable de la suerte de nadie, porque no les he ocultado nada y les he revelado en su totalidad el plan de Dios". Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Quien ha descubierto la presencia viva de Jesœs, tal como el ap—stol Pablo, aprende a vivir en libertad, disponiŽndose incluso a entregar la vida.

Del salmo 67 R/. Reyes de la tierra, canten al Se–or. Aleluya. 
A tu pueblo extenuado diste fuerzas, nos colmaste, Se–or, de tus favores y habit— tu reba–o en esta tierra, que tu amor prepar— para los pobres. R/. 
Bendito sea el Se–or, d’a tras d’a, que nos lleve en sus alas y nos salve. Nuestro Dios es un Dios de salvaci—n porque puede libramos de la muerte. R/.

ACLAMACIîN (cfr. Jn 14, 16) R/. Aleluya, aleluya. 
Yo le rogarŽ al Padre y ƒl les dar‡ otro Par‡clito para que estŽ siempre con ustedes, dice el Se–or. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 17, 1-11

En aquel tiempo, Jesœs levant— los ojos al cielo y dijo: "Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo tambiŽn te glorifique, y por el poder que le diste sobre toda la humanidad, dŽ la vida eterna a cuantos le has confiado. La vida eterna consiste en que te conozcan a ti, œnico Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien tœ has enviado. 
Yo te he glorificado sobre la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste. Ahora, Padre, glorificame en ti con la gloria que ten’a, antes de que el mundo existiera. He manifestado tu nombre a los hombres que tœ tomaste del mundo y me diste. Eran tuyos y tœ me los diste. Ellos han cumplido tu palabra y ahora conocen que todo lo que me has dado viene de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tœ me diste; ellos las han recibido y ahora reconocen que yo sal’ de ti y creen que tœ me has enviado. Te pido por ellos; no te pido por el mundo, sino por Žstos, que tœ me diste, porque son tuyos. Todo lo m’o es tuyo y todo lo tuyo es m’o. Yo he sido glorificado en ellos. Ya no estarŽ m‡s en el mundo, pues voy a ti; pero ellos se quedan en el mundo". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Los disc’pulos son elegidos, en medio de otros muchos hombres y mujeres de Israel, para testimoniar la obra que el Padre cumple a travŽs de su Hijo Jesœs.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Por medio de este sacrificio de alabanza que vamos a ofrecerte, convierte, Se–or, nuestra vida, como la de san Felipe Neri, en una prueba m‡s de tu solicitud por los pobres. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Mt 20, 28)

El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida para redenci—n de todos. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Por esta sagrada comuni—n que hemos recibido, concŽdenos, Se–or, que a ejemplo de san Felipe tengamos siempre hambre y sed de Cristo, que es la vida verdadera. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

MIƒRCOLES 27

Nuestra Se–ora de la Luz

Santos: San Agust’n de Canterbury, obispo. Beato Edmundo Ducke y compa–eros, m‡rtires. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Sal 46. 2)

Pueblos todos, aplaudan y aclamen a Dios con clamores de jœbilo. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios misericordioso concede a tu Iglesia, congregada por el Esp’ritu Santo, entregarse plenamente a ti y vivir siempre unida en el amor. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 20, 28-38

En aquellos d’as, Pablo dijo a los presb’teros de la comunidad cristiana de ƒfeso: ÇMiren por ustedes mismos y por todo el reba–o, del que los constituy— pastores el Esp’ritu Santo, para apacentar a la Iglesia que Dios adquiri— con la sangre de su Hijo. 
Yo sŽ que despuŽs de mi partida, se introducir‡n entre ustedes lobos rapaces, que no tendr‡n piedad del reba–o y sŽ que, de entre ustedes mismos, surgir‡n hombres que predicar‡n doctrinas perversas y arrastrar‡n a los fieles detr‡s de s’. Por eso estŽn alerta. AcuŽrdense que durante tres a–os, ni de d’a ni de noche he dejado de aconsejar, con l‡grimas en los ojos, a cada uno de ustedes. Ahora los encomiendo a Dios y a su palabra salvadora, la cual tiene fuerza para que todos los consagrados a Dios crezcan en el esp’ritu y alcancen la herencia prometida. Yo no he codiciado ni el oro ni la plata ni la ropa de nadie. Bien saben que cuanto he necesitado para m’ y para mis compa–eros, lo he ganado con mis manos. Siempre he mostrado que hay que trabajar as’, para ayudar como se debe a los necesitados, recordando las palabras del Se–or Jesœs: 'Hay m‡s felicidad en dar que en recibir' ". 
Dicho esto, se arrodill— para orar con todos ellos. Todos se pusieron a llorar y abrazaban y besaban a Pablo, afligidos, sobre todo, porque les hab’a dicho que no lo volver’an a ver. Y todos lo acompa–aron hasta el barco. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Pablo es un ap—stol maduro y sensato. Luego de haber consolidado las iglesias de Asia, las exhorta a permanecer fieles al mensaje de gracia y a ponerse en las manos de Dios.

Del salmo 67 R/. Reyes de la tierra, canten al Se–or. Aleluya. 
Se–or, despliega tu poder, reafirma lo que has hecho por nosotros, desde JerusalŽn, desde tu templo, a donde vienen los reyes con sus dones. R/. 
C‡ntenle al Se–or, reyes de la tierra, denle gloria al Se–or que recorre los cielos seculares, y que dice con voz como de trueno: "Glorifiquen a Dios". R/. 
Sobre Israel su majestad se extiende y su poder, sobre las nubes. Bendito sea nuestro Dios. R/.

ACLAMACIîN (cfr. Jn 17, 17) R/. Aleluya, aleluya. 
Tu palabra, Se–or, es la verdad; santif’canos en la verdad. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 17, 11-19

En aquel tiempo, Jesœs levant— los ojos al cielo y dijo: "Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo velaba por ellos y ninguno de ellos se perdi—, excepto el que ten’a que perderse, para que se cumpliera la Escritura. Pero ahora voy a ti, y mientras estoy aœn en el mundo, digo estas cosas para que mi gozo llegue a su plenitud en ellos. Yo les he entregado tu palabra y el mundo los odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 
Santif’calos en la verdad. Tu palabra es la verdad. As’ como tœ me enviaste al mundo, as’ los env’o yo tambiŽn al mundo. Yo me santifico a m’ mismo por ellos, para que tambiŽn ellos sean santificados en la verdad". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Los creyentes que viven coherentemente su fe enfrentan la hostilidad de un sistema de valores contrarios al Evangelio. Quien resista hasta el final experimentar‡ una alegr’a plena.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, este sacrificio de alabanza que tœ mismo nos has mandado celebrar, y d’gnate, por esta Eucarist’a, santificamos y damos tu salvaci—n. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio de Pascua o de la Ascensi—n.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 15, 26-27)

Cuando venga el Consolador que yo les enviarŽ, el Esp’ritu de verdad que procede del Padre, dar‡ testimonio de m’, dice el Se–or, y tambiŽn ustedes dar‡n testimonio. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Se–or, que esta comuni—n aumente en nosotros tu gracia, nos purifique de nuestros pecados y nos disponga mejor a recibir tus dones. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

JUEVES 28

Santos: Germ‡n de Par’s, obispo; Pablo Hanh de Vietnam, m‡rtir, y Justo de Urgel, obispo. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Hb 4, 16)

AcerquŽmonos confiadamente a Dios, fuente de bondad, a fin de alcanzar su misericordia y su gracia en el tiempo oportuno. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Se–or, que el Esp’ritu Santo nos conceda abundantemente sus dones, para que podamos conocer tu voluntad y ajustemos a ella nuestra vida. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 22, 30, 23, 6-11

En aquellos d’as, el comandante, queriendo saber con exactitud de quŽ acusaban a Pablo los jud’os, mand— que le quitaran las cadenas, convoc— a los sumos sacerdotes y a todo el sanedr’n, y llevando consigo a Pablo, lo hizo comparecer ante ellos. Como Pablo sab’a que una parte del sanedr’n era de saduceos y otra de fariseos, exclam—: "Hermanos: Yo soy fariseo, hijo de fariseos, y me quieren juzgar porque espero la resurrecci—n de los muertos": Apenas dijo esto, se produjo un altercado entre fariseos y saduceos, que ocasion— la divisi—n de la asamblea. (Porque los saduceos niegan la otra vida, sea de ‡ngeles o de esp’ritus resucitados; mientras que los fariseos admiten ambas cosas.) Estall— luego una terrible griter’a y algunos escribas del partido de los fariseos, se pusieron de pie y declararon enŽrgicamente: "Nosotros no encontramos ningœn delito en este hombre. ÀQuiŽn puede decimos que no le ha hablado un esp’ritu o un ‡ngel?". El alboroto lleg— a tal grado, que el comandante, temiendo que hicieran pedazos a Pablo, mand— traer a la guarnici—n para sacado de all’ y llev‡rselo al cuartel. En la noche siguiente se le apareci— el Se–or a Pablo y le dijo: "Ten ‡nimo, Pablo; porque as’ como en JerusalŽn has dado testimonio de m’, as’ tambiŽn tendr‡s que darlo en Roma". Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Con palabras pertinentes Pablo se libra de las acusaciones de sus adversarios. Al anochecer, el ap—stol escucha palabras de aliento y se dispone a emprender el camino de la misi—n hacia Roma.

Del salmo 15 R/. EnsŽ–anos, Se–or, el camino de la vida. Aleluya. 
ProtŽgeme, Dios m’o, pues eres mi refugio. Yo siempre he dicho que tœ eres mi Se–or. El Se–or es la parte que me ha tocado en herencia; mi vida est‡ en sus manos. R/. 
BendecirŽ al Se–or, que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Se–or y con ƒl a mi lado, jam‡s tropezarŽ. R/. 
Por eso se me alegran el coraz—n y el alma y mi cuerpo vivir‡ tranquilo, porque tœ no me abandonar‡s a la muerte ni dejar‡s que sufra yo la corrupci—n. R/. 
EnsŽ–ame el camino de la vida, s‡ciame de gozo en tu presencia y de alegr’a perpetua junto a ti. R/.

ACLAMACIîN (Jn 17, 21) R/. Aleluya, aleluya. 
Que todos sean uno, como tœ, Padre, en m’ y yo en ti, somos uno. As’ el mundo creer‡ que tœ me has enviado, dice el Se–or. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesœs levant— los ojos al cielo y dijo: "Padre, no s—lo te pido por mis disc’pulos, sino tambiŽn por los que van a creer en m’ por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tœ, Padre, en m’ y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tœ me has enviado. 
Yo les he dado la gloria que tœ me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tœ en m’, para que su unidad sea perfecta y as’ el mundo conozca que tœ me has enviado y que los amas, como me amas a m’. Padre, quiero que donde yo estŽ, estŽn tambiŽn conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creaci—n del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo s’ te conozco y Žstos han conocido que tœ me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguirŽ dando a conocer, para que el amor con que me amas estŽ en ellos y yo tambiŽn en ellos". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Los futuros creyentes acogen la predicaci—n cristiana persuadidos por el testimonio de unidad y amor fraternos que les ofrecen los misioneros enviados por Jesœs.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Acepta, Se–or, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucar’stico, y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Se–or. 
Prefacio de Pascua o de la Ascensi—n.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 16, 7)

Yo se lo aseguro, dice el Se–or: Les conviene que yo me vaya, porque si no me voy, no vendr‡ a ustedes el Esp’ritu consolador. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Que esta Eucarist’a, Se–or, nos haga comprender tus designios y nos comunique tu misma vida divina, para que seamos dignos de recibir los dones de tu Esp’ritu. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

VIERNES 29

Santos: Maximino de TrŽveris, obispo, y Bona de Pisa, virgen. Beata òrsula (Julia) Ledochowska, fundadora. Feria (Blanco)

ANTêFONA DE ENTRADA (Ap 1, 5-6)

Cristo nos ama y nos ha purificado de nuestros pecados por medio de su sangre; ƒl nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes para Dios su Padre. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Dios nuestro, que por medio del triunfo glorioso de Cristo y de la gracia del Esp’ritu Santo nos has abierto las puertas del cielo, haz que comprendamos la grandeza de este don para que podamos crecer en la fe y servirte con mayor empe–o. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 25, 13-21

En aquellos d’as, el rey Agripa y Berenice llegaron a Ces‡rea para saludar a Festo. Como se detuvieron algœn tiempo all’, Festo expuso al rey el caso de Pablo con estas palabras: 
"Tengo aqu’ un preso que me dej— FŽlix, cuya condenaci—n me pidieron los sumos sacerdotes y los ancianos de los jud’os, cuando estuve en JerusalŽn. Yo les respond’ que no era costumbre romana condenar a ningœn hombre, sin carearlo antes con sus acusadores, para darle la oportunidad de defenderse de la acusaci—n. 
Vinieron conmigo a Cesarea, y sin dar largas al asunto, me sentŽ en el tribunal al d’a siguiente y mandŽ que compareciera ese hombre. Los acusadores que se presentaron contra Žl, no le hicieron cargo de ninguno de los delitos que yo sospechaba. Se trataba s—lo de ciertas discusiones acerca de su religi—n y de un tal Jesœs, ya muerto, que Pablo asegura que est‡ vivo. No sabiendo quŽ determinaci—n tomar, le preguntŽ a Pablo si quer’a ir a JerusalŽn para que se le juzgara all‡ de esos cargos; pero como Žl pidi— ser juzgado por el CŽsar, ordenŽ que siguiera detenido hasta que yo pudiera envi‡rselo". Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

A los ojos de un observador neutral el asunto no pasa de ser una controversia entre diferentes agrupaciones religiosas. El centro del debate est‡ claro, es urgente saber si Jesœs est‡ vivo o no. Nosotros sabemos que s’.

Del salmo 102 R/. Bendigamos al Se–or, que es el rey del universo. Aleluya. 
Bendice al Se–or, alma m’a, que todo mi ser bendiga su santo nombre. Bendice al Se–or, alma m’a, y no te olvides de sus beneficios. R/. 
Como desde la tierra hasta el cielo, as’ es de grande su misericordia; como dista el oriente del ocaso, as’ aleja de nosotros nuestros delitos. R/. 
En el cielo el Se–or puso su trono y su reino abarca el universo. Bendigan al Se–or todos los ‡ngeles, ejecutores fieles de sus —rdenes. R/.

ACLAMACIîN (Jn 14, 26) R/. Aleluya, aleluya. 
El Esp’ritu Santo les ense–ar‡ todas las cosas y les recordar‡ todo cuanto yo les he dicho, dice el Se–or. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 21, 15-19

En aquel tiempo, le pregunt— Jesœs a Sim—n Pedro: "Sim—n, hijo de Juan, Àme amas m‡s que Žstos?". ƒl le contest—: "S’, Se–or, tœ sabes que te quiero". Jesœs le dijo: "Apacienta mis corderos". Por segunda vez le pregunt—: "Sim—n, hijo de Juan, Àme amas?". ƒl le respondi—: "S’, Se–or, tœ sabes que te quiero". Jesœs le dijo: "Pastorea mis ovejas". Por tercera vez le pregunt—: "Sim—n, hijo de Juan, Àme quieres?". Pedro se entristeci— de que Jesœs le hubiera preguntado por tercera vez si lo quer’a, y le contest—: "Se–or, tœ lo sabes todo; tœ bien sabes que te quiero". Jesœs le dijo: "Apacienta mis ovejas. Yo te aseguro: cuando eras joven, tœ mismo te ce–’as la ropa e ibas a donde quer’as; pero cuando seas viejo extender‡s los brazos y otro te ce–ir‡ y te llevar‡ a donde no quieras". Esto se lo dijo para indicarle con quŽ gŽnero de muerte habr’a de glorificar a Dios. DespuŽs le dijo: "S’gueme". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Este di‡logo tiene obvias resonancias. Pedro reniega en tres ocasiones de Jesœs. Esta triple declaraci—n es una confesi—n de un amor humilde y sincero.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Mira, Se–or, con bondad las ofrendas de tu pueblo y haz que el Esp’ritu Santo nos purifique para que podamos presentarte un sacrificio agradable. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio de Pascua o de la Ascensi—n

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 16, 13)

Cuando venga el Esp’ritu de verdad, dice el Se–or, ƒl los guiar‡ hasta la verdad plena. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Se–or, tœ que nos purificas y fortaleces por medio de tus sacramentos, haz que nuestra participaci—n en esta Eucarist’a nos conduzca a la vida eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

SçBADO 30

Santos: Fernando III de Espa–a, rey; Anastasio de Pav’a, obispo, y Juana de Arco, m‡rtir.

V’speras I de ma–ana: Todo propio Solemnidad (Rojo)

Misa vespertina de la vigilia

Misa matutina

ANTêFONA DE ENTRADA (Hch 1,14)

Animados de un mismo esp’ritu, los disc’pulos perseveraban en la oraci—n, en compa–’a de algunas mujeres, de Mar’a, la Madre de Jesœs, y de los parientes de Žste. Aleluya.

ORACIîN COLECTA

Al concluir estas fiestas de Pascua concŽdenos, Se–or, que la alegr’a de saber que hemos resucitado con tu Hijo, transforme toda nuestra vida. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 28, 16-20. 30-31

En aquellos d’as, cuando llegamos a Roma, se le permiti— a Pablo vivir en una casa particular, con un soldado de guardia. Tres d’as despuŽs de su llegada, convoc— a los jud’os principales, y una vez reunidos, les dijo: "Hermanos, sin haber hecho nada en contra de mi pueblo, ni de las tradiciones de nuestros padres, fui preso en JerusalŽn y entregado a los romano. Ellos, despuŽs de interrogarme, quer’an ponerme en libertad, porque no encontraron en m’ nada que mereciera la muerte. Pero los jud’os se opusieron y tuve que apelar al CŽsar, sin pretender por ello acusar a mi pueblo. Por esta raz—n he querido verlos y hablar con ustedes pues llevo estas cadenas a causa de la esperanza de Israel". 
Dos a–os enteros pas— Pablo en una casa alquilada; ah’ recib’a a todos los que acud’an a Žl, predicaba el Reino de Dios y les explicaba la vida de Jesucristo, el Se–or, con absoluta libertad y sin estorbo alguno. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Pablo llega a Roma y, conforme a su costumbre, comienza a invitar a la fe cristiana a sus hermanos jud’os. Ante su negativa, opta por dirigir el mensaje a los paganos. 
Del salmo 10 R/. El Se–or ver‡ a los justos con complacencia. Aleluya. 
Desde su santo templo all‡ en el cielo, donde tiene su trono y su morada, los ojos del Se–or miran al mundo y examina a los hombres su mirada. R/. 
Examina a inocentes y malvados y aborrece al que ama la violencia. Pues es justo el Se–or y ama lo justo, a los justos ver‡ con complacencia. R/.

ACLAMACIîN (cfr. Jn 16, 7. 13) R/. Aleluya, aleluya. 
Yo les enviarŽ el Esp’ritu de verdad y ƒl los ir‡ guiando hacia la verdad plena, dice el Se–or. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 21, 20-25 .

En aquel tiempo, Jesœs dijo a Pedro: "S’gueme". Pedro, volviendo la cara, vio que iba detr‡s de ellos el disc’pulo a quien Jesœs amaba, el mismo que en la cena se hab’a reclinado sobre su pecho y le hab’a preguntado: 'Se–or, ÀquiŽn es el que te va a traicionar?'. Al verlo, Pedro le dijo a Jesœs: 
"Se–or, ÀquŽ va a pasar con Žste?". Jesœs le respondi—: "Si yo quiero que Žste permanezca vivo hasta que yo vuelva, Àa ti quŽ? Tœ, s’gueme". 
Por eso comenz— a correr entre los hermanos el rumor de que ese disc’pulo no habr’a de morir. Pero Jesœs no dijo que no morir’a, sino: 'Si yo quiero que permanezca vivo hasta que yo vuelva, Àa ti quŽ?'. Ese es el disc’pulo que atestigua estas cosas y las ha puesto por escrito, y estamos ciertos de que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesœs y creo que, si se relataran una por una, no cabr’an en todo el mundo los libros que se escribieran. Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Cada cristiano debe preocuparse de seguir fielmente a Jesœs, su Se–or. La presencia de testigos fidedignos, de disc’pulos fieles y, por lo tanto, amados por Jesœs honra a la comunidad eclesial.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Que el Esp’ritu Santo nos purifique, Se–or, de nuestras culpas y nos prepare a celebrar dignamente tu santa Eucarist’a. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Prefacio de Pascua o de la Ascensi—n.

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 16, 14)

El Esp’ritu Santo me glorificar‡, porque recibir‡ de m’, dice el Se–or, lo que les ir‡ comunicando. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Se–or, que tu amor paterno proteja siempre a quienes has salvado por medio de la pasi—n de tu Hijo y que Cristo resucitado sea la fuente de todas nuestras alegr’as. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

 

DOMINGO 31

DOMINGO DE PENTECOSTƒS

La Visitaci—n de la Sant’sima Virgen Mar’a

Santos: Santa Petronila de Roma, m‡rtir.

Misa vespertina de la vigilia

Esta Misa se dice en la tarde del s‡bado, ya sea antes o despuŽs de las primeras V’speras del domingo de PentecostŽs.

ANTêFONA DE ENTRADA (Rm 5, 5; 8, 11)

El amor a Dios ha sido infundido en nuestros corazones por el Esp’ritu Santo, que habita en nosotros. Aleluya.

Se dice Gloria.

ORACIîN COLECTA

Dios eterno y todopoderoso, que quisiste consumar el misterio de la muerte, resurrecci—n y ascensi—n de tu Hijo, con la venida del Esp’ritu Santo, renueva el prodigio de PentecostŽs y haz que todos los pueblos de la tierra superen con tu amor sus diferencias y te reconozcan como Padre. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro del profeta Ezequiel: 37,1-14

En aquellos d’as, la mano del Se–or se pos— sobre m’, y su esp’ritu me traslad— y me coloc— en medio de un campo lleno de huesos. Me hizo dar vuelta en torno a ellos. Hab’a una cantidad innumerable de huesos sobre la superficie del campo y estaban completamente secos. Entonces el Se–or me pregunt—: "Hijo de hombre, Àpodr‡n acaso revivir estos huesos?". Yo respond’: "Se–or, tœ lo sabes". ƒl me dijo: "Habla en mi nombre a estos huesos y diles: 'Huesos secos, escuchen la palabra del Se–or. Esto dice el Se–or Dios a estos, huesos: He aqu’ que yo les infundirŽ el esp’ritu y revivir‡n. Les pondrŽ nervios, harŽ que les brote carne, la cubrirŽ de piel, les infundirŽ el esp’ritu y revivir‡n. Entonces reconocer‡n ustedes que yo soy el Se–or' ". 
Yo pronunciŽ en nombre del Se–or las palabras que ƒl me hab’a ordenado, y mientras hablaba, se oy— un gran estrŽpito, se produjo un terremoto y los huesos se juntaron unos con otros. Y vi c—mo les iban saliendo nervios y carne y c—mo se cubr’an de piel; pero no ten’an esp’ritu. Entonces me dijo el Se–or: "Hijo de hombre, habla en mi nombre al esp’ritu y dile: 'Esto dice el Se–or: Ven, esp’ritu, desde los cuatro vientos y sopla sobre estos muertos, para que vuelvan a la vida' ". 
Yo hablŽ en nombre del Se–or, como ƒl me hab’a ordenado. Vino sobre ellos el esp’ritu, revivieron y se pusieron de pie. Era una multitud innumerable. El Se–or me dijo: "Hijo de hombre: Estos huesos son toda la casa de Israel, que ha dicho: 'Nuestros huesos est‡n secos; pereci— nuestra esperanza y estamos destrozados'. Por eso; habla en mi nombre y diles: 'Esto dice el Se–or: Pueblo m’o, yo mismo abrirŽ sus sepulcros, los harŽ salir de ellos y los conducirŽ de nuevo a la tierra de Israel. Cuando abra sus sepulcros y los saque de ellos, pueblo m’o, ustedes dir‡n que yo soy el Se–or. Entonces les infundirŽ mi Esp’ritu, los establecerŽ en su tierra y sabr‡n que yo, el Se–or, lo dije y lo cumpl’' ". Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

Del salmo 103 R/. Env’a, Se–or, tu Esp’ritu, a renovar la tierra. Aleluya. 
Bendice al Se–or, alma m’a; Se–or y Dios m’o, inmensa es tu grandeza. Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto. R/. 
ÁQuŽ numerosas son tus obras, Se–or, y todas las hiciste con maestr’a! La tierra est‡ llena de tus creaturas. Bendice al Se–or, alma m’a. R/. 
Todos los vivientes aguardan que les des de comer a su tiempo; les das el alimento y lo recogen, abres tu mano y se sacian de bienes. R/. 
Si retiras tu aliento, toda creatura muere y vuelve al polvo. Pero env’as tu esp’ritu, que da vida, y renuevas el aspecto de la tierra. R/.

Lectura de la carta del ap—stol san Pablo a los romanos: 8, 22-27

Hermanos: Sabemos que la creaci—n entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto; y no s—lo ella, sino tambiŽn nosotros, los que poseemos las primicias del Esp’ritu, gemimos interiormente, anhelando que se realice plenamente nuestra condici—n de hijos de Dios, la redenci—n de nuestro cuerpo. Porque ya es nuestra la salvaci—n, pero su plenitud es todav’a objeto de esperanza. Esperar lo que ya se posee no es tener esperanza, porque, Àc—mo se puede esperar lo que ya se posee? En cambio, si esperamos algo que todav’a no poseemos, tenemos que esperado con paciencia. 
El Esp’ritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Esp’ritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Esp’ritu quiere decir, porque el Esp’ritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

ACLAMACIîN R/. Aleluya, aleluya. 
Ven, Esp’ritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 7, 37-39

El œltimo d’a de la fiesta, que era el m‡s solemne, exclam— Jesœs en voz alta: "El que tenga sed, que venga a m’; y beba, aquel que cree en m’. Como dice la Escritura: Del coraz—n del que cree en m’ brotar‡n r’os de agua viva". Al decir esto, se refer’a al Esp’ritu Santo que hab’an de recibir los que creyeran en ƒl, pues aœn no hab’a venido el Esp’ritu, porque Jesœs no hab’a sido glorificado. Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Credo.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Que tu Esp’ritu santificador descienda, Se–or, sobre estos dones e inunde de amor a tu Iglesia para que Žsta pueda ser, en medio del mundo, tu signo y tu instrumento de salvaci—n. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

PREFACIO

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvaci—n darte gracias siempre y en todo lugar, Se–or, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. 
Porque tœ, para llevar a su plenitud el misterio pascual, has enviado hoy al Esp’ritu Santo sobre aquellos a quienes adoptaste como hijos al injertados en Cristo, tu UnigŽnito. 
Este mismo Esp’ritu fue quien, al nacer la Iglesia, revel— a todos los pueblos el misterio de Dios y uni— la diversidad de las lenguas en la confesi—n de una misma fe. 
Por eso, el mundo entero se desborda de alegr’a y tambiŽn los coros celestiales, los ‡ngeles y los arc‡ngeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Jn 7, 37)

El œltimo d’a de la fiesta, Jesœs se puso de pie y exclam—: El que tenga sed, que venga a m’ y beba. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Que el sacramento que hemos recibido, nos comunique, Se–or, el fuego del Esp’ritu Santo que infundiste a tus Ap—stoles el d’a de PentecostŽs. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

Misa del d’a

ANTêFONA DE ENTRADA (Sb 1, 7)

El Esp’ritu del Se–or ha llenado toda la tierra; ƒl da unidad a todas las cosas y se hace comprender en todas las lenguas. Aleluya.

Se dice Gloria.

ORACIîN COLECTA

Dios nuestro, que por el misterio de PentecostŽs santificas a tu Iglesia extendida por todas las naciones, concede al mundo entero los dones del Esp’ritu Santo y continœa realizando entre los fieles la unidad y el amor de la primitiva Iglesia. Por nuestro Se–or Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del libro de los Hechos de los Ap—stoles: 2, 1-11

El d’a de PentecostŽs, todos los disc’pulos estaban reunidos en un mismo lugar. De repente se oy— un gran ruido que ven’a del cielo, como cuando sopla un viento fuerte, que reson— por toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos; se llenaron todos del Esp’ritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, segœn el Esp’ritu los induc’a a expresarse. 
En esos d’as hab’a en JerusalŽn jud’os devotos, venidos de todas partes del mundo. Al o’r el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los o’a hablar en su propio idioma. 
At—nitos y llenos de admiraci—n, preguntaban: "ÀNo son galileos todos estos que est‡n hablando? ÀC—mo, pues, los o’mos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay medos, partos y e1amitas; otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene. Algunos somos visitantes, venidos de Roma, jud’os y prosŽlitos; tambiŽn hay cretenses y ‡rabes. Y sin embargo, cada quien los oye hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua". Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

El Esp’ritu transforma la capacidad de lenguaje de los primeros misioneros; Žstos se hacen entender de gente proveniente de las m‡s diferentes lenguas y culturas.

Del salmo 103 R/. Env’a, Se–or, tu Esp’ritu a renovar la tierra. Aleluya. 
Bendice al Se–or, alma m’a; Se–or y Dios m’o, inmensa es tu grandeza. ÁQuŽ numerosas son tus obras, Se–or! La tierra est‡ llena de tus creaturas. R/. 
Si retiras tu aliento, toda creatura muere y vuelve al polvo. Pero env’as tu esp’ritu, que da vida, y renuevas el aspecto de la tierra. R/. 
Que Dios sea glorificado para siempre y se goce en sus creaturas. Ojal‡ que le agraden mis palabras y yo me alegrarŽ en el Se–or. R/.

Lectura de la primera carta del ap—stol san Pablo a los corintios: 12, 3-7. 12-13

Hermanos: Nadie puede llamar a Jesœs "Se–or", si no es bajo la acci—n del Esp’ritu Santo. 
Hay diferentes dones, pero el Esp’ritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Se–or es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo. En cada uno se manifiesta el Esp’ritu para el bien comœn. Porque as’ como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, as’ tambiŽn es Cristo. Porque todos nosotros, seamos jud’os o no jud’os, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Esp’ritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Esp’ritu. Palabra de Dios. Te alabamos, Se–or.

El Esp’ritu de Jesœs se derrama sobre los disc’pulos y los alienta a conformarse como un cuerpo armoniosamente trabado, que hace presente a Jesœs en forma sacramental.

SECUENCIA

1 Ven, Dios Esp’ritu Santo,

6 Sin tu inspiraci—n divina

   y env’anos desde el cielo

los hombres nada podemos

   tu luz, para iluminamos.

y el pecado nos domina.

2 Ven ya, padre de los pobres,

7 Lava nuestras inmundicias,

   luz que penetra en las almas,

fecunda nuestros desiertos

   dador de todos los dones.

y cura nuestras heridas.

3 Fuente de todo consuelo,

8 Doblega nuestra soberbia,

   amable huŽsped del alma,

calienta nuestra frialdad,

   paz en las horas de duelo.

endereza nuestras sendas.

4 Eres pausa en el trabajo,

9 Concede a aquellos que ponen

   brisa, en un clima de fuego,

en ti su fe y su confianza

   consuelo, en medio del llanto.

tus siete sagrados dones.

5.Ven, luz santificadora,

10 Danos virtudes y mŽritos,

  y entra hasta el fondo del alma

danos una buena muerte

  de todos los que te adoran.

y contigo el gozo eterno.

 

ACLAMACIîN R/. Aleluya, aleluya. 
Ven, Esp’ritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. R/.

Lectura (Proclamaci—n) del santo Evangelio segœn san Juan: 20,19-23

Al anochecer del d’a de la Resurrecci—n, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los disc’pulos, por miedo a los jud’os, se present— Jesœs en medio de ellos y les dijo: "La paz estŽ con ustedes". Dicho esto, les mostr— las manos y el costado. Cuando los disc’pulos vieron al Se–or, se llenaron de alegr’a. 
De nuevo les dijo Jesœs: "La paz estŽ con ustedes. Como el Padre me ha enviado, as’ tambiŽn los env’o yo". DespuŽs de decir esto, sopl— sobre ellos y les dijo: "Reciban el Esp’ritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedar‡n perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedar‡n sin perdonar". Palabra del Se–or. Gloria a ti, Se–or Jesœs.

Los disc’pulos siguen aferrados al antiguo orden. Las puertas cerradas, el coraz—n abatido. La paz del resucitado inunda sus vidas y los confirma en la verdad.

Credo.

ORACIîN SOBRE LAS OFRENDAS

Se–or, que el Esp’ritu Santo nos haga comprender mejor, segœn la promesa de tu Hijo, el misterio de este sacrificio y toda la profundidad del Evangelio. Por Jesucristo, nuestro Se–or.

PREFACIO

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvaci—n darte gracias siempre y en todo lugar, Se–or, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno. 
Porque tœ, para llevar a su plenitud el misterio pascual, has enviado hoy al Esp’ritu Santo sobre aquellos a quienes adoptaste como hijos al injertados en Cristo, tu UnigŽnito. 
Este mismo Esp’ritu fue quien, al nacer la Iglesia, revel— a todos los pueblos el misterio de Dios y uni— la diversidad de las lenguas en la confesi—n de una misma fe. 
Por eso, el mundo entero se desborda de alegr’a y tambiŽn los coros celestiales, los ‡ngeles y los arc‡ngeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...

ANTêFONA DE LA COMUNIîN (Hch 2, 4.11)

Todos quedaron llenos del Esp’ritu Santo, y proclamaban las maravillas de Dios. Aleluya.

ORACIîN DESPUƒS DE LA COMUNIîN

Se–or, tœ que nos concedes participar de la vida divina por medio de tus sacramentos, conserva en nosotros el don de tu amor y la presencia viva del Esp’ritu Santo, para que esta comuni—n nos ayude a obtener nuestra salvaci—n eterna. Por Jesucristo, nuestro Se–or. 
Para despedir al pueblo, el di‡cono o el mismo sacerdote dice: 
Pueden ir en paz. Aleluya, aleluya. 
R/. Demos gracias a Dios. Aleluya, aleluya.

UNA REFLEXIîN PARA NUESTRO TIEMPO.- La mayor’a de nosotros vivimos en ambientes urbanos. Las personas que abandonan las poblaciones rurales para emigrar a la ciudad van perdiendo las formas tradicionales de solidaridad comunitaria. Vivimos como vecinos distantes; preocupados cada cual por sus asuntos. El mensaje de PentecostŽs es un desaf’o que nos anima para reconstruir la comuni—n universal. La lengua, los gestos y los s’mbolos son instrumentos para aproximamos y hermanarnos. El Esp’ritu del resucitado es una fuerza que congrega a vivir en amorosa cercan’a. Bajo su impulso, ya no existen los extra–os. Ya no catalogamos a nadie como el otro o el diferente. El Esp’ritu nos auxilia para quŽ edifiquemos puentes que nos hermanen y reconcilien. La religi—n verdadera nos empuja a vivir la fraternidad universal.