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Santos: Severo de Ravena obispo, Viridiana de la Toscana, religiosa, y Brígida de Kildare, Fundadora.
SAN SEVERO DE RAVENA, del latín, “austero” (siglo IV). Obispo. Se carece de datos precisos anteriores a su edad adulta, cuando ejerció el oficio de tejedor de lana. Estaba casado. Tenía Fama de honesto y era piadoso en la fe de Cristo. Por su ejemplo de vida y según la legislación de la Iglesia en los primeros siglos del cristianismo (cuando los obispos eran varones laicos de notables cualidades), fue designado obispo de la diócesis de Ravena, Italia. Por humildad, no quería aceptar el cargo; sin embargo, para obedecer la voluntad de Dios, lo hizo. Ejerció su misión con celo pastoral, se enfrentó con valor a las herejías de Arrio (280-336) —quien sostenía que Jesús era un alma excelsa, superior, pero carente de divinidad—, y participó en el concilio de Sárdica (Bulgaria), efectuado de 342 a 343. Con fama de santidad murió en su sede episcopal hacia el año 389. Su veneración se pierde en la memoria de los tiempos. Es el santo titular de este día en el Santoral.
La Presentación del Señor
Nuestra Señora de San Juan de los Lagos
Santos: San Juan Teófanes Venard, mártir.
Vísperas de la fiesta:
LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR (siglo I). Pasados cuarenta días de su nacimiento, el Niño Jesús fue trasladado por sus padres, Maria y José, para presentarlo en el templo de Jerusalén. Cumplieron la Ley sacrificando dos palomas, que la madre del Redentor ofreció como purificación después de haber dado a luz (Lv 12, 6-8). La finalidad de esta ceremonia era consagrar a Jesús al Señor como primogénito (Lc 2, 22-24). La fiesta de hoy era conocida en la antigüedad como hypapante (del griego “encuentro”), o sea, fiesta del encuentro, en alusión al encuentro de Jesús Niño con el anciano Simeón en el templo. Se originó en la Iglesia oriental y posteriormente (siglo VII) fue introducida en la liturgia occidental. En 1970, el pontífice Pablo VI le devolvió su carácter cristológico asignándole el nombre con que ahora la conocemos. Se le conocía como “día de la Candelaria” debido a la bendición de las candelas (velas) que se efectúa en los templos, en la procesión que antecede a la asamblea eucarística. El pueblo de México acude en este día a los templos a bendecir esculturas de la figura del Niño Dios ataviado con sus mejores galas; como ésta es una piadosa costumbre, es recomendable vestir dichas esculturas con atuendos propios de un niño, por ejemplo: ropones, o bien, de advocaciones como Atocha, de las Suertes, Niñopa, de la Salud, de Praga, etcétera. Iconografía: María y José con vestimenta de época presentan al Niño Jesús en el templo al anciano Simeón.
IV DOMINGO ORDINARIO
Santos: Blas de Sebaste, mártir, y Óscar o Anscario de Hamburgo obispo. Beata María Rivier, fundadora.
SAN ÓSCAR O ANSCARIO DE HAMBURGO, del germánico, “lanza de los dioses” (801-865). Obispo. Originario de la población francesa de Amiens. De los escasos datos de su infancia y vida familiar se conoce que, a la muerte de su madre (806), su padre encomendó su educación a los monjes benedictinos de la abadía de Corbie. Quizá en su alma de niño ya estaba la semilla de santidad, porque a los trece años solicitó el hábito benedictino, que le fue impuesto. Destacó como buen estudiante, virtuoso y obediente; por ello, en su juventud le asignaron la formación de los pequeños que se iniciaban en la vida monástica. Fue enviado a fundar una nueva abadía en Westfalia (Alemania), donde, en 822, fue director de estudios y preceptor de los monjes y destacó por su ferviente oración y dedicación al estudio. Cuatro años después, el príncipe Harold, aspirante al trono de Dinamarca, convertido a la fe cristiana, lo llamó para evangelizar tierras danesas; inició su trabajo fundando una escuela para formación de los niños; sin embargo, esto no prosperó y regresó a su abadía. En 829 partió a misionar en Suecia, aquí inició con éxito su apostolado fundando el primer templo cristiano del lugar. Por sus méritos, el pontífice Gregorio IV (827-844) lo designó, en 831, obispo de Hamburgo y legado de la Santa Sede en dicha diócesis. Durante su misión episcopal, recorrió las regiones escandinavas, edificó un monasterio para preparar monjes que evangelizaran las zonas aledañas y organizó grupos juveniles de educación en la fe. En el año 845, los invasores daneses destruyeron las obras materiales del santo obispo, quien fue obligado a huir de la diócesis; quedó pobre y abandonado por sus colaboradores. Sin embargo, con el apoyo del monarca Luis II el Germánico (?806-876), continuó su misión en las poblaciones nórdicas; construyó un templo en Schleswig. Con ánimo regresó a continuar la evangelización en Suecia, ahora con la aprobación del rey Olaf (u Olay) Skötkonung (primer rey sueco que se convirtió al cristianismo); poco después dejó ahí misioneros y marchó a Bremen (Alemania), donde ocupó la sede episcopal; fue fructífera su labor evangélica. El Señor le concedió el don de realizar hechos milagrosos en vida y después de su muerte, ocurrida en Bremen. Su culto es inmemorial Se le reconoce como el apóstol del norte de Europa. Iconografía: con atavío común episcopal, mitra y báculo.
Santos: Águeda de Roma, mártir, y Gilberto de Inglaterra, abad. Beata Isabel Canori Mora laica.
BEATA ISABEL CANORI MORA, del hebreo, “mi plenitud es Dios” (1774-1825). Laica. Nativa de Roma, Italia. Nació en el seno de una familia con amplios recursos económicos y de sólida formación cristiana. Se educó en el instituto dirigido por las hermanas agustinas de Casia, donde destacó por su espiritualidad. En 1786 hizo voto personal de castidad. En 1788 regresó a su hogar. En 1805 contrajo matrimonio (olvidando su voto) con el abogado Cristóforo Mora, quien la sometió a abusos psicológicos y físicos. La vida licenciosa de su esposo llevó a su familia a la pobreza extrema; por ello tuvo que trabajar para mantener su hogar y alimentar a sus pequeñas. De sus cuatro hijas sobrevivieron Lucina (quien tomó la vida religiosa y fue la biógrafa de su madre) y Mariana. Pese a que muchos de sus conocidos le aconsejaron separarse de su marido, se negó. En 1801 fue presa de una grave enfermedad, de la cual sanó milagrosamente; en este lapso aconteció la primera de sus experiencias místicas, según lo relata en su Diario íntimo, escrito entre 1807 y 1824. Dios le otorgó los dones de clarividencia y profecía. En 1807 ingresó en la orden tercera trinitaria. Sufrió en su cuerpo los estigmas del Señor. Consagró su vida al cuidado y la educación de sus hijas, a la oración y penitencia (rogó especialmente por la redención y conversión de su esposo y la amante de éste) y al auxilio de pobres y enfermos. Testimonios de familiares, amigos y vecinos relatan que a su casa llegaba gran cantidad de personas a solicitarle consejo y ayuda tanto material como espiritual. Pronto su fama de santidad se extendió a comunidades vecinas. Esta mártir del amor fiel en la vida de matrimonio murió en la Ciudad Eterna rodeada del cariño y la admiración de sus vecinos; sus restos fueron depositados en la iglesia trinitaria de San Carlino alle Quattro Fontana La vida y la obra de Isabel fueron reconocidas por su santidad Juan Pablo II, quien la beatificó en 1994, en el Año Internacional de la Familia; en esta ocasión, el Santo Padre expresó: Esposa y madre ejemplar, entregada a una fidelidad sacrificada en los valores más exigentes y permanentes del Evangelio”. Iconografía: en una pintura con vestido de la época y tejiendo. También se le conoce como Elisabetta o Isabella. Cabe señalar que, a su muerte, Cristóforo reconoció sus pecados, se arrepintió de ellos y se unió a los terciarios trinitarios. En 1834 ingresó como hermano lego en la orden de san Francisco de Asís y, años después, se ordenó de sacerdote. A su muerte, en 1845, gozaba de fama de santidad.
Santos: Felipe de Jesús protomártir mexicano; Avito de Vienne, obispo, y Adelaida de Vilich, abadesa.
SAN FELIPE DE JESÚS, del griego, “amigo o aficionado a los caballos” (1572-1597). Protomártir mexicano. Nativo de la capital de la Nueva España (la actual ciudad de México), hijo de padres hispanos radicados en México. La posición económica de su padre le permitió ser educado en el prestigiado colegio jesuita de San Pedro y San Pablo, del cual, afirman algunos, salió debido a su carácter inquieto. Reanudó estudios en el noviciado franciscano de Santa Bárbara, en la ciudad de Puebla, del cual escapó para regresar a su hogar. Su padre, don Alonso, decidió que debía trabajar en un taller de platería. Al cumplir Felipe los dieciocho años, don Alonso notó que su hijo podía encargarse de sus negocios en ultramar; por ello, decidió enviarlo como representante suyo a las islas Filipinas, entonces dominio español; aquí, el muchacho se dejó atraer por las tentaciones del juego y los placeres mundanos. No tardó en sentir un vacío en su vida, y por ello acudió al convento franciscano de Santa María de los Ángeles, de Manila, y solicitó ser aceptado; así inició estudios, con la mira de propagar la palabra del Dios verdadero en esas lejanas tierras. Al terminar de estudiar, debía viajar a la Nueva España para ordenarse. Durante el trayecto, una tempestad hizo que el barco donde viajaba zozobrara; junto con otros supervivientes, llegó a costas japonesas, donde el emperador Taicosama —Toyotomi Hideyoshi (1536- 1598)— había prohibido la labor evangelizadora (efectuada por religiosos) promulgando edictos en los cuales condenaba a muerte tanto a los misioneros como a los fieles cristianos. Convencido de que era designio divino su llegada a esas tierras, y tomando como misión difundir la Buena Nueva y proteger a los nuevos fieles, se dedicó a ello con singular y ejemplar empeño, sin que las amenazas disminuyeran su determinación. Felipe fue tomado prisionero con otros misioneros y nuevos cristianos; en la ciudad de Nagasaki se les juzgó y condenó a muerte; como parte de la sentencia se les cortó una oreja y fueron exhibidos por las calles de la ciudad, en las cuales sufrieron los ataques de la encolerizada gente, hasta llegar al lugar de su crucifixión. En Nagasaki no se clavaba a los prisioneros en la cruz, sino que se les ponían grilletes en el cuello, las muñecas y los tobillos para que murieran por asfixia. Testigos de la muerte de Felipe afirman que era pequeño, por lo cual los grilletes hacían más doloroso su sufrimiento. Fue ultimado con dos lanzas que atravesaron su cuerpo en diagonal. Fue beatificado en 1627. Su santidad, el beato Pío IX (1846-1878) lo canonizó en 1862, junto con otros mártires. Felipe de Jesús es patrono de la ciudad y del arzobispado de México. Iconografía: crucificado, como se describe líneas arriba, o bien, abrazando la cruz y las lanzas.
Miércoles de Ceniza.
Santos: San Pablo Mikki y compañeros, mártires. Beato Francisco Spinelli fundador.
BEATO FRANCISCO SPINELLI. Fundador (1853-1913). Nació en Milán, Italia. Desde pequeño se interesó por los niños y organizó espectáculos públicos gratuitos de marionetas. Con el beneplácito de sus padres visitó a pobres y enfermos, a los cuales brindó apoyo moral y económico; esta generosidad fue una característica de su vida. Estudió en Pérgamo. Pronto decidió consagrar su vida a Dios, para lo cual ingresó en el seminario; se ordenó de sacerdote en 1875. En su tierra natal se dedicó con celo y amor a la tarea educativa, y para ello se estableció en un local anexo al oratorio de don Palazzolo, su tío; así inició un apostolado en favor de los pobres. Simultáneamente, fue profesor del seminario, guía espiritual y consejero de varias comunidades femeninas de religiosas. En 1882 conoció a Caterina Comensoli, con quien fundaría la congregación de las Hermanas Adoratrices del Santísimo Sacramento, para lo cual fijó este objetivo: alimentar en el Santísimo Sacramento la llama de la caridad para con el prójimo. Recomendaba a sus hijas espirituales: “Caminad en la caridad; que se encienda por fin el fuego de la caridad en vuestras almas; amad a vuestro Dios, y no pongáis nada a Su nivel o por encima de Él”. En diciembre de ese año ingresaron las primeras aspirantes. Inspirado en el amor a Jesús en la Eucaristía, supo vencer adversidades y la oposición de quienes no creían en la consecución de su ideal e intentaron boicotear su obra calumniándolo; él es un modelo de cómo los cristianos debemos hacernos fuertes con la oración para soportar las injurias. Dejó una estela de amor y servicio al prójimo, además de ejemplar devoción al Santísimo Sacramento. Entregó su alma al Creador en Rivolta, Italia. Fue beatificado por Juan Pablo II (1978- 2005) en 1992. Iconografía: en fotografía con sotana.
Santos: Ricardo de Inglaterra, rey, y Juan de Triora, mártir. Beata Rosalía Rendu, religiosa.
BEATA ROSALÍA RENDU (1786-1856). Religiosa Fue bautizada como Jean Marie (Juana María). Vio la primera luz en Confort, Francia. Huérfana de padre desde temprana edad, vivió su infancia y juventud en medio de la agitación ocasionada por la revolución y las persecuciones contra los religiosos que ésta trajo consigo. Comulgó por primera vez en el sótano de su casa, clandestinamente (?1794). En 1799 ingresó en el colegio de las religiosas ursulinas de Gex; continuó estudiando en Carouge, Suiza. Cuando regresó a Gex, conoció y frecuentó a las religiosas Hijas de la Caridad (o vicentinas) ya la obra de ellas. Ingresó a esta congregación en 1802; adoptó el nombre de Rosalía. Se le asignó vivir en el barrio de Mouffetard, en Paris. Desde su ingreso asumió con ejemplaridad las virtudes y objetivos establecidos por el fundador, san Vicente de Paúl (27 de septiembre). Hizo sus votos en 1807. Destacó como promotora de obras de caridad y atención espiritual y material a huérfanos, enfermos y desposeídos. Su entrega en grado heroico a la caridad causó la admiración de quienes la conocieron y ya en vida la consideraban una santa. Su humildad la llevó a desempeñar los trabajos más modestos, como el de ser “hermana sirviente de la comunidad”. Era tal su fe y convicción, que obtenía donativos de personajes acaudalados (cosa nada fácil). Fundó una guardería para niños y una residencia para ancianos y jóvenes. Desde 1854 fue perdiendo la vista. Era tal su renombre, que el emperador Napoleón I la visitó para reconocer públicamente su obra. Murió por el agotamiento que le produjo su incansable misión. Fue sepultada en el cementerio de Montparnasse. Se le considera precursora de los servicios de salud pública de Francia. Fue beatificada por Juan Pablo II en 2003. Iconografía: con el hábito de su orden.
Santos: Jerónimo Emiliano, fundador, Josefina Bakhita, religiosa, y Coínta o Quinta de Alejandría, mártir.
SAN JERÓNIMO EMILIANO, del griego, “el de nombre sagrado”, y del latín, patronímico de Emilio, nombre de una gens romana (1486-1537). Fundador. Nació en Venecia, Italia. Sus padres, Ángel y Leonor, eran nobles, pero no poseían riquezas; fue el menor de cuatro hermanos que recibieron formación cristiana. Quedó huérfano de padre a los diez años; sin embargo, su madre le procuró estudios. En su juventud ocupó cargos administrativos en el gobierno del Estado y fue militar de alta jerarquía. En una batalla fue derrotado y, atado de pies y manos, encarcelado. En esta penosa situación reflexionó sobre su vida de disipación y violencia, en la cual, no obstante, sentía especial devoción por Maria santísima; sintiéndose desamparado en la soledad de la prisión, le dirigió fervientes plegarias. Fue liberado en 1511, sin que se conociera el motivo, hecho que se consideró milagroso. Sus padecimientos en la cárcel produjeron profunda y sincera conversión que lo llevó a dedicarse a Cristo en el servicio a los necesitados. Con cristiana caridad atendió a los niños abandonados y a los enfermos de hospitales. Junto con varios jóvenes que compartían sus ideas de amor fraterno fundó hacia 1532 la Compañía de los Servidores de los Pobres y la Compañía de los Huérfanos. A fines de 1533, con autorización del obispo del lugar se dirigió a Milán, ciudad que encontró en un caos debido a las guerras, saqueos y epidemias. Por ello, Jerónimo y sus compañeros desarrollaron una misión en auxilio de los habitantes del lugar; atendieron enfermos, suministraron alimentos, y enseñaron lo mismo a leer y escribir que oficios. En 1534 se trasladó a la ciudad de Somasca, entre Venecia y Milán, donde encontró un sitio apropiado para atender en lo material y espiritual a niños huérfanos o abandonados; además, estableció la casa generalicia de la fundación y continuó su apostolado de caridad y servicio. Permanecía en constante oración contemplativa. En una epidemia de cólera, atendiendo enfermos, se contagió. Sus últimas palabras fueron: “Os seré más útil desde el paraíso... Seguid a Cristo crucificado... Servid a los pobres”. Canonizado por Clemente XIII (1758-1769) en 1767. En l928, Pío XI (l922-1939) lo proclamó patrono de los huérfanos y los niños abandonados. Iconografía: con vestimenta militar y una cadena rota en sus manos, alusiva a Su cautiverio y conversión.
Santos: Apolonia de Alejandría, mártir, y Miguel Febres, religioso. Beata Eusebia Palomino religiosa.
BEATA EUSEBIA PALOMINO, del griego, “piadosa” (1899-1935). Religiosa. Originaria de la provincia española de Salamanca. Perteneció a cristiana y humilde familia, cuyas carencias eran tantas que el padre tuvo que pedir limosna. La niña recibió formación católica, y a los ocho años de edad hizo su primera comunión. Dejó sus estudios para trabajar y colaborar en el sostenimiento del hogar. En Valencia, en 1913, unida a su hermana, trabajó cuidando niños, sin que esta actividad la alejara de la oración ni de su amor a Jesús y María. Los domingos colaboraba con las religiosas Hijas de Maria Auxiliadora en el oratorio festivo; el ambiente de pobreza y amor a Cristo forjó en su interior el deseo ferviente de consagrarse a Dios. En su adolescencia expresaba: “Si cumplo con esmero mis deberes, tendré contenta a la Virgen María y podré un día ser su hija en el instituto”; su deseo se hizo realidad al ser aceptada en el noviciado y profesar en aquella congregación (1922-1923). Poco después se le encomendó ejercer su apostolado en el convento de la población Valverde del Camino (en Andalucía), donde destacó por disciplinada; mostraba alegría por “estar en la casa del Señor por todos los días de mi vida”. Profesó especial devoción a la santísima Virgen María; atendía a los estudiantes narrándoles vidas de santos y de la Madre de Dios; a causa de su fe fue admirada y querida por los jóvenes. Cuando en los años treinta se inició la guerra civil en su país y se desató la persecución religiosa, se dedicó a la defensa de la fe cristiana; sin embargo, el asma (enfermedad mortal en su época) y las jornadas exhaustivas de trabajo le provocaron la muerte; ya tenía fama de santidad. Fue beatificada por Juan Pablo II el 25 de abril de 2004. Iconografía: con hábito y libro en sus manos en actitud orante.
1 DOMINGO DE CUARESMA
Santos: Santa Escolástica de Nursia, fundadora. Beato Luis Stepinac mártir.
BEATO LUIS STEPINAC, del germánico, “guerrero ilustre” (1898-1960). Mártir. Hijo de numerosa familia católica; nació en Brazaric, Croacia. Hizo estudios básicos y recibió formación en los valores de Cristo en la escuela parroquial. Poco después del inicio de la Primera Guerra Mundial (1914) se le ordenó alistarse en la lucha, y fue reclutado por el ejército italiano. Una vez cumplida esta obligación, regresó a su hogar y se dedicó a la agricultura. Con el tiempo, sin embargo, reflexionó y decidió abrazar el sacerdocio; inició los estudios para tal fin en el seminario de su país y los terminó en Roma, donde se ordenó en 1930. Tras cuatro años de ejercer su ministerio se le nombró arzobispo coadjutor de Zagreb, y tres años después, el titular. En esta época predominaban las doctrinas comunistas, por lo que se enfrentó a dificultades para difundir el Evangelio; sin embargo, tuvo el mérito de ser eficaz guía espiritual y defensor de los derechos humanos de su feligresía. Organizó asociaciones juveniles y apoyó a la Santa Sede y los institutos religiosos. Fue precursor en la utilización de los medios de comunicación para la catequesis. La Segunda Guerra Mundial (1939-1945) enturbió el trabajo de la Iglesia y del obispo Stepinac, por lo cual, junto con otros prelados croatas, publicó una carta en la que denunciaba la represión marxista contra los católicos y los asesinatos de sacerdotes; la consecuencia fue su arresto en 1946 y la sentencia a trabajos forzados durante dieciséis años desde 1951 en el penal de Krasic, Yugoslavia. Padeció calumnias, como la de colaborar con el nazismo; pese a todo, el pontífice Pío XII (1939-1958) lo nombró cardenal en 1953, por lo cual se le aplicó arresto domiciliario en Krasic. Esta ejemplar vida de fidelidad a Dios y servicio al prójimo agobiado por el maltrato físico y mental, fue entregado humildemente al Creador en el curato de Krasic. Nuestro recordado Juan Pablo II lo beatificó en 1998; lo declaró “apóstol y mártir de los derechos humanos”.
Nuestra Señora de Lourdes
Santos: Gregorio I y Severino de Agaune, abad.
NUESTRA SEÑORA DE LOURDES, del vasco, “altura escarpada o rocosa que se prolonga en cuesta” (1858). La Iglesia aprobó en 1862 las apariciones de Nuestra Señora de Lourdes por medio de carta pastoral; por ello se inició la construcción de un templo: éste fue elevado a la categoría de basílica en 1876, y es meta de numerosas peregrinaciones. La divina Señora se apareció en un día como hoy de 1858 a santa Bernardita Soubirous (16 de abril), una sencilla e iletrada niña de catorce años. Esto ocurrió en Francia, cerca de Massabielle, en el poblado de Lourdes (hasta entonces desconocido), cuando Bernardita recogía leña al mediodía, cerca de un canal del río Gaye; la Madre de Dios se le apareció en medio de intensa luz; era, según la narración, “una señora joven, de rostro angelical, cubierta con un velo, vestida de blanco, ceñida con una banda azul y con un bello rosario entre las manos”; recomendaba el rezo diario del santo rosario, la confesión y la comunión frecuentes. Sin embargo, los padres de Bernardita se mostraron incrédulos y le prohibieron ir al lugar; pero ella regresó, y el suceso se repitió durante quince días. La noticia corrió entre los lugareños, y así, ante la mirada de unas trescientas personas —que acudieron a rezar el rosario—, la niña, por indicación de Nuestra Señora, hizo con sus manos un hueco en la tierra, y de él brotó un manantial, cuyas aguas milagrosas han sanado enfermos hasta nuestros días; dichas curaciones han sido avaladas con certificados médicos. Ante la insistencia de la vidente, quien le preguntó “¿Quien eres?”, en el dialecto del lugar, la Señora contestó en la misma lengua: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Sólo hubo dos apariciones más, el 7 de abril y el 16 de julio. La respuesta de la Madre de Dios reafirmó el dogma (verdad a la luz de la fe) de la concepción inmaculada de María, proclamado en 1854 por el beato Pío IX (7 de febrero). En 1908, el papa san Pío X (21 de agosto) instituyó para este día la memoria de esta advocación mariana. Iconografía: entre las rocas, María de pie, ataviada según la descripción de Bernardita, quien la contempla postrada; entre las dos el manantial de aguas milagrosas. Cabe hacer notar que, después de las apariciones, se inició la utilización del vocablo Lourdes como nombre de pila.
Santos: Julián el Hospitalario, penitente, Eulalia de Barcelona mártir, y los mártires de Abitina.
SANTA EULALIA DE BARCELONA, del griego, “la que habla bien” (siglos III-IV). Mártir. Su nacimiento ocurrió en los alrededores de Barcelona, España, quizá a fines del siglo III después de Cristo; descendiente de familia noble. Desde niña era notable su beatitud y amor a Dios. Con frecuencia permanecía en oración y canto de alabanzas al Señor, encerrada en una habitación que, a manera de celda, adaptó en su casa. Cuando frisaba los trece años de edad, se desató en su país enconada persecución contra los cristianos, en la cual pesaba amenaza de muerte para los que no adorasen a los ídolos. Al frente de la lucha estaba un juez de nombre Daciano (gobernador de la península ibérica nombrado por el emperador Diocleciano), quien, a su paso por la península ibérica, dejaba luto y desolación asesinando a los cristianos; al pisar tierras barcelonesas, ordenó a sus tropas que asesinaran a los seguidores del cristianismo que no apostataran. Cuando Eulalia se enteró de dicha persecución, dijo: “Gracias te doy, mi Señor Jesucristo, gloria sea dada a tu nombre, porque veo muy cerca lo que tanto anhelé, y estoy segura de que con tu ayuda podré ver cumplido mi deseo”, con esto expresaba que prefería morir antes que negar su fe, lo cual no había revelado a sus familiares. Decidida a morir por Cristo, partió hacia Barcelona cuando su familia a dormía. Una vez que llegó ante el magistrado, le gritó temerariamente: “Juez inicuo, ¿de esta manera tan soberbia te atreves a sentarte para juzgar a los cristianos?... ¿Es que no temes al Dios altísimo... que está por encima de todos tus emperadores y de ti mismo?”. Ante tal discurso, el juez le respondió: “ eres tú... que te has atrevido a presentarte ante el tribunal?”. La joven contestó: “Yo soy Eulalia, sierva de mi Señor Jesucristo, rey de los reyes y señor de los que dominan... Vine voluntariamente a reprochar tu necia conducta... Tú obligas, bajo la amenaza de tormentos, a sacrificar a unos dioses que jamás existieron... Vas a arder en el fuego eterno...”. El juez la condenó a padecer múltiples tormentos; por fin, fue colgada en una cruz. Otras narraciones afirman que murió quemada. Testigos cristianos de su martirio recuperaron su cuerpo y le dieron sepultura. El pueblo inició su veneración; al parecer, en el siglo VI la Iglesia aprobó venerarla como mártir. Patrona de Barcelona. Iconografía: con túnica de época, en sus manos una cruz y la palma del martirio; de su boca sale una paloma.
Sanos: Beata Cristina de Espoleto, religiosa; Santos Martiniano de Atenas, ermitaño, y Benigno de Todi mártir.
SAN BENIGNO DE TODI, del latín, “benigno, benévolo, afable” (303). Mártir. Como sucede con otros santos y mártires de los primeros siglos del cristianismo, se carece de datos de su infancia y juventud, y únicamente se sabe de ellos en el momento cercano a su muerte. Nació en Todi, Italia. Por su espiritualidad y firmeza en la fe se le ordenó de sacerdote. Su convicción en el Dios verdadero lo hizo víctima de la cruenta persecución desatada por Diocleciano (?245-305) y su coemperador Aurelio Valerio Maximiliano (7240-310) a principios del siglo IV. Según la tradición, fue quemado vivo en el camino llamado entonces Vicus Martis, que hoy en día lleva su nombre; aquí, tiempo después, el pueblo, convencido de sus virtudes en grado heroico, construyó un oratorio, el cual fue dirigido después por monjes benedictinos. En 1904, sus restos se trasladaron al altar mayor de la iglesia de San Silvestre. Iconografía: con túnica de época y una palma, símbolo de su martirio.
Nuestra Señora de la Esperanza
Santos: Cirilo, monje; Metodio, obispo de Tesalónica, y Valentín de Roma, mártir.
SAN VALENTÍN DE ROMA, del latín, patronímico de Valente, “valiente, gallardo, fuerte” (269). Mártir. Como es común entre quienes demostraron su fe entregando su vida por amor al Dios verdadero durante los primeros años de nuestra era, el santo que hoy se conmemora es conocido sólo por su acción de llevar su fe y amor al prójimo a grado heroico. Quienes se han dedicado a la búsqueda de sus datos lo han encontrado como médico o como obispo. Vivió durante el gobierno del emperador Claudio II, llamado el Gótico (214-270), el cual ordenó que se persiguiera y ejecutara de manera ejemplar a los cristianos. Se cuenta que Valentín fue encarcelado y que en prisión reconfortaba a sus hermanos que esperaban la muerte. Su leyenda se originó en el escrito Legenda aurea (leyenda de oro), también conocido como Legendi di sanc ti vulgari storiado, del siglo XIII, cuyo autor es el sacerdote dominico Jacobo de la Vorágine, quien exaltó a diversos santos. Narra un pasaje en el que Valentín sostiene un diálogo con su carcelero y sana milagrosamente la ceguera de la hija de éste; con ello logró la conversión de su guardián y de muchos de sus compañeros presos. La obra de san Valentín se pierde en la oscuridad de los tiempos; lo cierto es que murió víctima de la persecución romana, quizá apaleado. Algunos afirman que el pontífice Julio I construyó una iglesia en su honor. En la actualidad, parte de sus restos reposan en la iglesia romana de Santa Práxedes. Acerca de por qué se celebra en esta fecha el día de los enamorados hay numerosas teorías, entre las cuales está la siguiente: próximo a este día, los pastores romanos celebraban la festividad de la diosa Juno (patrona de los matrimonios y de las mujeres); al extenderse el cristianismo, para evitar el culto y la invocación de la deidad, los campesinos sustituyeron el nombre —como aconteció para otras festividades paganas— por el de San Valentín, y así se conmemoró el día de su partida a la gloria. Iconografía: con atuendo de sacerdote y libro en una mano.
Santos: Claudio de la Colombiére, presbítero; Faustino y Jovita de Brescia mártires y Georgia Clermont, virgen.
SANTOS FAUSTINO Y JOVITA DE BRESCIA, del latín, “fausto, próspero” y “consagrado a Júpiter”, respectivamente (siglo II). Mártires. Eran dos hermanos varones nacidos en Brescia, Italia. Se desconocen datos de su infancia y familia, pero se les reconoce por su reputación de piadosos cristianos. Faustino fue sacerdote en las comunidades cristianas de su época, y Jovita, diácono (del griego, “servidor”). Recorrían tierras italianas difundiendo la palabra de Dios; lograron numerosas conversiones. Sin embargo, cuando fueron descubiertos por las autoridades paganas, se les encarceló e, inútilmente, se intentó obligarlos a adorar a los falsos dioses. En esta situación los dos hermanos se dedicaron a orar al único Dios verdadero; se dice que, mientras oraban, la escultura de una deidad se derrumbó convertida en cenizas. Lo anterior enardeció a sus verdugos, quienes los decapitaron. Otra fuente sostiene que vivieron en el siglo IV, que eran militares y profesaban la fe de Cristo, por lo que padecieron tortura y murieron decapitados en Brescia (ciudad de la que son patronos). Su culto se pierde en la memoria de los tiempos. Iconografía: con atuendo militar, o bien, revestidos como sacerdote uno y diácono el otro.
Santos: Onésimo de Éfeso obispo, y Juliana de Campania, mártir. Beata Felipa Marerí, abadesa.
SAN ONÉSIMO DE ÉFESO, del griego, “servicial” (siglo I). Obispo. Lo que se conoce de él parte de su edad adulta, cuando en Calosas (su ciudad natal, situada en Asia Menor) era esclavo de la casa de Filemón, quien bahía sido convertido al cristianismo. Al parecer robó en dicha casa, por lo que huyó a Roma, donde conoció a san Pablo (29 de junio) el cual lo convirtió a la fe de Cristo y lo bautizo En la epístola del apóstol a Filemón (8-20) se narra que intercedió por el esclavo para que el “amo” le perdonase el robo. Poco después, Filemón le devolvió su libertad y Onésimo regresó a Roma, donde fue un cristiano ejemplar nombrado obispo de Éfeso por san Pablo, cargo que cumplió con justicia y sabiduría Padeció la persecución del pagano Domiciano (52-97 d. C.); murió lapidado. Su culto es inmemorial. Es el titular del Santoral de hoy. Iconografía: con vestimenta de la época en el momento de entregar la carta de Pablo a Filemón, o ataviado como obispo.
II DOMINGO DE CUARESMA
Santos: Los siete santos fundadores de los Siervos de María y San Flaviano de Constantinopla, patriarca.
LOS SIETE SANTOS FUNDADORES DE LOS SIERVOS DE MARÍA (siglo XI) Fueron siete prósperos comerciantes laicos italianos, de los que no se conocen detalles anteriores a su edad adulta, cuando decidieron hacer vida de austeridad y consagrarse a Dios en la oración, el estudio y la penitencia. El obispo de Florencia (Italia) los apoyó a fin de que se establecieran en el monte Senario como ermitaños. Hacia el año 1240 fundaron la orden de los Siervos de María (servitas), bajo la regla de san Agustín (28 de agosto), aprobada por el beato Benedicto X (1303-1304) en 1303. La gente del pueblo los llamó “los frailes de santa María”. Utilizaron hábito negro, en señal de luto por la pasión del Señor y para manifestar humildad. Catequizaban y atendían a las clases marginadas. Los nombres y la fecha del deceso de estos santos varones son: Bonayunta (1257); Bonfilio (1262); Amadeo (1266); Mansueto (1268); Sosteño y Hugo (1282), quienes llegaron a ser sacerdotes; y Alejo, religioso, murió, en 1310, en esta fecha, y de aquí su conmemoración en este día. Sus reliquias se veneran en un mausoleo de la basílica del monte Senario, en Italia. Canonizados por León XIII (1878-1903) en 1888. Iconografía: con hábito, en actitud orante ante Nuestra Señora de los Dolores, quien les entrega el escapulario negro de su orden.
Santos: Eladio de Toledo, obispo, y Francisco Regis Clet, presbítero. Beato Juan de Fiésole (Fra Angélico), presbítero.
BEATO JUAN DE FIÉSOLE (FRA ANGÉLICO), del hebreo, “Dios ha hecho gracia” (?1387-1455). Presbítero. Originario de Vicchio di Mugello, población vecina de Florencia, Italia. Su nombre terrenal fue Guido di Pietro. Se desconocen antecedentes de su vida hasta 1407, cuando ingresó en el convento dominico de Fiésole, donde profesó con el nombre de Giovanni. Ahí se inició su carrera artística, al serle encomendada la ilustración de libros de coro, manuscritos, misales, etc. Su extraordinaria piedad y misticismo quedaron plasmadas en sus pinturas; el célebre biógrafo Giorgio Vasari (1511-1574) afirma que Fra Angélico antes de iniciar su trabajo plástico oraba en forma piadosa y profunda, hasta quedar casi en éxtasis. Se le considera uno de los artistas principales del Renacimiento. Ya en vida se le nombraba “beato Angélico”. En 1409, debido a los problemas religiosos, hubo de emigrar al convento dominico de Foligno, donde permaneció cinco años; cuando la peste azotó esta ciudad, se dirigió a Cortona; aquí realizó diversas obras. Regresa a Fiésole, donde vivió durante dieciséis años. En 1438 fue invitado a ornamentar el convento silvestrense de San Marco de Florencia, en el cual radicó hasta 1445; en el retablo del altar mayor llevó a cabo una innovación en el arte, la sacra conversazione. El papa Eugenio IV (1431-1447) lo invitó a Roma en 1445 para pintar unos frescos en la capilla del Sacramento del Vaticano, hoy desaparecida. En 1447 realizó en la catedral de Orvieto los frescos Cristo juez con ángeles y dieciséis Profetas, de la capilla de San Brizio. Desde 1550 (?) hasta 1552 fue el superior del monasterio de Fiésole. Regresó a la Ciudad Eterna, donde pasó sus últimos años. Sus restos reposan en la iglesia de Santa Maria sopra Minerva. Juan Pablo II (1978-2005) expresó en la ceremonia en que lo beatificó (1982): “Su pintura fue el fruto de la gran armonía entre una vida santa y el poder creativo con que había sido dotado”. También se le conoce con los nombres de Angélico, Beato, Fra Giovanni, Giovanni da Fiésole, Giovanni de Fiésole, Guido di Pietro y el Pintor de los Ángeles.
Santos: Alvaro de Córdoba, presbítero, y Conrado Confalonieri o de Piacenza eremita. Beato Liébana, presbítero.
SAN CONRADO CONFALONIERI O DE PIACENZA, del germánico, “consejero audaz” (?1290- 1351). Eremita. Nació en Piacenza, Italia. Se desconocen pormenores de su infancia y juventud. Era un hombre casado, solvente y aficionado a la cacería. En una partida de caza, a fin de atrapar a su presa y hacerla salir de su madriguera, sin medir las consecuencias de su acto hizo una hoguera cuyo fuego se extendió por todo el bosque; las consecuencias fueron la pérdida de cultivos, del propio bosque y de las casas ahí establecidas. Las autoridades culparon del desastre a un campesino que, pese a su inocencia, fue encarcelado. Enterado de la injusticia, Conrado se entregó voluntariamente y pagó los gastos originados por su imprudencia. Quedó en la miseria. Tal vez este hecho lo hizo reflexionar y acercarse a Dios. Su esposa y él acordaron separarse; ella ingresó al convento de las clarisas y él a la orden tercera franciscana, en 1315. Como en usual en su época, peregrinó a Roma, y visitó los santuarios y la tumba del apóstol san Pedro (29 de junio). Se enclaustró en la soledad, para dedicarse a la oración y la penitencia en el monasterio de Noto, en Sicilia. En notable su santidad; por ello, numerosos lugareños y personas de regiones lejanas llegaban a él en busca de consejo. Por tal motivo decidió alejarse de las “distracciones”, para vivir en una cueva en continua alabanza a Dios y disciplinando su cuerpo; salía del agreste sitio los viernes -en conmemoración de la pasión de Cristo- para auxiliar a los enfermos hospitalizados; se dice que obré numerosas curaciones y hechos milagrosos. Así transcurrieron treinta y cinco años, hasta que, en la cueva, entregó su alma al Señor. Sus reliquias se veneran, desde tiempo inmemorial en la catedral de San Nicolás, en Noto, lugar del que es patrono.
Santos: Eleuterio I, papa y mártir, y Cristóbal de Milán, presbítero. Beatos Francisco Jacinta Marto, niños pastores.
BEATOS FRANCISCO Y JACINTA MARTO, del italiano antiguo, “franco” o “francés”, y del griego, “gladiola”, respectivamente (siglo XX). Niños pastores. Estos hermanos nacieron en Aljustrel, Portugal; Francisco en 1908 y Jacinta en 1910. Los dos y su prima Lucía Dos Santos, menor que ellos, fueron los videntes de las apariciones (aprobadas por el magisterio de la Iglesia) de Nuestra Señora de Fátima (13 de mayo). Eran pastorcillos católicos, hijos de humildes familias. Ignoraban los graves problemas por los cuales el mundo atravesaba durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Un año antes de las apariciones, en la primavera de 1916, se les hizo presente un ángel que les avisó de la aparición de la Virgen María al siguiente año y les dijo: “¡No teman! Soy el ángel de la paz, recen conmigo: ‘Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo’. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman”. Desde entonces, los niños repetían continuamente tales palabras. En otra ocasión, el ángel volvió, en sus manos portaba un cáliz, y sobre éste, suspendida, una hostia, de la que brotaban gotas de sangre que caían dentro del cáliz; y les enseñó una súplica, a fin de que, por los méritos del Sacratísimo Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, obtuvieran la conversión de la humanidad. Así transcurrió un año de constante oración de los menores, hasta que el 13 de mayo de 1917, en un lugar llamado Cova de Iría, ocurrió la primera de las apariciones: en medio de una luz brillantísima, sobre una encina, estaba María santísima; les recomendó rezar todos los días por la paz del mundo el rosario, frecuentar los sacramentos de la penitencia y la Eucaristía; les solicitó que cada día 13, durante seis meses, acudieran al mismo sitio. Este suceso fue contado por los niños a sus familiares, y el resultado fue enfrentarse a la incredulidad de ellos, del párroco y del pueblo en general; padecieron molestos interrogatorios y juicios de las autoridades. Sin embargo, no aminoró su fe y siguieron acudiendo cada mes a la cita. En la última (13 de octubre de 1917), la multitud presente (unos curiosos y otros con fe) fue testigo, a través de torrencial aguacero, de que el Sol “danzaba”, de un lado a otro, mientras los niños eran los únicos que veían a María santísima; ella se identificó como Nuestra Señora del Rosario y les pidió que transmitieran a todos el mensaje siguiente: “No ofendan más a Dios, Nuestro Señor, que ya está muy ofendido”, y desapareció. Los hermanos Marto murieron en la epidemia de gripe española, contagiados, Francisco en Aljustrel, en 1919 y Jacinta en Lisboa, en 1920. Beatificados por Juan Pablo II en el año 2000. Iconografía: los tres niños con sencilla vestimenta de aldeanos ante Nuestra Señora de Fátima.
Santos: Pedro Damián doctor de la Iglesia; Eustacio de Antioquía, obispo, y Robado Southwell, mártir.
SAN PEDRO DAMIÁN, del arameo, “piedra”, y del griego, “domador” (1007-1072). Doctor de la Iglesia. Hijo de padres cristianos muy pobres y con numerosa familia. Nació en Ravena, Italia. Quedó huérfano de padre en la adolescencia; tuvo que vivir en la casa de su hermano mayor, donde fue maltratado y cuidaba, descalzo, una porqueriza. Otro de sus hermanos, de nombre Damián, lo llevó consigo y le proporcionó cuidados, lo enseñó a leer y escribir, y lo inscribió en la escuela de su tierra natal; después, continuó estudiando en Faenza y Parma. Pedro añadió a su nombre el de Damián, pues consideró un padre a su hermano. Era de brillante inteligencia. A los veintidós años estableció una cátedra en Parma, en la cual recibió numerosos discípulos; era, pues, destacado profesor, admirado por los alumnos, que ganaba dinero y llevaba una vida mundana; tiempo después, reflexionó sobre las miserias de sus coterráneos y los sufrimientos de su niñez; esto le hizo sentir un vacío interior. En 1305, la casualidad lo hizo encontrar en una posada a unos monjes, a quienes decidió seguir; ingresó, por tanto, en un monasterio, y en la soledad se dedicó a la penitencia y la oración. Más adelante ocupó el cargo de prior; recorría varios conventos para dar cátedra a los monjes y fundó comunidades de eremitas con base en la Regla de San Benito (11 de julio). Con su oratoria denunció la corrupción de la sociedad y el lujo extremo de los ricos. Colaboró con la Santa Sede en asuntos diplomáticos en Italia, Francia y Alemania. Reformó las costumbres permisivas del clero, las debilidades de los obispos y la simonía (comercio ilícito de las cosas sagradas). El pontífice Esteban IX (1057-1058) lo nombró obispo y a la vez cardenal de Ostia, Italia, en 1057. Ejerció el cardelanato difundiendo la palabra de Dios en su país y parte de Francia. Escribió Del desprecio del mundo, Del celibato sacerdotal. Libro de Gomorra, cartas, poemas, sermones, y otras obras. Al regresar de una misión que le encomendó el papa Alejandro II (1061-1073) en Ravena, enfermó y se hospedó en el monasterio de Los Ángeles, de la población italiana de Faenza, donde falleció. Canonizado por Urbano VIII (1623-1644) en 1625. Fue declarado doctor de la Iglesia por León XII (1823-1829) en 1828. Iconografía: con capelo cardenalicio, o bien, de eremita con burda túnica y crucifijo en actitud orante.
La cátedra de San Pedro apóstol
Santos: Santa Isabel de Francia, religiosa. Beato Diego Carvalho, mártir.
LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO APÓSTOL, del griego kathedra, “asiento”. En esta fecha los antiguos romanos visitaban las tumbas de sus difuntos y colocaban una cátedra para que, supuestamente, sus muertos participaran de la comida que les ofrecían. Para convertir esta festividad pagana en celebración cristiana, la Iglesia fijó la presente festividad en el año 354, con el documento Depositio martyrum. Así otorgó realce y permanente memoria a la misión pastoral que Cristo encomendó al apóstol san Pedro, la de ser el primer pontífice, la misma para quienes, hasta nuestra época, lo han sucedido como vicarios de Cristo en la tierra. En la basílica vaticana se localiza en el ábside una escultura de bronce representativa del llamado “altar de la cátedra” y que, a la vez, es símbolo de la misión del sumo pontífice.
Santos: Policarpo de Esmirna mártir, y Juan de Milo el Sembrador. Beata Rafaela Ybarra, fundadora.
SAN POLICARPO DE ESMIRNA, del griego, “fructífero” (siglos I-II). Mártir. Con las narraciones de testigos de su obra y martirio, se escribió su Pasión, tal vez el primer escrito de la era cristiana que trata sobre los mártires. Probablemente nació en la antigua Asia Menor, actual Turquía; se ignoran particularidades anteriores a su nombramiento como obispo de Esmirna, en Turquía. Al parecer fue discípulo de los apóstoles de Jesús, por lo cual es parte de los Padres apostólicos. Antiguos textos mencionan su cercanía con san Juan Evangelista (27 de diciembre). Según el historiador ateniense Papias (siglo II), recibió instrucción de un discípulo de Cristo conocido como Juan el Presbítero. Recorrió su diócesis y los alrededores difundiendo el cristianismo. Escribió cartas a las comunidades para motivarlas a fortalecer su fe y permanecer firmes en ella; la más conocida es la Carta a los filipenses, en la que hizo amplia recopilación de la doctrina cristiana de su tiempo. Padeció la tenaz persecución de las autoridades paganas contra los creyentes, motivo por el cual ejerció su ministerio en forma oculta; logró numerosas conversiones. Se escondió en una granja, donde catequizaba a los lugareños, hasta ser descubierto a causa de la denuncia de un joven cristiano que, al ser torturado, lo delató. Fue encarcelado y, por orden del emperador Marco Aurelio (121-180), conducido hacia Esmirna montando un asno; durante el trayecto recibió insultos y maltrato, pese a su avanzada edad. Una vez en la ciudad mencionada, lo conminaron a negar su fe a cambio de liberarlo, pero él contestó: “Desde hace ochenta y seis años que le pertenezco, nunca me ha hecho daño alguno. ¿Cómo podría renegar de mi Salvador?”. Al pretender ultimarlo en la hoguera, se dice que las llamas no le causaron daño alguno, por lo que fue asesinado a puñaladas; piadosos cristianos dieron sepultura a sus reliquias. De acuerdo con las primeras comunidades, se celebraron asambleas para conmemorar el “Día natalicio de su martirio”, convirtiéndose el escrito de dichas reuniones en la certificación más antigua sobre el culto a los mártires. Iconografía: con túnica y manto de la época, llamas y la palma del martirio.
III DOMINGO DE CUARESMA
Santos: Lucio y Montano de Cartago mártires; Etelberto de Kent, rey.
SANTOS LUCIO Y MONTANO DE CARTAGO, del latín, “luz” y “montañés” (siglo III). Mártires. Son los santos titulares en el santoral de este día; no se sabe de ellos hasta su edad adulta, cuando vivían en Cartago, África. Eran discípulos de san Cipriano (16 de septiembre), obispo de dicha ciudad, de quien recibían instrucción en la fe de Cristo. Recorrían poblaciones aledañas, donde evangelizaban y lograban numerosas conversiones. Padecieron las persecuciones paganas del emperador Valeriano (190- 269), por cuyas tropas fueron descubiertos y llevados a la cárcel; sufrieron múltiples torturas, y como sus verdugos no lograron hacerlos apostatar, los ultimaron por decapitación. Su veneración se pierde en la memoria de los tiempos.
Santos: Beato Sebastián de Aparicio religioso. Santos Luis Versiglia y Calixto Caravario, mártires.
BEATO SEBASTIÁN DE APARICIO, del griego, “venerable” (1502-1600). Religioso. El proceso para canonizar a este beato continúa vigente; si por su intercesión se obtuviera un milagro (que deberá consistir en la curación de una enfermedad incurable), será posible llamarlo santo. Nació de padres católicos, en Gudiña (Galicia, España). Su progenitor era campesino, ganadero, comerciante, y transportista en carreta; el tesón en el trabajo le generó vastos recursos. En su niñez, se formó en los principios cristianos; cuando terminó los estudios elementales, se marchó, con autorización de sus padres, a trabajar en otros lugares; así aplicó sus conocimientos de agricultura y ganadería, y de esta manera logró reunir la dote para sus dos hermanas, en 1517. Tiempo después, enterado de la próspera economía que sus paisanos obtenían trabajando en el Nuevo Mundo, se embarcó a la Nueva España y llegó a Veracruz en 1533, dos años más tarde se estableció en la ciudad de Puebla, para dedicarse al comercio. Era un hombre trabajador, de vastos recursos económicos, lo cual no obstó para que se conmoviera por la precaria situación de los campesinos de dicha ciudad, por lo que construyó un arado para ellos, el primero en la región, con el cual agilizaría la siembra y obtendrían mejores cosechas. Los adiestró para domar caballos y toros; construyendo las primeras carretas, les facilitó un medio de transporte. La historia de México reconoce la labor de Sebastián de Aparicio en la construcción de los primeros caminos carreteros del país, que llevaron a Puebla, Veracruz, Querétaro, Oaxaca y Zacatecas. Era rico, pero también generoso con los necesitados; en repetidas ocasiones demostró su amor y servicio al prójimo propiciando la edificación de escuelas de artesanías y albergues. En su época, las jóvenes solteras que no se casaban corrían el riesgo de dedicarse a la prostitución; por ello, contrajo nupcias con una humilde muchacha, previo acuerdo de permanecer castos los dos; este breve “enlace” terminó en 1573 con su viudez. Al paso del tiempo decidió consagrar su vida a Dios, por lo que donó parte de su fortuna a los naturales que lo rodeaban y otra a las religiosas clarisas, a quienes servía como portero y mandadero. A edad avanzada ingresó, en 1577, en la orden franciscana como terciario; vistió el hábito y profesó como hermano lego en la ciudad de México. Se le asignó el monasterio de Tecali, en Puebla, donde fue ejemplo de obediencia y humildad; realizaba labores de aseo, cocinero, hortelano y sacristán. Volvió a la ciudad de Puebla, donde sus hermanos espirituales fueron testigos de sus frecuentes éxtasis e innumerables hechos milagrosos, por los cuales era considerado taumaturgo. Su muerte acaeció en dicha ciudad, casi centenario. Su cuerpo, incorrupto desde 1602, se venera, en una urna de plata y cristal, en la capilla del templo de San Francisco (Calle 14 Oriente, 1009) a él dedicada, a donde llega un sin número de peregrinaciones. La comunicación de milagros realizados por su intercesión puede enviarse a la dirección antes dicha. Beatificado por Pío VI (1775-1799) en 1789. Iconografía de pie sobre una nube, con hábito mientras los ángeles lo conducen al cielo; abajo se ve una carreta y campesinos. Es eficaz protector de conductores de vehículos y caminantes.
Santos: Leandro de Sevilla, obispo; Néstor de Magydos mártir, y Porfirio de Gaza, obispo.
SAN NÉSTOR DE MAGYDOS, del griego, relativo a Neso, mitológico centauro (250). Mártir. Se desconocen datos de su vida anteriores al momento en que entregó su vida como testimonio de amor al Señor, nuestro Dios. Una feroz persecución contra los cristianos, por órdenes del emperador romano Cayo Mesio Decio (201?- 251), en la zona de lo que hoy es Turquía, llegó a la ciudad de Magydos (región de Panfília), donde era obispo este santo, quien permaneció en su diócesis y con sus feligreses, dando testimonio de su acendrada fe. Su juicio y martirio quedaron asentados en los documentos redactados por orden de Polio el irenarca (o magistrado destinado a cuidar de la paz y tranquilidad del pueblo), quien, dado el prestigio de que gozaba Néstor entre la población, lo hizo conducir ante el consejo de Magydos en Panfilia (Acta SS, febrero, t. III, p. 628) y lo trató con respeto. Así se narra en el documento citado su comparecencia: “Yo acato —responde Néstor— las órdenes del Rey de los cielos y a ellas me someto”. El irenarca, olvidando entonces la cortesía y recuperando su fanatismo pagano, se encolerizó: “Tú estás poseído del demonio”. Respondió Néstor: “Es cosa muy cierta, y reconocida tantas veces por los exorcistas, que sois vosotros los que adoráis a los demonios”. “Yo te haré confesar entre tormentos y ante el gobernador que son dioses y no demonios”. “¿A qué conduce amenazarme con tormentos? Yo sólo temo los castigos de Dios, pero no los tuyos ni los de tu juez. En los tormentos seguiré confesando mi fe siempre a Cristo, hijo de Dios vivo”. Luego de ser sometido a crueles tormentos, se le condenó a la crucifixión, tortura que sufrió con tal valor y fe que tanto cristianos como infieles se admiraron y arrodillaron ante la cruz. Iconografía: crucificado, con los atavíos propios de su jerarquía a sus pies.
Santos: Gabriel de la Dolorosa, religioso; Gregorio de Narek, monje, y Ana Line mártir.
SANTA ANA LINE, del hebreo, “la benéfica” (1601). Mártir. Oriunda de Dunmow (en Essex, Inglaterra), hija de padres seguidores de las doctrinas del francés Juan Calvino (1509-1564), quien apoyó la reforma protestante del alemán Martín Lutero (1483-1546). No se conocen particularidades de su vida anteriores a su juventud, época en la cual ella y su hermano Guillermo se convirtieron al catolicismo, hecho que los condujo a ser desheredados y expulsados de su hogar. Contrajo nupcias con un hombre también católico. Cierta ocasión, en 1586, mientras los dos participaban en la santa misa, el esposo fue arrestado y condenado a muerte; sin embargo, la condena le fue conmutada por el exilio permanente. Se le confinó a permanecer en Flandes, Bélgica, donde trabajó y envió dinero a su esposa hasta su fallecimiento (en 1594). Luego de esto, Ana quedó en la total miseria. Para sufragar sus gastos, en su condición de perseguida por ser católica, fue alojada como trabajadora doméstica en una casa de hospedaje para sacerdotes católicos establecida en Londres, Inglaterra, por el jesuita Juan Gerard; así obtuvo recursos y permaneció oculta de sus perseguidores. Tras siete años de calma, Iba descubierta y encerrada en la cárcel de Newgate. En un supuesto juicio, se le acusó de haber albergado a sacerdotes misioneros, razón por la cual fue condenada a la pena de muerte. Antes de morir, en la ciudad inglesa de Tyburn, dijo a la multitud que presenció su ejecución: “He sido condenada por haber concedido hospitalidad a un sacerdote católico; estoy tan lejos de arrepentirme que desearía con todo mi corazón haber hospedado a un millar en lugar de uno solo”. Pablo VI (1963-1978) la canonizó el 25 de octubre de 1970.
Santos: Román y Lupicino de Condat ermitaños, e Hilario I, papa. Beato Daniel Brottier, presbítero.
SANTOS ROMÁN Y LUPICINO DE CONDAT, del latín, “perteneciente a Roma” y “relativo al lobo”, respectivamente (siglo V). Ermitaños. Estos hermanos, de quienes no se conoce familia e infancia, vivían en Condat, Jura, territorio de Lyon, entre Francia y Suiza. Como eran piadosos cristianos, buscaron un sitio en la soledad para consagrarse a Dios; se establecieron en una región montañosa alejada del ruido. Su vida transcurrió en oración contemplativa, estudio y penitencia; su ejemplo de santidad les atrajo numerosos discípulos, a los cuales formaron en la cristiandad y la vida monástica. Propiciaron la construcción de varios monasterios, donde establecieron a sus discípulos, a los cuales dirigían una vez que éstos terminaran su preparación en el convento de Condat. El obispo san Hilario de Arles (5 de mayo) ordenó de sacerdote a Román hacia el año 444. Antiguas narraciones indican que Lupicino era de carácter severo e iracundo; en tanto que Román, quien fue dotado por Dios con el don de discernimiento, era apacible y comprensivo. Recorrieron su país en misión catequética y evangelizadora, hasta su muerte, acaecida en el monasterio de Condat Por su fama de santos, el pueblo comenzó a venerarlos. Iconografía: con túnica burda, propia de los ermitaños, dentro de una gruta en actitud orante. Román es invocado contra la ira.
Santos: Rufino de Aquilea, teólogo; Augusto Chapdelaine y compañeros, mártires, y Matilde Hackeborn, religiosa.
SANTA MATILDE HACKEBORN, del germánico, “poderosa en la batalla” (1240-1298). Religiosa. Nació en noble cuna en Turingia, Alemania. Se sabe de ella desde que ingresó a los siete años, en un colegio-convento de Spanheím, Alemania Aquí recibió educación y los hábitos. Fue directora del convento; por su formación, amplios conocimientos y cultura, desempeñó también diversos oficios: sacristana, bibliotecaria y primera voz del coro. En 1260 fue designada abadesa, a la temprana edad de diecinueve años; ocupó el cargo hasta su muerte. Plasmó su espiritualidad en numerosos escritos, entre los cuales destaca el Libro de la corriente de alabanza. Tuvo diversas experiencias místicas, en una de las cuales se le apareció la santísima Virgen. A su muerte, las religiosas del convento y el pueblo —testigos de su santidad, devoción y humildad—, iniciaron su veneración. Iconografía: con el hábito de su orden, arrodillada frente a la aparición de María santísima.